Sofía, Bulgaria.- En un giro dramático que sacude los Balcanes, el primer ministro búlgaro Rosen Zheliazkov anunció este jueves la dimisión irrevocable de su gabinete, cediendo ante una ola de protestas masivas que han paralizado el país durante semanas. La renuncia, presentada minutos antes de una moción de censura en el Parlamento, llega apenas 20 días antes de que Bulgaria adopte el euro, sumiendo al país en una crisis política que amenaza su frágil estabilidad.
Las manifestaciones, que el miércoles reunieron a decenas de miles en la plaza central de Sofía y en docenas de ciudades como Plovdiv y Varna, estallaron contra el proyecto de presupuestos para 2026. Este plan, criticado por incluir subidas de impuestos, mayor endeudamiento y un gasto público opaco, fue visto como un intento de perpetuar la corrupción endémica que asfixia a la UE más pobre.
«¡Dimisión! ¡Peevski y Borissov fuera del poder!», coreaban los manifestantes, alzando antorchas de móviles y caricaturas de políticos, en alusión al oligarca Delyan Peevski y al ex primer ministro Boyko Borissov, figuras clave del partido GERB.
Desde octubre de 2024, Bulgaria ha padecido seis elecciones en tres años, con un gobierno de coalición minoritaria formado en enero de 2025 tras el triunfo de GERB. Esta inestabilidad, agravada por informes de la Comisión Europea que denuncian baja independencia judicial y una estrategia anticorrupción «limitada», ha erosionado la confianza ciudadana. Jóvenes, mayores y minorías étnicas se unieron en las calles, exigiendo no solo la salida de Zheliazkov –el sexto premier en cinco años–, sino un cambio sistémico.
En un discurso televisado ante la Asamblea Nacional, Zheliazkov reconoció: «Escuchamos la voz de la ciudadanía. Sus demandas son la renuncia del Gobierno. Esta energía cívica debe ser apoyada». Admitió fallos en la comunicación del presupuesto, enfocado en protección social, pero negó arrogancia. El presidente Rumen Radev, quien respaldó las protestas la semana pasada, convocará ahora a partidos para formar un nuevo Ejecutivo; de fallar, se anticipan elecciones.
Analistas advierten riesgos: la adopción del euro el 1 de enero no parece en peligro, pero la incertidumbre podría disparar precios y frenar reformas. «Es un grito contra la vanidad política», dice un manifestante en Sofía. Europa observa: ¿caerá la élite corrupta o se repetirá el ciclo? Mientras, las calles búlgaras palpitan con esperanza y temor.
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