Ciudad de México.- En un revelador reportaje publicado hoy por The New York Times, se destapa una red de espionaje ruso que opera con aparente impunidad en territorio mexicano. La Agencia Central de Inteligencia (CIA) de Estados Unidos compiló una lista confidencial con más de dos docenas de presuntos agentes del GRU –el servicio de inteligencia militar de Rusia– que se infiltran como diplomáticos en la embajada rusa en Ciudad de México. Estos individuos, muchos de ellos expulsados previamente de Estados Unidos y Europa en 2022 por actividades encubiertas, fueron reubicados en México para eludir la vigilancia occidental y recopilar inteligencia sensible, según nueve funcionarios y exfuncionarios de ambos países consultados por la periodista Maria Abi-Habib.
La embajada rusa en la capital mexicana alberga a unos 85 diplomáticos, una cifra desproporcionada frente a los apenas 16 representantes mexicanos en Moscú, lo que facilita la discreción de estas operaciones. Fuentes de la CIA describen reuniones clandestinas en playas de Cancún o entre el bullicio turístico de la Ciudad de México, donde los espías transmiten datos recolectados en EE.UU. «La proximidad geográfica es clave para reclutar y manejar agentes», explica Duyane Norman, exjefe de operaciones de la CIA en Latinoamérica, quien advierte que México ofrece «mayor impunidad» al no contar con los sistemas de monitoreo tan avanzados como sus vecinos del norte.
Desde 2022, durante el sexenio de Andrés Manuel López Obrador, diplomáticos estadounidenses alertaron repetidamente a la Secretaría de Relaciones Exteriores (SRE) y al propio presidente sobre esta amenaza. En marzo de ese año, el general Kenneth McKenzie declaró públicamente que México se había convertido en un «refugio» para espías rusos, una afirmación que AMLO desestimó categóricamente: «No tenemos información sobre eso». Sin embargo, el Times revela que asesores presidenciales y el entonces canciller Marcelo Ebrard recibieron la lista detallada –con perfiles exhaustivos de operaciones pasadas en Europa y EE.UU.– pero la SRE la minimizó como «no representativa de un problema». Incluso solicitaron a México vigilar solicitantes de asilo rusos y reportar anomalías, sin éxito.
La inacción persiste bajo la administración de Claudia Sheinbaum, quien asumió el poder en octubre. Juan González, exdirector del Consejo de Seguridad Nacional de EE.UU., lamenta: «México ayudó, pero pudo hacer mucho más». Esta pasividad no solo expone vulnerabilidades en la soberanía mexicana, sino que amplifica la influencia rusa a través de desinformación en redes sociales y medios como RT y Sputnik, que siembran narrativas antiestadounidenses. Rusia niega las acusaciones, calificándolas de «infundadas», y resalta sus lazos bilaterales con México.
Este escándalo subraya tensiones geopolíticas en la era post-Ucrania: ¿prioriza México su neutralidad o arriesga su seguridad al ignorar aliados clave? Washington urge acción inmediata, pero la respuesta de Sheinbaum podría redefinir la relación bilateral. Mientras, los espías rusos continúan operando en las sombras, recordándonos que la Guerra Fría nunca terminó del todo.