Cambridge, Massachusetts.- a administración de Donald Trump, Estados Unidos ha renunciado progresivamente al concepto de poder blando, priorizando la fuerza militar y la presión económica sobre la diplomacia y el atractivo cultural. Analistas y académicos como Stephen Walt, de la Universidad de Harvard, advierten que Washington ha sustituido la persuasión por el uso de la fuerza en más de media docena de países, incluyendo ataques contra presuntos narcotraficantes en el Caribe y el Pacífico, además de iniciar un conflicto con Irán bajo supuestos que hasta ahora no se han cumplido.
Esta estrategia de resultados rápidos y espectaculares a corto plazo ha provocado un deterioro en la imagen internacional de la nación. La estricta política migratoria, la presión sobre las universidades y el abandono de organizaciones internacionales contrastan con los éxitos históricos del país, como el Plan Marshall o la creación de la OTAN, los cuales se basaron en la legitimidad y el ejemplo. Según datos de Gallup, el índice de aprobación global de China ha superado al de Estados Unidos, registrando un 36 por ciento frente a un 31 por ciento en el último año.
Mientras Estados Unidos apuesta por el puño de hierro, China consolida su posición mediante la expansión tecnológica y comercial. El crecimiento de TikTok, la industria automotriz y la apertura de su modelo de inteligencia artificial DeepSeek han ampliado el atractivo del gigante asiático. Asimismo, Pekín ha implementado políticas de eliminación de aranceles para países africanos, una medida que choca frontalmente con la tendencia proteccionista de la Casa Blanca.
Expertos señalan que la rivalidad bilateral se centra ahora en quién definirá los estándares económicos y tecnológicos del futuro. La pérdida de influencia estadounidense se refleja incluso en mercados europeos, donde marcas de vehículos eléctricos chinos comienzan a ocupar el espacio de empresas emblemáticas como Tesla. Analistas como Gideon Rachman subrayan que, en esta competencia por moldear el sistema mundial, la imagen global de una nación es un activo estratégico que Washington parece estar dejando de lado.