Cumbre de realpolitik en Morena
Una cumbre de puro pragmatismo y cálculo de poder tuvo lugar en las oficinas del Comité Ejecutivo Nacional de Morena. Convocada por la secretaria general del partido y coordinadora del proceso interno de elección de coordinadores, Citlalli Hernández, la mesa reunió a los actores que disputan el control político del estado de Chihuahua. Bajo el ropaje de la definición del Defensor o Defensora de la Cuarta Transformación —ese eufemismo institucional diseñado para adelantar los tiempos electorales sin violar formalmente la ley—, la reunión expuso las grietas, las alianzas y las tensiones que amenazan con fracturar al movimiento en el norte del país.
Junto a ellos estuvo también el profesor Martín Chaparro Payán, exdirigente estatal del partido, cuya presencia respondió más a una cortesía institucional tras haber formalizado su registro que a un peso real en la contienda. Chaparro figuró como un testigo de piedra en una mesa donde las decisiones de fondo se toman en otra frecuencia; para él, el premio de consolación parece perfilado hacia una candidatura a diputado federal, muy probablemente por la vía de la representación proporcional, dado que su perfil no ofrece la tracción electoral que requiere una candidatura de mayoría frente al panismo. De hecho, la propia figura de Chaparro guarda un vínculo directo con la alcaldía de Juárez, donde asumió como suplente en la planilla de Pérez Cuéllar, un detalle que añade peso a los reacomodos dentro de esa misma plaza municipal.
Llegaron con padrinos
El verdadero peso de la reunión radicó en los acompañantes. En una mesa donde se negociaba el futuro de un estado, los tutores políticos y padrinos de los aspirantes enviaron señales inequívocas del mapa de alianzas en el Altiplano. Por el lado de Cruz Pérez Cuéllar, la presencia del coordinador de la bancada guinda en la Cámara de Diputados, Ricardo Monreal Ávila, confirmó el respaldo del zacatecano hacia el edil juarense. Monreal opera como el principal escudero y tutor político de Pérez Cuéllar en la Ciudad de México, garantizando que la estructura territorial y el pragmatismo del alcalde no sean desplazados de forma arbitraria por la burocracia del partido.
En el flanco opuesto, la composición de la mesa dejó entrever los matices de la diplomacia interna. Para alivio y tranquilidad de Andrea Chávez, su padrino político de fondo, el senador Adán Augusto López Hernández, optó por no asistir de forma directa para evitar un choque frontal de liderazgos de primer nivel en la mesa. En su lugar envió al diputado federal Sergio Gutiérrez Luna, figura cercana al exsecretario de Gobernación desde la contienda interna de las corcholatas presidenciales. La presencia de Gutiérrez Luna —conocido en los pasillos de San Lázaro por su estilo ostentoso y por ser esposo de la diputada Diana Karina Barreras, envuelta en litigios de violencia política de género que han mantenido a su entorno bajo el escrutinio público— funcionó como el contrapeso necesario para marcar la cercanía del grupo tabasqueño con la causa de la senadora con licencia.
Control de daños en Chihuahua
La cumbre en el CEN ocurre en un momento crítico. La polarización interna en Chihuahua ha alcanzado niveles de alerta roja para la dirigencia nacional. Sin embargo, la lectura que circula en los pasillos del partido muestra un divorcio entre los números de las encuestas y la percepción de las decisiones tomadas en el poder central. Mientras que diversos estudios de opinión y medición de atributo posicionan a Andrea Chávez con una ventaja sustancial frente a Pérez Cuéllar en la aceptación de la militancia de base, los movimientos en la cúpula sugieren un escenario muy distinto.
Entre los operadores de Morena en la entidad se percibe que la línea ya ha sido trazada. La influencia de la dirigencia nacional, encabezada por la presidenta del partido, Ariadna Montiel Reyes, parece inclinarse decididamente en favor de la estructura y el control territorial que representa Cruz Pérez Cuéllar. La cargada a favor del edil con licencia empieza a sentirse en las estructuras operativas y entre los cuadros de dirigencia local, donde las instrucciones parecen orientadas a consolidar la opción pragmática por encima del perfil ideológico. No se descarta que la propia Citlalli Hernández cuente con valoraciones directas desde el Ejecutivo federal para encauzar el proceso en esa dirección, argumentando la necesidad de asegurar el triunfo en el estado mediante la capacidad financiera y de movilización que ofrece el principal bastión del partido en la entidad: Ciudad Juárez, una plaza que lejos de ser hostil para Morena, representa el gran motor electoral de la izquierda en la frontera norte.
Respaldos reales y fuego amigo
Esta estrategia de la cúpula choca frontalmente con una realidad incómoda para las operadoras del partido en la capital. Andrea Chávez goza a nivel estatal de un respaldo orgánico y auténtico que difícilmente se puede fabricar por consigna partidista. La senadora con licencia no solo cuenta con la simpatía de los sectores fundadores de Morena —que ven en Pérez Cuéllar a un perfil ajeno proveniente del panismo y del pragmatismo de mercado—, sino también con una aceptación natural entre sectores amplios de la ciudadanía. Chávez ha demostrado una capacidad de conexión rápida y efectiva con el electorado, un atributo comunicacional que contrasta con la figura más desgastada del edil juarense.
Ante la inminencia de una decisión inclinada hacia el grupo de Pérez Cuéllar, los sectores más recalcitrantes de la oposición interna contra el alcalde han intensificado las campañas de fuego amigo. Los señalamientos por el manejo de contratos públicos en Juárez, el origen de los recursos de precampaña y las descalificaciones mutuas amenazan con dejar un campo minado para quien resulte abanderado. La polarización ha llegado a tal grado que en el entorno cercano a Andrea Chávez ya se sopesan escenarios de control de daños. En ese círculo no se ve con malos ojos un eventual arreglo que contemple la candidatura a la alcaldía de Ciudad Juárez para la senadora con licencia; un territorio altamente receptivo para la marca Morena donde el triunfo se considera prácticamente asegurado, a diferencia de una contienda estatal contra la estructura del gobierno del estado que encabeza el PAN, la cual se avizora compleja y de pronóstico reservado.
Apuesta total hasta el final
Pese a esos cálculos de pragmatismo defensivo, el discurso y la actitud pública de Andrea Chávez se mantienen en la lógica del todo o nada. La senadora con licencia no ha dado muestras de aflojar el paso ni de aceptar una salida decorosa por anticipado. En los últimos días ha volcado su agenda de trabajo directamente sobre las colonias populares de Ciudad Juárez, caminando el territorio del propio Pérez Cuéllar y mandando el mensaje explícito de que su aspiración a la gubernatura va en serio hasta sus últimas consecuencias.
La reunión en el CEN de Morena dejó claro que la carrera por Chihuahua no se resolverá únicamente mediante cuestionarios de opinión pública. Es un juego de fuerzas donde el peso de los padrinos en el Altiplano, el control de las estructuras gubernamentales y la capacidad de contener una estampida militante determinarán si el partido guinda llega unido a la contienda estatal o si el costo de imponer la realpolitik termina por comprometer la competitividad del movimiento en el norte.
