En contraste, figuras de la oposición y algunos gobernadores de estados como Chihuahua, Tamaulipas y Coahuila han expresado reservas. Los reclamos se centran en la escasez crítica de agua que enfrentan estas regiones debido a sequías históricas. Argumentan que las entregas obligatorias podrían descapitalizar los distritos de riego locales, poniendo en riesgo el sustento de miles de productores mexicanos para satisfacer las demandas del Valle del Bajo Río Grande en Texas.
Organizaciones civiles y expertos en gestión del agua han cuestionado la sostenibilidad de cumplir con una «deuda hídrica» en un contexto de cambio climático. Mientras el gobierno presenta el acuerdo como una victoria diplomática que estabiliza la relación comercial, sectores del norte perciben la medida como una cesión ante la presión externa que posterga una solución técnica de fondo para la cuenca del Río Bravo.



