El repliegue táctico de Andrea
La reactivación de la campaña política de la senadora con licencia Andrea Chávez Treviño ha dado un giro definitivo hacia el territorio donde las apuestas son reales. Tras concentrar sus esfuerzos en Ciudad Juárez, la legisladora inició el pasado sábado una intensa gira de campo que la ha llevado a caminar las calles de la Alta Vista, Senderos del Sol, Villa Esperanza o los Kilómetros, Juárez Nuevo, Aztecas, Manuel Valdez, Zaragoza y Praderas del Sauzal, para culminar el último viernes de este mes en la Galeana.
Este cambio radical en la estrategia territorial responde a una lectura fría del tablero interno: la versión cada vez más firme de que la línea nacional en Morena favorece a Cruz Pérez Cuéllar como virtual defensor de la Cuarta Transformación en la entidad. Ante este escenario, Andrea Chávez y su equipo han optado por volcarse hacia Juárez, plaza que representa la segunda posición política de mayor relevancia en el estado. Para la trayectoria de la senadora con licencia, amarrar ese bastión no es una derrota, sino un movimiento calculado donde el factor biológico juega enteramente a su favor. Chávez cuenta con el activo de la juventud y el margen del tiempo; podría prescindir de la postulación estatal en los próximos dos sexenios, buscar la gubernatura hasta el año 2039 y aun así llegar con una década menos de edad de la que hoy ostenta Pérez Cuéllar.
La percepción al interior del partido dominante es clara. La decisión de Palacio Nacional y de la dirigencia partidista ya ha comenzado a filtrarse en la conducta de los medios de comunicación nacionales afines a la causa gubernamental, donde la apertura hacia el alcalde juarense se ha vuelto cotidiana y el trato entrevistador destaca por su amabilidad y cortesía.
En la ecuación de Andrea Chávez influye de manera determinante la decisión de liderazgos como Ariadna Montiel y Citlalli Hernández de postergar las definiciones formales hasta el mes de diciembre. El objetivo explícito es ganar margen para limar las profundas asperezas territoriales y evitar una fractura expuesta en un estado marcado por la rispidez entre grupos. Aunque la negociación entre cúpulas parece abrirse paso para procesar las candidaturas, el reparto de costos ya empieza a dibujarse en la mesa: cuadros como Mayra Chávez y Juan Carlos Loera lucen como las piezas destinadas al sacrificio en aras de la unidad interna. Como en todo reacomodo político, solo el tiempo dirá si la retirada a la frontera se traduce en la consolidación de un feudo propio o en la aceptación silenciosa de la disciplina partidista.
Balazo en el pie de Bonilla
El 26 de noviembre del 2025 no fue la gobernadora Maru Campos quien se propinó un balazo en el pie, sino que decidió asestárselo directamente a las aspiraciones de Marco Antonio Bonilla Mendoza. En aquel momento, cruzada por un estado de ánimo complejo tras su reciente viudez y resentida por la inevitable pérdida de protagonismo frente al crecimiento político de quien fuera su alumno y subalterno, la mandataria reaccionó ante la independencia de un alcalde que dejaba de responder como su pupilo. En esa coyuntura emocional y de cálculo equivocado, despojó a Bonilla del mejor perfil que el PAN tenía para encarar la contienda en Ciudad Juárez: Sergio Nevárez Rodríguez.
La intempestiva salida de Nevárez de la Junta Municipal de Agua y Saneamiento (JMAS) resultó un movimiento tan incomprensible como torpe. Apenas semanas antes, el funcionario había demostrado una capacidad inédita de convocatoria en un encuentro organizado por Álvaro Bustillos Fuentes. En esa reunión se alineó un abanico político, empresarial y eclesiástico pocas veces visto, con el respaldo explícito de los exgobernadores Patricio Martínez, Reyes Baeza Terrazas y Fernando Baeza Meléndez. Días después, el propio Pancho Barrio difundió un video en redes sociales para sumarse de forma abierta al proyecto de Nevárez para la alcaldía juarense. A este cobijo se añadieron liderazgos empresariales de la talla de Pita de la Vega, la presencia de Adriana Terrazas y el respaldo de las cúpulas de las iglesias católica y cristianas de la frontera.
El peso de Nevárez no era solo simbólico. Las principales obras de infraestructura que la administración estatal puede exhibir en Ciudad Juárez corresponden a la gestión de casi 4 mil 500 millones de pesos lograda de manera directa por la JMAS bajo su mando. Prescindir de ese activo dejó al panismo fronterizo en una crisis severa de representación. Los perfiles que hoy se barajan carecen de empaque: el recaudador de rentas Raúl García mantiene un desempeño gris tras tres décadas en la función pública, mientras que Austria Galindo, pese a su linaje partidista, no logra alcanzar el tonelaje político que exige la contienda.
La ecuación para la gubernatura pasa de forma ineludible por Juárez. El PAN requiere un aspirante en la frontera capaz de rozar o superar los 200 mil votos; quedar rezagado en el piso histórico de 100 mil a 120 mil sufragios equivale a entregarle en bandeja de plata la gubernatura a Morena. Ante este escenario desolador, la única vía pragmática que le queda a la alianza oficialista es volver la mirada hacia Sergio Nevárez y articular la propuesta sobre los resultados tangibles de su paso por la JMAS.
El error cometido por la gobernadora, sumado a los desplantes de soberbia que recientemente le costaron la colaboración de cuadros como Rafael Loera y su esposa, Anya Trevizo, terminó por minar la estructura interna. Lo que en noviembre pareció una reafirmación de autoridad de la mandataria sobre su sucesor natural, hoy se perfila como la factura política que le está costando la gubernatura a Marco Bonilla.
Por supuesto que no existen los imprescindibles, si se voltea al pasado reciente es porque no se ve a nadie que pueda como alguna vez lo dijo Sergio Nevárez: “Perdiendo ganó”.
Clayton, mala nueva para Sheinbaum
El nombramiento de Jay Clayton como director de Inteligencia Nacional de los Estados Unidos escala a un nivel de máxima seguridad lo que comenzó como un expediente judicial en Nueva York, configurando un escenario de alta tensión diplomática que amenaza con hacer trastabillar la narrativa oficial construida en las conferencias mañaneras de Palacio Nacional.
La ratificación de Clayton al frente del organismo que coordina a las 18 agencias de seguridad estadounidenses —incluidas la CIA, la DEA, la NSA y el FBI— transforma por completo la relación bilateral. Clayton es el exfiscal del Distrito Sur de Nueva York que firmó la solicitud formal respaldada por un Gran Jurado para detener con fines de extradición a diez perfiles clave de Sinaloa, entre ellos el gobernador Rubén Rocha Moya, el senador Enrique Inzunza y mandos policiales en retiro, señalados por presunta colusión con el crimen organizado.
El movimiento en el gabinete estadounidense representa una complicación directa para la postura que asumió la presidenta Claudia Sheinbaum desde el inicio del diferendo. En su momento, la mandataria minimizó la solicitud al referirse a la Fiscalía del Distrito Sur como una «oficinita» y desestimar el documento de 34 páginas como una «hojita sin pruebas». Durante semanas, la consigna repetida desde el pódium matutino para no ejecutar la petición de Clayton y del Gran Jurado fue la constante exigencia de «pruebas, pruebas, pruebas».
Hoy, la paradoja geopolítica para el Gobierno mexicano es que la persona más adecuada para responder a esa exigencia de evidencias es justamente el nuevo director de Inteligencia Nacional. Clayton ya no dirige una fiscalía local, sino el aparato completo que procesa la información estratégica, los audios, los rastreos financieros y la vigilancia satelital de las 18 agencias de seguridad norteamericanas, con capacidad técnica de sobra para respaldar cada renglón del expediente.
Esta designación coloca a la presidenta Sheinbaum entre la espada de Washington y la pared de Palenque. Por un lado, la presión de la Casa Blanca para ejecutar las extradiciones y combatir el tráfico de drogas aumentará de forma drástica de la mano de un funcionario que conoce el caso al detalle; por el otro, la necesidad de mantener la disciplina interna y sostener los compromisos políticos del proyecto oficial reduce su margen de maniobra, dejando en evidencia la fragilidad de la narrativa matutina frente al peso del espionaje y la seguridad del país vecino.
