Andrea Chávez se repliega
La precampaña de Andrea Chávez rumbo a la gubernatura de Chihuahua cayó en un estado de parálisis innegable. Su presencia pública se sostiene casi de manera exclusiva a través de redes sociales con una publicación diaria, pero la calidad y frescura de los contenidos levanta sospechas sobre el uso constante de material de stock. En pleno julio, con temperaturas que superan holgadamente los 40 grados centígrados en la frontera, sus videos la muestran en supuestos recorridos territoriales portando chamarras ligeras, una vestimenta que también llevan las personas a las que se acerca en la calle. En esas entregas repite de memoria consignas contra el gobierno estatal, insistiendo en que los pitufos ya se van y que no volverán a robarse el presupuesto.
A estas contradicciones de vestimenta y clima se suman marcados descuidos en los tiempos de su vida personal. Tras presentar formalmente el nacimiento de su hijo Emiliano mediante un breve y cuidado video donde sus manos juguetean con las del recién nacido, días después reaparecieron en sus plataformas digitales videos donde su estado de gravidez resulta del todo inocultable. Este evidente repliegue y la falta de eventos reales en campo le dan sustento a los análisis de periodistas como Ricardo Alemán, quienes afirman que la senadora con licencia sabe de antemano que ha sido descartada por la cúpula nacional para abanderar la candidatura.
Quienes parecen no asimilar la situación son sus simpatizantes en la entidad. Mientras la estructura de Chávez permanece congelada, el alcalde Cruz Pérez Cuéllar despliega un activismo desbordado por todo el estado, recibiendo un trato abierto de precandidato en cada asamblea o reunión a la que asiste. Ante este panorama, diversos actores políticos locales, incluyendo legisladores y funcionarios de delegaciones federales afines originalmente al proyecto de la senadora, han comenzado a recalcular su futuro político para alinearse ante el eventual triunfo de Pérez Cuéllar en la contienda interna de Morena.
Frente a este escenario desfavorable, el repliegue de Andrea Chávez parece esconder una táctica de contención: dejar que sus seguidores mantengan la ofensiva mediática contra el alcalde fronterizo, apostando a que el peso de sus negativos obligue a reaccionar a figuras de la dirigencia nacional como Citlalli Hernández. No obstante, este cálculo choca de frente con la realidad del aparato partidista, donde la lideresa nacional de Morena, Ariadna Montiel, se mantiene firmemente comprometida con el proyecto político de Cruz Pérez Cuéllar rumbo a la gubernatura.
A cuidar las manos de los Pérez Cuéllar
En los mapas y proyecciones que maneja la dirigencia nacional del PAN de cara al proceso electoral de 2027, las gubernaturas de Aguascalientes y Querétaro aparecen pintadas con una cómoda y holgada sombra azul. En ambos estados, el panismo cuenta con una hegemonía territorial y una ventaja en las encuestas que les permite anticipar contiendas relativamente tranquilas. Sin embargo, la gran preocupación y el verdadero dolor de cabeza para el Comité Ejecutivo Nacional se localiza en Chihuahua, donde las tendencias presagian una batalla electoral sumamente apretada y de pronóstico reservado.
Conscientes de que Chihuahua es el estado donde tendrán que dar la gran pelea para conservar el gobierno estatal, en el CEN del PAN decidieron abandonar cualquier esquema de improvisación y desplegar a cuadros de amplia prueba operativa. La estrategia trazada desde la capital del país incluye dos nombramientos clave para blindar la entidad. Por un lado, se designó como delegado especial del CEN a Jorge Triana, vocero nacional del partido y experimentado legislador, quien tiene la encomienda de encabezar el contrapeso político, articular la narrativa mediática y coordinar los acuerdos entre los grupos locales.
Por otro lado, la tarea más pesada y de mayor filigrana técnica en el terreno fue confiada a Luis Olmedo Santiago, actual secretario de Elecciones del CEN. Olmedo fue enviado directamente a Ciudad Juárez con la responsabilidad personal de construir, capacitar y supervisar toda la infraestructura electoral que operará el primer domingo de junio.
El envío de Olmedo a la frontera no es un hecho fortuito. Refleja un diagnóstico certero por parte de la dirigencia nacional, donde reconocen que la dolorosa derrota sufrida en 2024 —cuando Cruz Pérez Cuéllar logró su reelección con una ventaja mucho mayor que la de su primer triunfo en 2021— obedeció en gran medida a la incapacidad del panismo juarense para cubrir las casillas y defender eficazmente el voto.
Fue precisamente la falta de representantes del PAN en las mesas de votación lo que abrió la puerta a fenómenos electorales inusitados en la frontera. El caso más evidente se registró en el distrito IV federal, donde la participación ciudadana tuvo un brinco sorpresivo al pasar de niveles inferiores al 40 por ciento a rebasar el 55 por ciento. En ese enclave, Alejandro Pérez Cuéllar ganó con un margen tan amplio de más de 170 mil votos que, de forma colateral, le permitió al Partido Verde recuperar su registro estatal perdido en los comicios de 2021.
En la lectura política del panismo nacional, este milagroso crecimiento de la votación ocurrió sencillamente porque no había ojos opositores vigilando el proceso. Ante casillas completamente desiertas de representación azul, los hermanos Pérez Cuéllar se sirvieron con la cuchara grande durante la jornada.
Decidido a que no se repitan estas anomalías ni vuelvan a surgir brotes repentinos de entusiasmo electoral en las urnas, el PAN se prepara con rigor. Luis Olmedo tiene la encomienda directa de garantizar que cada casilla de Juárez cuente con un representante capacitado que impida cualquier manipuleo de boletas y cuide de principio a fin los resultados de la elección.
¿Morenistas o oportunistas?
La reciente reunión convocada por Cruz Pérez Cuéllar en el Hotel San Francisco de la capital dejó al descubierto el pragmatismo que hoy mueve a Morena en Chihuahua. De los doscientos asistentes que acudieron al llamado del alcalde juarense, menos de la mitad pertenecía a la base de fundadores del partido. La gran mayoría la integraba una nutrida comitiva de arribistas que, al oler la posibilidad real de que el movimiento gane la gubernatura en 2027, decidieron subirse al barco con holgada anticipación.
El pase de lista en el recinto pareció más una pasarela del viejo régimen que un encuentro de la izquierda. Entre los pasillos desfilaron figuras de colmillo retorcido con pasado en el PRI, como Otto Valles, o del PAN, como Miguel LaTorre, rodeados de operados políticos que hasta hace muy poco combatían abiertamente las causas de la Cuarta Transformación. Para estos nuevos simpatizantes, la ideología pasó a segundo término; lo urgente era amarrar un lugar en la foto y asegurar espacio en el proyecto que hoy perciben como ganador.
Esta masa de conversos provocó una onda de choque inmediata entre la militancia histórica y los pocos fundadores presentes. Ver a personajes del priismo y del panismo tradicional acaparando reflectores y asientos de primera fila confirmó los peores temores de las bases: la pureza del movimiento y el trabajo de pie fueron desplazados por el cálculo electoral y la suma de estructuras del pasado.
El mensaje que dejó la cita en el San Francisco es contundente. Por un lado, Cruz Pérez Cuéllar demuestra su capacidad para sumar voluntades y construir una coalición amplia que rebasa las fronteras del partido. Por el otro, acelera el malestar de una militancia de cepa que observa con amargura cómo el partido en Chihuahua se convierte en una agencia de reciclaje político donde los últimos en llegar quieren ser los primeros en mandar.

