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Clipperton

José Luis Muñoz Pérez Texto: José Luis Muñoz Pérez
22 agosto, 2025
en > Efemérides
Tiempo de Lectura: 70 minutos
Portada Efemérides
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Investigación y texto de José Luis Muñoz Pérez

Para mi hijo Daniel Muñoz Chávez y su

desde hoy esposa Mayra Lorena Vera González

con mis mejores deseos para una

larga vida plena de Amor, Felicidad y Alegría

 

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Un día como hoy 23 de agosto, pero en 1917, Alicia Rovira viuda de Arnaud, una de las víctimas sobrevivientes del trágico y desalmado abandono en la remota, inhóspita y aun mexicana Isla de Clipperton llegó de regreso a Orizaba luego de ser rescatada junto con 3 mujeres y 7 menores por un buque norteamericano después que el gobierno carrancista se negó a salvarlos durante 3 años. En ese lapso vio morir a su marido y a más de 20 hombres, mujeres y niños, víctimas del cruel desamparo, cuyas vidas a Venustiano Carranza le importaron menos que un bledo, a pesar de ser militares en misión oficial.

Venustiano Carranza en 1915, año en que se negó a salvar a los mexicanos abandonados en Clipperton

En la efeméride de hoy nos asomaremos a la increíble, dramática y vergonzosa historia de mexicanos que vivieron, nacieron y murieron en la diminuta isla desde finales del XIX a principios del XX. Una historia que parece de novela o de película, pero que fue tan real como dolorosa. También echaremos un ojo a la historia de su disputa internacional y cómo México la perdió insospechadamente.
Yo visité Clipperton en 1977. Es un atolón, o isla madrepórica, es decir coralina, igual que varias en el inmenso Océano Pacífico, de sólo seis kilómetros de largo por dos de ancho en su parte más amplia, visible como una pequeña franja circular de arena de unos 11 kilómetros de línea costera que rodea lo que fue la boca de un volcán submarino devenida en una laguna de aguas sulfurosas, ácidas y hediondas, contaminada durante siglos y siglos por el excremento de millones de pájaros bobos, que abarca casi el 90 por ciento de la isla. Se le considera el hábitat de la mayor concentración en el mundo de estas aves de plumaje vibrante. Está rodeada por 2 hermosos y coloridos arrecifes de coral que dificultan su acceso. A través de los siglos se ha llamado también Médano -originalmente- y De la Pasión, antes que Clipperton. En total el islote mide menos de 6 kilómetros cuadrados, unas 120 veces el zócalo de la Ciudad de México, de los cuales solo 3 son tierra o, mejor dicho, arena o sedimentos de coral. La costa más cercana está a mil 18 kilómetros, en Playa la Llorona, Municipio de Aquila, Michoacán. Se posiciona a 10 grados 19 minutos al norte del ecuador, aproximadamente la latitud de la frontera entre Nicaragua y Costa Rica, a 2 mil 400 kilómetros al oeste de la frontera entre ambos países; a mil 200 kilómetros al suroeste de Acapulco y a mil 931 de Manzanillo.

Ha sido refugio y escondite de piratas, codiciado yacimiento de fertilizantes, sede de un destacamento militar y familiar mexicano, territorio invadido por Estados Unidos en la segunda guerra mundial y sitio de una pretendida pero frustrada base aérea norteamericana; escenario de homicidios, enfermedad y muerte, y motivo de disputas diplomáticas; ha cautivado a historiadores, internacionalistas, especialistas del derecho, biólogos, navegantes, exploradores y literatos, y hoy es un deplorable basurero que esconde una incalculable y moderna riqueza revelada por una científica mexicana.
Actualmente es propiedad de Francia, aunque nunca en la historia ha vivido ahí ningún francés, ni por accidente.
Fue de México, desde que México es México; y antes, del Reino de la Nueva España, pero la perdimos en 1931 por una injusta decisión del Rey de Italia Vittorio Emmanuel III, quien cometió la barbaridad de emitir un absurdo laudo a favor de Francia, muy probablemente por presión del odiado Benito Mussolini.
Pero vayamos por partes, de tiempos remotos a la actualidad.

El explorador Hernando de Magallanes y sus barcas.

Muy probablemente los primeros humanos que vieron Clipperton en la historia fueron Fernão de Magalhães, -castellanizado Hernando de Magallanes- y quienes lo acompañaban en su odisea, cruzando en el año 1520 un inexplorado océano al que bautizó como “Pacífico” porque en las primera semanas de su trayecto frente a las costas de lo que hoy es Chile no soplaba el viento, haciendo desesperantemente lenta su travesía, sin imaginar que en otras estaciones del año es tremendamente violento. Como todos sabemos, ya en septiembre de 1513 Vasco Núñez de Balboa lo había encontrado cruzando Panamá y bautizado como Mar del Sur, tomando “posesión” de él en nombre de la Reina Juana -la loca- y de su hijo el rey Carlos. Al paso de los años se le llegó a llamar “lago español”, cuando lo señoreaban las flotas del rey en cuyos dominios jamás se ocultaba el sol. Vieron Magallanes y los suyos a la isla desde unos 7 u 8 kilómetros de distancia, tan insignificante y desierta, que pasaron de largo porque su meta era llegar a “la especiaría” es decir las Islas Molucas, donde se producían las especias que ambicionaban. Aunque no le dieron importancia tomaron nota de su existencia. Fue esa la primera expedición que dio la vuelta al mundo, saliendo de España rumbo al oeste el 20 de septiembre de 1519 y retornando al mismo punto por el este el 6 de septiembre de 1522, después de costear Sudamérica, parte de Asia y África.

Álvaro de Saavedra. Él o Magallanes dieron a la isla su primer nombre: «Médano».

En 1526 el rey Carlos I y emperador Carlos V envió una orden a Hernán Cortés indicándole que cambiara sus planes de explorar las costas novohispanas del llamado Mar del Sur o Pacífico, y que los barcos que estaba equipando no fueran empleados en esa misión sino inmediatamente enviados a la región de las islas Molucas con el fin de encontrar a la nave Trinidad, que bajo el mando de Gonzalo Gómez de Espinosa viajó con Magallanes a aquellas tierras y no había regresado, y para saber qué había pasado con la expedición de García Jofre de Loaísa (1525) y la de Sebastián Caboto (1526-1530), además de verificar la existencia de alguna otra isla y si tenía especias u otras riquezas. Múltiples encomiendas para un viaje a lo aún desconocido.
La carta con la orden, fechada en Granada el 20 de junio de 1526, dice:
Que “dos de las dichas carabelas o una de ellas con un bergantín o como mejor os pareciese… vayan en demanda de las dichas islas del Moluco hasta hallar (a) nuestras gentes que en ellas están”.
Hernán Cortés encargó a su primo Álvaro Saavedra y Cerón que se hiciera cargo de esa expedición. El 31 de octubre de 1527 zarparon de Zihuatanejo las naves Florida, Espíritu Santo y Santiago, con ciento diez hombres a bordo y el 15 de noviembre avistaron Clipperton. Fue la primera expedición desde los puertos novohispanos de varias que lograrían trazar la ruta de la colonización de las Islas Filipinas, iniciada en 1565, cuando el explorador español Miguel López de Legazpi estableció el primer asentamiento español en la Isla de Cebú, una de las 7 mil 641 que conforman el archipiélago.
Aunque Saavedra murió en la mar, al norte del Atolón Enewetak a principios del verano de 1529, sus hombres cartografiaron la existencia de Clipperton y muchos historiadores lo consideran el auténtico “descubridor”. No se sabe cuál, pero uno de los dos, Magallanes o Saavedra, la nombró Médano -del árabe hispánico Maydán, explanada de arena- denominación que trascendió alternativamente hasta nuestros días. Desde entonces no sólo aparecía en las cartas españolas, sino en 1641 también se le incluyó en un atlas portugués con el intrascendente nombre de Farallón Blanco.

James Cook, no fue el primer europeo en llegar a Hawai.

Entre paréntesis, el primer avistamiento y visita al archipiélago hawaiano por europeos ha venido atribuyéndose de manera “oficial” al navegante británico James Cook, en el curso del tercero y último de sus grandes viajes en 1778. Pero desde mediados del siglo XVI, en gran número de mapas y de cartas náuticas de la región entre las costas de California y el conjunto de las Islas Marianas, en latitud aproximada de 20°, se representa un grupo de islas, con nombres como Los Monjes, La Vecina y La Desgraciada, que sólo puede corresponder a las de Hawáii. En 1734, cuando James Cook aún era un niño, el español Joseph González Cabrera y Bueno, en su obra Navegación especulativa y práctica, situaba Los Monjes prácticamente en las mismas coordenadas que ocupan las Hawáii. Hay un viejo y famoso relato hawaiano que describe a los hombres blancos que llegaron a las islas muchas generaciones antes, y que fueron recibidos por el jefe Wakalana. Es posible que estos visitantes fueran miembros de la tripulación de Álvaro de Saavedra. Así, Los exploradores españoles habrían llegado a las islas de Hawáii dos siglos antes de la primera visita registrada del capitán Cook.
En 1565 dio comienzo la travesía de la llamada ruta de la Nao de China también denominada con mayor precisión El Galeón de Manila, entre Acapulco y Filipinas, luego de que Andrés de Urdaneta, que había navegado con Juan Sebastián de Elcano, y que había tomado los hábitos de fraile agustino, encontró la ruta de regreso de las Filipinas a La Nueva España, es decir, una corriente de viento que sopla en dirección de Asia a América y que se convirtió en “autopista” marina estableciendo el trayecto de retorno. Fue esta una empresa comercial altamente redituable que prácticamente enlazaba 3 continentes, Asia, América y Europa. Traía de Filipinas a Acapulco mercancías procedentes de ese país, de China y de otras regiones asiáticas. Algunas se vendían en el gran mercado de El Parián, -vocablo en tágalo que significa mercado, réplica del de Manila administrado por chinos migrantes del que tomó su nombre- ubicado en lo que hoy es el Zócalo de la

Rutas de ida y vuelta del Galeón de Manila, de Acapulco a Filipinas y su continuación de Veracruz a Cádiz.

Ciudad de México; y otras cruzaban el país por tierra para zarpar de Veracruz a Sevilla y viceversa: la travesía también llevaba mercancías de Europa y de la Nueva España a las Filipinas, entre otros el chile mexicano que llegó a China, Corea, Thailandia y otras naciones y tuvo gran aceptación en la cocina asiática. Este servicio comercial se realizaba una o dos veces al año, y el trayecto, incluyendo una escala en Guam, solía durar aproximadamente tres meses. La Nao de China fue una de las rutas comerciales más largas y lucrativas de la historia y permaneció funcionando durante dos siglos y medio. Los enormes barcos llenos de valiosas mercancías pasaban muy cerca de la isla que en los mapas del siglo XVI aparecía como Médano o Médanos.
Fue en 1704-1705 cuando

Aunque nunca se le realizó un retrato en vida, se hizo famosa esta imagen como el rostro de Clipperton.

el pirata irlandés John Clipperton, nacido en Norfolk en 1676, operó asiduamente en el Océano Pacífico atracando las embarcaciones que hacían ese recorrido. Entonces encontró la isla durante una de sus huidas y decidió tomarla como escondite y base de sus fechorías. Clipperton desconocía o simplemente decidió ignorar que España ya había registrado la isla y le había dado nombre. Para sus fines era algo irrelevante. Entre los navegantes comerciales se hizo famosa la advertencia “cuidado con Clipperton”, refiriéndose al pirata, pero pronto se identificó a la isla con el nombre del temido corsario.
Con ese poder de referencia el nombre Clipperton fue desplazando al de Médanos en el léxico marítimo, salvo en algunos mapas españoles.

El navegante francés Michel Dubocage la bautizó como Isla de la Pasión, pues la avistó un viernes santo.

En 1711 los veleros franceses La Princesse y La Découverte, al mando de Martin de Chassiron y de Michel Dubocage, respectivamente, también creyeron haber “descubierto” la isla y Dubocage la bautizó Île de la Passion, ya que fue divisada el Viernes Santo, día de La Pasión de Cristo. Nunca la pisaron, pues aunque Dubocage intentó desembarcar, no pudo. Rodeada de anillos de coral y filosas rocas de origen volcánico no es de fácil acceso, sino todo lo contrario. Lo prueban los diversos encallamientos y múltiples accidentes sucedidos en el intento:
“Nadie desembarca cómodamente en Clipperton, todo mundo se estrella”, dice la bióloga mexicana Vivianne Solis-Weiss, quien la conoce bien.
Yo personalmente tuve mucha suerte. No iba a eso, sino con un grupo de científicos a ver un eclipse total de sol apreciable el 12 de octubre de 1977 en una franja entre la Isla Socorro de las Revillagigedo y Clipperton, pero gracias al excepcional buen clima con mar calma de aquel día, pude arribar a ella. Aunque la balsa de goma en que descendí del barco no se acercó a la playa para evitar que fuese dañada, llegué a nado y caminando sobre el suelo marino entre uno y otro anillos de coral, sincronizándome cuidadosamente con el vaivén de las olas y sin sufrir ningún rasguño. La recorrí

Mapa de los principales naufragios y encallamientos en Clipperton.

durante un par de horas, pues tenía estricto límite de tiempo. Encontré chatarra de vehículos militares, casquillos de bala de metralla, una botella vacía con la leyenda grabada “vino D Italia” que me traje como recuerdo junto con un coco que aún conservo. En ese entonces era reportero de El Sol de México y cuando se publicó mi relato recibí un telegrama de uno de los dos únicos seres humanos nativos de la isla, Don Ramón Arnaud Rovira, que entonces tenía 68 años, y consecuentemente nos reunimos un par de ocasiones, la primera en el Samborn´s de Miguel Ángel de Quevedo y la segunda en casa de su hija en San Ángel. Don Ramón y su malogrado hermanito Ángel fueron las únicas personas que nacieron en Clipperton, hijos del Capitán Arnaud y de su esposa. Conversamos ampliamente. Por cierto, entre muchos detalles, nos dio gusto y reforzó la mutua simpatía enterarnos que ambos, él y yo nacimos un 29 de junio. Desde entonces soy constante aficionado a Clipperton y su historia. Don Ramón falleció en la ciudad de México en la casa de su hija en plena paz y rodeado de amor fraterno en 1997

Mi nieta Amelia nos muestra el coco que traje de Clipperton hace 48 años.

El barco en el que se realizó la expedición que me llevó a Clipperton llamado Transporte Usumacinta había participado en la Segunda Guerra Mundial y estaba dotado de 6 cañones, 4 ligeros y 2 mayores, ya inactivos. Nunca más tuve oportunidad de hacer el amor en un buque de guerra bajo un cañón. El equipo de científicos procedentes de 8 o 9 países que salió en persecución del eclipse en altamar fue liderado por el mexicano Jorge Ochoa Ruiz, coordinador del Seminario de Cultura Mexicana, en su corresponsalía de Manzanillo, Colima, y por un Ingeniero de apellido Flores, maestro del Instituto de Astronomía y Meteorología de la Universidad de Colima. Por lo menos 12 de los científicos mexicanos 8 hombres y 4 mujeres, eran docentes o investigadores de la UNAM y del Instituto Politécnico Nacional. Zarpamos de Manzanillo el 8 de octubre.
Poco antes del amanecer del día 11 me percaté que el Usumacinta no transitaba en línea recta, sino en ruta giratoria. Me levanté y me dirigí al puente de mando donde el piloto me informó que estábamos “a la vuelta y vuelta” de la Isla de Clipperton, haciendo cálculos atmosféricos que nos permitieran ubicar un punto en el que las nubes no nos estorbaran la visibilidad del eclipse el día siguiente. Un grupo de delfines nos acompañaba como dándonos la bienvenida. Aunque carecíamos de permiso para descender, mi insistencia fue tal que 3 horas después, a eso de las 8 de la mañana, el capitán accedió. Es sin duda una experiencia

Franja donde fue visible el eclipse solar del 12 de octubre de 1977. Lo apreciamos desde la posición marcada con el asterisco rojo.

inolvidable. Fui el primer periodista en llegar a Clipperton, lo que no constituyó ninguna relevancia hasta que el mundialmente famoso Jaques Cousteau se convirtió en el segundo, sin opción para reclamar la primicia.
El viaje científico fue un gran éxito porque los viajeros del Usumacinta fuimos de las pocas personas en el mundo que pudimos observar ese eclipse, junto con otra expedición patrocinada por la National Geographic igualmente al Oceano Pacífico, pues aun cuando se esperaba ver el fenómeno también desde Colombia y Venezuela el cielo nublado allá no lo permitió. Los científicos con quienes viajé pudieron registrarlo con gran detalle y fotografiarlo a placer. Ocurrió en el nodo ascendente de la órbita de la Luna con una magnitud de 1.0269, aproximadamente 2,6 días antes del perigeo (registrado el 15 de octubre a las 10:00 UTC) lo que realzó su

Foto de ese eclipse tomada por mi compañero Carlos Macías, de El Sol de México.

espectacularidad porque el diámetro aparente de la Luna era mayor que el del sol, proyectando una enigmática sombra ploma sobre la superficie marina. Gracias al equipo e instrumentos que llevaron pudieron medir la radiación solar y terrestre y grabar el evento en diferentes longitudes de onda, para un análisis exhaustivo de la atmósfera solar y terrestre. Por supuesto entrar en detalle amerita otra efeméride.
Al regreso, después de ver el eclipse pasamos por la Isla Socorro, del archipiélago de Revillagigedo, donde el jefe de la guarnición militar nos ofreció un espléndido banquete con barbacoa de borrego salvaje, especie protegida y abundante allí, preparada en un hoyo, y de langostas asadas recién capturadas a mano por un teniente al que le faltaba un ojo que alguna vez le sacó precisamente un crustáceo. Como en Socorro radica una base militar de la Armada de México están restringidos los disparos con armas de fuego, el teniente cazaba los borregos persiguiéndolos en una motocicleta a campo traviesa y se abalanzaba sobre ellos. Peliculesco el hombre.
Pero continuemos con la fascinante historia de la Isla de Clipperton, que ciertamente debiera llamarse así, con la preposición “De” indicativa de pertenencia, pues el nombre se le otorgó por ser el escondite del pirata.
Durante el resto del siglo XVI, el XVII y el XVIII, nadie le dio la menor importancia a la Isla de la Pasión.

Humboldt le informó al mundo occidental las propiedades fertilizantes del guano peruano.

Sin embargo, en 1803 el sabio alemán Alexander Von Humboldt observó durante su viaje a Sudamérica que los naturales de Perú usaban excremento de pájaros como fertilizante para sus siembras en las desérticas tierras costeras, con sorprendentes resultados, y le llamaban en quechua wánu, que él tradujo como abono. Impresionado por las exuberantes plantas que se lograban en el suelo árido y sabio como era, recogió muestras del wánu y las envió a Francia para su análisis. El resultado reveló un rico contenido de nitrógeno, fósforo y potasio, los principales nutrientes junto con la luz del sol que los vegetales necesitan para su crecimiento: del 11 al 16 por ciento de nitrógeno, del 8 al 12 de ácido fosfórico y del 6 al 9 por ciento de potasa.
El guano que usaban los indígenas peruanos provenía de las islas Chincha, localizadas a 21 kilómetros de la costa, frente a la actual ciudad de Pisco. Las islas del Pacífico peruano eran y aún son excepcionalmente ricas en guano porque en ellas anidan millones de gaviotas, pelícanos, cormoranes guanay, alcatraces y otras aves marinas que se dan verdaderos festines con los enormes bancos de anchovetas que pueblan aquellas aguas, gracias a la presencia de la fría corriente procedente de oriente que también identificó Humboldt y se le conoce con su nombre. Ese guano era el de mejor calidad en todo el mundo, porque en aquella desértica región las lluvias son excepcionales, y la precipitación pluvial empobrece el guano al arrebatarle su nitrógeno.
Fue necesario el retorno de Humboldt a Europa después de visitar México, Cuba y los Estados Unidos para que la revelación se tornara

Una de las Islas Chincha, cubierta de guano de gaviotas, pelicanos, cormoranes guanay, alcatraces y otras aves que se alimentan de anchovetas.

relevante y otras décadas para que iniciara su aprovechamiento. Cuando en los muelles de la ciudad inglesa de Southampton comenzó la descarga del primer cargamento de guano que llegaba del Perú, el hedor que desprendía fue tal que muchos habitantes de la ciudad huyeron a las colinas. Corría el año 1840 y aquel aroma pestilente marcó el comienzo de la fabulosa “era del guano”, que insuflaría un renovado vigor a la agricultura en Europa y los Estados Unidos, y constituiría un fabuloso negocio capaz de alimentar a una población urbana que crecía exponencialmente.
Los experimentos realizados en 1840 en Gran Bretaña demostraron que el guano de Perú era muy superior al estiércol de cuadrúpedos usado tradicionalmente como abono, pues permitía hasta triplicar la abundancia de las cosechas y el Estado peruano, propietario del recurso, cedió su explotación y comercialización a empresarios británicos, peruanos y franceses, a cambio de parte de los beneficios. Lo compraban por doce libras la tonelada ya generando una utilidad a los extractores primarios, y lo vendían al doble, convirtiendo al guano en una mercancía equivalente al oro: un cargamento reportaba a los vendedores 100 mil libras de beneficio, una fortuna para la época. De la década de 1840 a la de 1870 se exportaron casi once millones de toneladas de guano desde Perú, por valor de más de cien millones de libras esterlinas.
El guano era tan tentador que España ocupó las islas Chincha en 1864 como un medio para cobrarse lo que, según sostenía, le adeudaba Perú desde su independencia; siguió una guerra que no se zanjó hasta 1871. Pero el guano de las Chincha se agotaba y comenzó la explotación del salitre, un nitrato en el que eran ricas las desérticas tierras fronterizas de Perú, Bolivia y Chile; este último luchó contra los otros dos países en la guerra del Pacífico (1879-1883) y les arrebató los salitrales, dejando a Bolivia sin salida al mar.

Mapa de la Nueva España en el que aparecen ls islas de Clipperton y Socorro.

Por supuesto, no faltaron sagaces emprendedores en busca de guano alrededor del mundo. Tampoco tardó en conocerse la noticia de que Clipperton era una bandeja rebosante del apetitoso excremento de aves.
Desde 1821, fecha de la independencia y por tanto de la fundación de México, como indican los primeros documentos legislativos mexicanos, el territorio nacional comprendía las porciones de tierra antes identificadas como pertenecientes a la Nueva España, avalados por los Tratados de Tordesillas y Zaragoza. De manera actualizada, en 1825 la carta general de navegaciones a la india oriental por el mar del sur había dejado en claro oficialmente la posesión de la Roca Clipperton a la naciente nación mexicana. En base a ello, el 16 de enero de 1854 el dictador mexicano Antonio López de Santanna otorgó la primera concesión para explotar el guano de Clipperton a una compañía integrada por mexicanos y franceses, pero el siguiente marzo su gobierno fue derrocado por el Plan de Ayutla, encabezado por Florencio Villarreal, Juan N. Alvarez e Ignacio Comonfort. Vinieron meses de deriva nacional hasta que el pudiente cacique Álvarez fue electo presidente interino y su efímero gobierno de sólo 8 semanas no se acordó de Clipperton.

Napoleón III autorizó el manigance.

En 1858 un comerciante del puerto de Havre, en el estuario del Sena, pidió permiso al gobierno del emperador Napoleón III para llevar a Francia el guano de la Isla de Clipperton. Napoleón le extendió en abril una expedita “concesión” autorizando la explotación de la isla sin tener ninguna facultad legal para hacerlo. En un intento de corregir la evidente irregularidad, que pondría en peligro cualquier inversión y tan dado al gatuperio como le era característico, el mandatario ordenó que un oficial francés tomara posesión de la isla, despreciando el hecho de que según las leyes, los mapas y las cartas de navegación, era territorio mexicano. Algunos historiadores especulan que quizá no fue sólo el guano lo que motivó a Napoleón III, sino que el tema trajo a la mesa el mapa de la ubicación de Clipperton y rápidamente se ligó con otro tópico: ya se hablaba de la posibilidad de algún día construir el canal de Panamá, y Clipperton está cerca, pues el siguiente año, 1859, el francés Ferdinand de Lesseps inició la construcción del canal de Suez. Sería el mismo Lesseps quien emprendió el primer intento de la obra panameña. Valía la pena intentar el manigance con doble propósito.

Lecoat de Kervegen.

Así, un teniente de la armada de Francia llamado Victor Lecoat de Kervegen viajo “de aventón” como se dice en México, en el barco mercante L’Almiral, de la compañía Lockhart et Cie, y el 17 de noviembre del mismo año 1858, frente a Clipperton, sin siquiera descender del navío comercial, llenó a mano un papel común en el que asentó que tomaba “posesión” de la Isla, dándola por res nullius, es decir, cosa de nadie. Llevó luego su “acta” al entonces reino de Hawaii, a 7 mil kilómetros de distancia, entonces gobernado por el legendario Kamehameha III, a donde se dirigía en realidad el buque mercante y la presentó allí al cónsul galo que dio posterior conocimiento a su ministerio del exterior, y a los días la publicó como noticia en un periódico local de rango menor, The Polynessian of Honolulu, un semanario de 4 páginas editado en inglés, que no sostenía constante su periodicidad. Con eso se pretendió validar la “concesión” otorgada previamente por Napoleón.Aquella concesión napoleónica tenía una vigencia de 60 años, pero la empresa beneficiaria llamada «Compagnie Française de Clipperton» terminó abandonando la isla apenas dos años después, en 1861, 58 antes de finalizar su vigencia luego de meses de fallida e irregular operación, pues resultó que el guano de Clipperton era de muy mala calidad, por una sencilla pero irremediable razón: las frecuentes lluvias, tormentas y huracanes que azotan la región degradan sus nutrientes. Ni de lejos se le podía comparar con el peruano. Sin embargo, la compañía mantuvo en secreto la razón de su partida, en sintonía como en realidad fue prácticamente toda su operación.
Paralelamente, los franceses también fracasaron en la construcción del Canal de Panamá, que como todos sabemos terminó siendo construido por los gringos.

La Ocean Phosphate esclavizó japoneses y malayos en las explotación de islas guaneras.

Tras el abandono francés, y como su “posesión” era un secreto del que nadie tuvo conocimiento formal, tiempo después llegaron en pos del guano los norteamericanos. Entre 1892 y 1896 la Ocean Phosphate con sede en San Francisco, California, reclamó silenciosa pero fácticamente la isla para Estados Unidos y explotó la extracción de “su riqueza”, amparada en el Guano Islands Act de 1856, una ley aprobada por el congreso que autorizaba a cualquier ciudadano estadounidense a tomar posesión de cualquier depósito de guano en el Pacífico que no perteneciera a otro país, es decir, en cualquier isla que no fuera de alguien. Nuevamente se recurría al principio res nullius, falso desde que lo hizo Francia, y la Ocean Fosphate operó sin restricción alguna. En México nadie protestó y prácticamente ni siquiera hubo autoridad que se diera por enterada.
Fue la prensa quien provocó un trascendente giro. En junio de 1897, The Mexican Herald anunció que un barco inglés, el Kinkora, había padecido diversas dificultades obligándolo a arribar a la isla de Clipperton. Y en el siguiente agosto, el New York Herald del día 15 publicó una nota informando acerca de un telegrama proveniente de California, compartido por The San Diego Union el día 14, que anunciaba que los ingleses del vapor Navarra planeaban izar su bandera “en una isla donde se encuentra una compañía californiana extrayendo guano, aunque se supone que pertenece a México”.
Y cuatro días después, el 19, The Washington Post se preguntaba si efectivamente los ingleses, tan interesados en el guano, comprarían la isla, como se especulaba en la prensa estadounidense.
Fueron estas publicaciones las que alertaron a la prensa mexicana y presionaron al gobierno para tomar cartas en el asunto.
Un excelente trabajo del académico mexicano Mateo Arias Díaz de la Universidad Iberoamericana publicado en el número 30 de la revista Letras Históricas de la Universidad de Guadalajara registra un puntual seguimiento a la cobertura periodística que en la época dieron al tema los periódicos de Estados Unidos, México y Francia, permitiendo una reconstrucción inmejorable de la secuela. De ahí tomamos la información respectiva, otorgando el correspondiente crédito y un amplio reconocimiento al esmerado trabajo, que nos muestra la gran influencia que tuvieron los periódicos de los tres países en los hechos y en las posturas gubernamentales.
El primer periódico mexicano en reaccionar fue El Tiempo, diario católico de oposición que el 24 de agosto de 1897 dio a conocer la noticia del Herald y exigió al gobierno de Porfirio Díaz acción inmediata. Por su parte, El Universal confirmó el día 25 que la isla mexicana Clipperton, ocupada por guaneros estadounidenses, también había sido “invadida por Inglaterra” lo que fue corroborado por The Mexican Herald, La Voz de México y La Patria entre el 25 y el 28 de agosto. Días después, El Imparcial respondía asumiéndose como voz del oficialismo porfirista que la Secretaría de Relaciones Exteriores (SRE) actuaría informándose sobre la situación e insistiendo en que el proceder del Estado era el correcto, revelando que al gobierno le importaba que la opinión pública sintiera que el territorio nacional era defendido.

El Secretario de Relaciones Exteriores Ignacio Mariscal.

Recordemos que se vivía el siglo en el que perder territorio fue el deporte nacional mexicano, desde el derrocamiento del libertador Agustín de Iturbide, cuando el Imperio Mexicano abarcaba territorialmente desde lo que hoy es Oregon hasta la frontera con Colombia en lo que luego fue Panamá, comenzando por Centroamérica y siguiendo con el gran despojo de los Estados Unidos. Y aún estaba muy reciente que, en 1893, se había firmado el Tratado Spenser-Mariscal en el que México cedía sus derechos de soberanía sobre la actual Belice a los británicos.
Los periódicos hablaban concretamente de “invasión” al territorio nacional. El gobierno de Díaz estaba realmente presionado, principalmente en el área de la cancillería a cargo de Ignacio Mariscal y de acuerdo con el Ministerio de Guerra se decidió enviar a Clipperton al cañonero El Demócrata para hacer un viaje de exploración y verificar la autenticidad de las noticias, pero sobre todo, como relata María Teresa Arnaud de Guzmán en su libro La Tragedia de Clipperton, “preservar los derechos de propiedad que México tiene sobre esa isla, explorarla minuciosamente, izar nuestro pabellón y ordenar a los intrusos que la desalojaran por su voluntad o por la fuerza”. Efectivamente, los únicos tres trabajadores de la compañía norteamericana que se encontraban en la isla a la llegada de El Demócrata, dos alemanes y un inglés, fueron desalojados. Así, miembros de la tripulación de la nave mexicana, tras un desembarco muy accidentado, arriaron el pabellón estadounidense y lo destruyeron, izando en su lugar el mexicano. Levantaron el acta correspondiente, firmada por el Teniente de Navío Rafael Pereyra y por el norteamericano Theodore Gossmann, dándose por enterado de la situación. Semana Mercantil reportó que “sin dificultad ninguna fue reconocida la soberanía nacional de México”. Terminada la expedición, se señalaba que también los estadounidenses habían sido intrusos, pues izaron su bandera, aunque posteriormente The Mexican Herald reportó que ellos nunca tuvieron intenciones de agenciarse la isla.
Aprovechando para exaltar la ‘odisea’ del buque El Demócrata, y elogiando el proceder del gabinete del general Díaz, La Voz de México publicó en enero de 1898 que “la Secretaría de Relaciones, celoso guardián de nuestra dignidad nacional”, prefirió la vía diplomática ante los hechos denunciados por El Tiempo, enviando con buen atino al cañonero. Curiosa aseveración, puesto que el envío de un cañonero para imponer el orden no es precisamente una vía diplomática. Pero como dice Arias Díaz, “ciertamente la publicación salió de la tónica prevista ya que, siendo un diario católico de oposición, los elogios no eran esperados”.
Continúa Arias: En otro continente, el incidente con ingleses y estadounidenses desde luego tuvo su impacto en la opinión pública francesa que de forma instintiva empezó a cuestionar los hechos. Las publicaciones periodísticas americanas cruzaron el Atlántico. La Lanterne comentaba con animadversión que había llegado un telegrama desde San Francisco informando que sobre una isla – “francesa” , asienta- se encontraba ondeando una bandera américaine y que encima los ingleses se habían entrometido. Igualmente, al año siguiente Journal des Débats Politiques et Littéraires aseguraba con reproches que una isla que figuraba en cartas francesas había sido proclamada como mexicana luego de que Estados Unidos tuviera las mismas intenciones. A su vez, La Liberté, defendiendo los derechos franceses, de acuerdo con la cita de un Atlas colonial de 1885, sostenía: “pero le

«El Demócrata» viajó varias veces a Clipperton.

corresponde a Francia restaurar sus derechos que nunca han sido disputados”.
En enero de 1898 apareció en el radar mexicano la parte francesa. The Mexican Herald y The Two Republics publicaban el día 5 con notable sorpresa, que La Liberté sostenía que la isla no era ni norteamericana ni mexicana, sino francesa. Contestaría Le Courrier du Mexique, secundada por The Two Republics, citando diccionarios que aseguraban que Clipperton pertenecía a Francia desde 1705 o, rectificando en febrero, desde 1858 y preguntándose por qué las cartas del Diccionario Histórico y Biográfico de la República Mexicana del reconocido geógrafo mexicano Antonio García Cubas se habían olvidado de la isla… dando a entender que estaba claro que era une possession française. García Cubas respondió que la Isla de la Pasión o de Médanos que aparecía en mapas antiguos efectivamente era la misma de Clipperton y precisó a Le Courrier du Mexique que el haber omitido la isla en su Diccionario Geográfico no daba pie a las reclamaciones galas, pues también era omisión del geógrafo francés Bescherelle.

Don Antonio García Cubas.

En esos momentos, el gobierno de Porfirio Díaz actuando con diligencia y astucia negoció en el Hotel Sainz de la ciudad de México una nueva concesión con George Douglas Freeth, representante de la compañía inglesa Pacific Islands Company para la explotación del guano, una hábil maniobra jurídica, pues estaba ejerciendo soberanía efectiva sobre la isla.
Francia reclamó formalmente. Miguel González Avelar da cuenta en su libro Clipperton, isla mexicana que a través del embajador Boulard Pouqueville, el gobierno galo presentó sus querellas ante la cancillería mexicana entre enero y junio de 1898.
Pero nadie se dio por enterado cuando en los 4 países, Estados Unidos, Francia, México e Inglaterra, se supo que los trabajadores japoneses que llevó la Pacific Islands Company se habían revelado en septiembre de 1898 por las infames condiciones de trabajo a que fueron sometidos y en la represión para someterlos algunos fueron pasados por las armas.
Sin embargo, no hubo gobierno que sancionara a los culpables.
Clipperton, a pesar de los reclamos, era un territorio sin gobierno y sin ley.

Le Petit Pariesien imprimiría el 11 de agosto de 1901 una columna en que se percibía la indignación porque los mexicanos hubiesen colocado su bandera. Por esa misma razón, La Liberté criticaría duramente que Francia no defendiera adecuadamente sus colonias y posesiones en Oceanía y en el Pacífico. Los franceses en general tenían muy claro que Clipperton, durante esa era de ‘imperialismos del cambio de siglo´ era una de sus colonies du Pacifique.

El Teniente Ramón Arnaud Vignon.

Estas fricciones en el nivel de prensa, no se ceñían exclusivamente a los galos, también hubo tensiones con el vecino yanqui, ya no solo por la explotación indebida del guano por la Oceanic Phosphate Company, sino por las “injurias” proferidas por el periódico de Los Ángeles, La Unión, hacia El Demócrata, llamándolo ‘barco corsario’ y acusándolo de que había asaltado una isla ocupada legítimamente por la compañía de California. A los estadounidenses de ‘codicia cartaginesa’, como acusó La Voz de México, al parecer les había molestado profundamente que hubieran retirado su bandera. Pero en realidad el gobierno norteamericano no hizo ningún pronunciamiento.

El faro de 10 mil bujías recién construido.

Previniendo el escalamiento del conflicto, Porfirio Díaz tomó otras medidas fácticas. En septiembre de 1905 el coronel Abelardo Avalos fue nombrado Prefecto Político de Clipperton para darle a la presencia mexicana una mayor formalidad y dotarla de una autoridad. Pero Avalos era un hombre de edad avanzada que no deseaba ir a vivir a la isla. Por eso se designó como su delegado al teniente Ramón Arnaud Vignon, un joven oficial culto y preparado que hablaba inglés y francés, pero que no se encontraba en su mejor momento, pues había desertado y luego capturado. Sin embargo, fue perdonado de una sentencia de prisión que purgó parcialmente en Tlatelolco, porque había cumplido con notable éxito una misión secreta en Japón al lado de Avalos y había servido en la llamada guerra de castas contra los indígenas alzados en Yucatán. En marzo siguiente Arnaud arribó con 11 soldados y sus familias, que se reunieron con otros 11 que también con familias ya se encontraban en la isla, al igual que 20 trabajadores italianos. Su primera tarea fue construir un faro, que todas las fuentes dicen que tenía una lámpara de aceite de 10 mil bujías.
Arnaud regresó a tierra firme en diciembre de 1907 para casarse con su novia Alicia, una joven hermosa, bien educada, de buena familia, que tocaba el piano y lo amaba profundamente, tanto que aceptó ir a vivir con él en la Isla. Se casaron el 24 de julio en el Gran Hotel de France en Orizaba. Arnaud ya había sido nombrado gobernador de la isla por el Presidente Porfirio Díaz por lo que Alicia llegó a su nuevo hogar como primera dama, con un gran ajuar y un gramófono con el que impartió clases a las mujeres y a los niños.

Alicia y el ya capitán y gobernador Arnaud en su boda en Orizaba.

En 1909 la población sumaba 44 personas. El 29 de junio se sumó el habitante 45, un varoncito nacido en Clipperton, hijo de Arnaud y de Alicia a quien pusieron por nombre Ramón. Fueron los años felices de su estancia en Clipperton.
En diciembre de 1911 con la llegada del buque El Demócrata para reabastecer víveres, se enteraron de la caída de Porfirio Díaz y el arribo a la presidencia de México de Francisco Madero.
Lo que no supieron hasta meses después fue que apenas unas semanas antes de renunciar a la Presidencia de la República el general Díaz aceptó someterse a un arbitraje que determinara qué país, si México o Francia, tenía el justo derecho sobre la isla. Estados Unidos e Inglaterra ya habían desistido de ese dilema. En principio los países reclamantes determinaron que fuera el Estado Vaticano, sin embargo el Papa Pío X pidió que el árbitro fuera el Rey Víctor Manuel III de Italia. Tenía este rey buena fama y para México la propuesta implicaba aceptable base política, pues guardaba buena relación con Italia, que a su vez, estaba enemistada con Francia. Ambas naciones estuvieron de acuerdo.
México presentó sus credenciales, fundamentadas principalmente en demostrar que la isla fue posesión del Imperio Español prácticamente desde el primer cuarto del siglo XVI cuando fue registrada en bitácora tanto por la expedición de Magallanes como por la de Saavedra, cuando ninguna otra nación surcaba las aguas del Pacífico. Luego, al obtener México su independencia, fue legalmente heredero de todas las posesiones del reino de la Nueva España.
Nadie dudaba que el laudo del árbitro, lógica y justamente confirmaría la propiedad de México sobre Clipperton.
Arnaud regresó a tierra firme acompañado de su esposa ya embarazada de nuevo y de su pequeño hijo Ramón, en busca de instrucciones y para negociar la

reanudación del avituallamiento. Llegó a la capital precisamente cuando Palacio Nacional era atacado por los golpistas en plena Decena Trágica. Asesinados el Presidente Madero y el Vicepresidente Pino Suarez el 22 de febrero de 1913 se vio obligado a negociar con el gobierno de Huerta y fue éste quien personalmente ordenó que se mantuviera en su misión y quien autorizó que continuaran los envíos de provisiones para el destacamento. Arnaud fue ascendido a capitán ese 1913 y el 7 de enero de 1914 se embarcó de nuevo a Clipperton con su familia que ya contaba con dos niñas más, Alicia y Olga, nacidas en tierra firme. También regresó con ellos su nueva empleada, Altagracia, a quien conocieron siendo mucama del Hotel San Felipe de la Ciudad de México -donde vivieron temporalmente y donde nació la niña menor- a quien ofrecieron doblarle el sueldo si los acompañaba como nana. Al llegar a la isla el capitán se enteró de que la compañía guanera había abandonado a sus empleados. Esto significó que la colonia militar mexicana y sus familias debieron compartir sus víveres con ellos. Afortunadamente, había suficiente…por el momento; y el capitán esperaba que tras él llegara una nueva embarcación con abundante avituallamiento, como había sido acordado y autorizado antes de su

La Nokomis era una goleta como la de la foto.

partida de México.
El 28 de febrero un huracán golpeo la zona y provocó el naufragio de la goleta norteamericana Nokomis, que quedó encallada, y sus ocupantes se refugiaron en la isla. Así, el capitán Jens Jensen, su esposa, sus dos pequeñas hijas, el primer y el segundo oficial, el cocinero y seis marineros de la goleta, estadunidenses salvo dos que eran holandeses, se sumaron a la población, aumentándola a 55 o 56, aproximadamente. Además, un soldado mexicano pereció en la maniobra de rescatar a los viajeros de la goleta.
La preocupación comenzó a invadir al capitán Arnaud conforme transcurrían los días, pues según sus cálculos el barco enviado por el gobierno mexicano ya debía haber llegado.
La situación se volvió desesperante pero no crítica porque había con que sobrevivir.
Sin embargo, comenzaron a surgir tensiones entre los grupos. No me queda claro de dónde provino, al parecer del grupo de ex trabajadores de la compañía guanera, pero de pronto surgió y se propagó la fantástica versión de que los náufragos de la goleta eran en realidad “los holandeses errantes”.
¿Quién no recuerda el famoso mito del buque holandés errante?

Así e ilustraba al fantasmal buque conocido como «El Holandéz Errante».

Cuenta la leyenda que en el año 1641 el capitán Hendrik Van Der Decken retornaba de la India con destino a Ámsterdam cuando una rabiosa tempestad azotó su carabela. Llegó un momento en que nadie en su tripulación dudó que iban todos a morir. Pero -se dice- entonces Hendrik invocó al mismísimo Lucifer e hizo un pacto con él. El demonio le concedió que su nave nunca sería hundida ni su tripulación moriría en tormenta alguna. Pero como todos sabemos, los pactos con el diablo siempre llevan implícito un terrible costo. El que éste holandés y sus hombres debieron pagar es el de vagar eternamente por los mares y nunca poder arribar al puerto de su deseo.
Los presuntos testimonios del deambular incesante del Holandés Errante y sus encuentros con otras embarcaciones abundan en la mitología de los navegantes.

Jorge V

El propio príncipe Jorge de Gales, futuro rey Jorge V del Reino Unido y abuelo de la Reina Isabel II, afirmó haber sido testigo de la aparición de la nave fantasmal el 11 de julio de 1881, frente a la costa de Australia a las 4 de la mañana, cuando navegaba a bordo del HMS Inconstant. Dejó por escrito en la bitácora de viaje su aseveración de que una extraña luz roja resplandeciente conformando la figura de un barco inasible, específicamente un bergantín, cruzó atravesando su embarcación por la proa. Afirma que 13 personas en total vieron claramente aquella luz. También asienta en su informe que el marinero que fue el primero en avistar y avisar la presencia de aquella nave, cayó desde las crucetas del mástil de proa al castillo y se hizo pedazos. Luego de eso la misteriosa luz desapareció y nadie pudo ver un barco a la redonda, en la que reinaba una madrugada serena con la mar en calma. Como este, las narraciones que afirman haber visto al Holandés Errante son cuantiosas en distintas latitudes y diversos idiomas. Es, posiblemente, el más famoso mito de buques fantasmas en los mares de todo el mundo. Aunque hay muchos casos en que no ha sido así, se dice que su aparición y su presencia sólo pueden significar desgracia y el peor de los augurios para todos,
¿Cómo de otra forma podía explicarse para los habitantes de Clipperton que no llegara el barco con abastos desde tierra firme si había sido plenamente autorizado y confirmado frente al capitán sin el menor resquicio de duda?
Algo misterioso tendría que haber de por medio.
Llegó un momento en que los habitantes de la isla, casi sin excepción, veían con auténtico recelo a los náufragos del Nokomis.
Cuando supieron de su significado, hasta el nombre de la goleta les vino a causar sospecha.
«Nokomis» es, término y concepto, profundamente arraigado en la herencia indígena americana, sobre todo entre los ojibwa chippewa y otras tribus de habla algonquina. En la tradición igbo, Nokomis significa Hija de la Luna, pero también Mi abuela, con un profundo significado, que implica veneración y respeto y simboliza sabiduría, cuidado y la importancia de la familia y la herencia, entendida ésta como el legado de las tradiciones. Pero Nokomis es también el nombre de la abuela de Nanabozho en las historias tradicionales de Ojibwe de la abuela de Hiawatha en el poema de Henry Wadsworth Longfellow, La canción de Hiawatha, un espíritu misterioso que se transforma en varias formas animales y humanas, adulto y niño, y en varios animales míticos como el Gran Puercoespín o el Gran Zorrillo. Una especie de fantasma que trascendía a las generaciones y se sumaba a los elementos de sospecha.
En esas semanas un soldado mulato del contingente mexicano, nacido en colima y con sangre etíope llamado Victoriano Álvarez fue confinado por el capitán Arnaud al faro, con instrucciones precisas de no mezclarse con el resto de los pobladores, pues ya había causado demasiados problemas por su actitud altanera y pendenciera. Era un hombre alto y fuerte que a nadie simpatizaba. La decisión del capitán fue aplaudida por el resto de la tropa igual que por los extrabajadores guaneros y los recién llegados náufragos.
Según la novela La Isla de la Pasión de la colombiana Laura Restrepo, que combina algunos datos fidedignos con buenas dosis de ficción novelesca, como es lógico, una investigación que realizó personalmente le reveló que el mulato farero Victoriano sería hijo de un hijo ilegítimo del General José Manuel Dolores Álvarez Zamora, (1800-1857) quien fuera el primer gobernador de Colima y de una sirvienta negra con quien habría tenido otros hijos, padre del también gobernador de ese estado Miguel Álvarez García (1880-1931), quien sería medio hermano del Victoriano de Clipperton y padre de la primera gobernadora de un estado mexicano, también Colima, Griselda Álvarez Ponce de León, maestra, escritora y política que nació el 5 de abril de 1913 y falleció el 26 de marzo de 2009, a quien yo entrevisté en 1979 para El Sol de México. No hablamos del tema porque yo desconocía esa versión. Es la única referencia que he encontrado de ese presunto parentesco de Victoriano Álvarez, repugnante personaje de la historia de Clipperton, de quien obligadamente

Tropas estadounideses toman el puerto de Veracruz.

hablaré adelante.
Mientras tanto, en tierra firme las complicaciones eran mayúsculas, pues la Revolución Mexicana había recrudecido. El gobernador de Coahuila Venustiano Carranza, apoyado por sonorenses y chihuahuenses se había sublevado contra el asesino Huerta realizando alzamientos armados.
También sin que lo supieran los pobladores de la isla, el 21 de abril los norteamericanos se apostaron frente a las costas de Veracruz y tomaron el puerto, para impedir que armamento alemán llegara a manos del gobierno usurpador, dando inicio a una situación de guerra entre ambas naciones que sometió a intensa presión al chacal Victoriano Huerta.
Los alzados constitucionalistas avanzaron con firmeza en el noroeste.

El Tampico y su tripulación.

El 14 de abril de 1914, el general Álvaro Obregón, jefe del Cuerpo de Ejército del Noroeste, que se encontraba con sus tropas en Topolobampo, fue recibido a bordo del Tampico, un cañonero de 60 metros de eslora por 10 de manga. dirigido por el Capitán Hilario Rodríguez Malpica, simpatizante de los constitucionalistas que se encontraba cargando el despacho de abastos para Clipperton. Conforme al protocolo, Rodríguez Malpica izó su pabellón al mástil más alto de su embarcación, señalando así la presencia de una personalidad importante.
Este hecho alertó e indignó al capitán Ignacio Arenas, comandante de las cañoneras fieles al usurpador Huerta Vicente Guerrero y General Morelos, quien decidió atacar lo que significó una insurrección del Tampico.
Arrinconado en el puerto, sin ninguna posibilidad de maniobra, el Tampico estaba ante una inminente derrota y Obregón se vio en peligro de muerte, o por lo menos de caer prisionero. Pero sus oficiales en tierra reaccionaron hábilmente y lograron transmitir órdenes al biplano Sonora, pilotado por el capitán Gustavo Salinas y asistido por el mecánico Teodoro Madariaga, que atacó con bombas rudimentarias al Guerrero.
Carente de equipo antiaéreo, el Guerrero fue incapaz de rechazar el inesperado ataque y emprendió la huida hacia Guaymas.
Semanas después, el 16 de junio, El Tampico, ya cargado y en ruta, se reencontró con el Guerrero. Esta vez no hubo intervención providencial y fue incendiado al final de una batalla encarnizada mientras que el capitán Malpica se suicidaba para evitar ser cautivado y fusilado.

El pecio del cañonero El «Tampico» fue localizado por expertos de la Subdirección de Arqueología Subacuática del INAH y de la Semar en el fondo del océano, en noviembre de 2029, 105 años después de que fue hundido en la única batalla naval de la Revolución Mexicana.

Así, los alimentos y demás abastos para Clipperton quedaron en el fondo del Océano.
A principios de junio a los habitantes de Clipperton se les acabó la leña, el último combustible con el que contaban para cocinar. Fue un acontecimiento determinante en el ánimo de todos.
En situación desesperada ante la evidencia de que el avituallamiento desde tierra firme no llegaría, el segundo oficial del Nokomis y 3 marineros se El capitán del navío "Tampico", Hilario Rodríguez Malpica, tenía tan sólo 25 años cuando se quitó la vida antes de caer en manos de los huertistas.ofrecieron voluntarios para una misión heroica: partir en una pequeña balsa buscando llegar a Acapulco a mil 200 kilómetros de distancia, a remo y con una vela improvisada.
Aunque parecía un suicidio, lo lograron.
Cuando llevaban 14 días de navegación se les agotaron las reservas de agua y comida con que habían partido. Los siguientes 3 días fueron de gran zozobra pero soportando el agotamiento siguieron remando sin parar. El segundo día los socorrió una lluvia que los proveyó de agua dulce.
Así, el 19 de junio avistaron tierra y 3 horas después arribaron a Acapulco.
Lo primero que hicieron fue dar aviso a la capitanía del puerto. Ahí reportaron que un destacamento militar mexicano estaba en la isla y que el buque que los abastecía no había llegado. Por supuesto, también reportaron a la tripulación del Nokomis, solicitando a la autoridad que diera aviso a sus equivalentes norteamericanas y finalmente dieron a conocer la presencia de los ex trabajadores guaneros abandonados por la empresa de San Francisco.
El capitán del puerto a su vez dio aviso inmediato al comandante militar de la región de Guerrero y a sus superiores para que estos avisaran a los norteamericanos.
Enorme fue su sorpresa cuando en respuesta de la comandancia militar sus contactos le dijeron extraoficialmente que no había instrucciones de acudir en auxilio de los soldados mexicanos y sus familias. Tampoco estaba el gobierno mexicano “en condiciones de enviar ayuda” para rescatar a los otros náufragos.
En gran contraste, los norteamericanos reaccionaron de inmediato. El Almirante Thomas Benton Howard, Comandante en Jefe de la Flota del Pacífico ordenó que el crucero Cleveland destacamentado frente a las costas de California distrajera sus instrucciones y se dirigiera ipsofacto a Clipperton. Así lo hizo. El día 24 los angustiados habitantes de la isla vieron con enorme alegría la aproximación del Cleveland. Sintieron que era su salvación y que aquella horrible experiencia había terminado.
Fue por el capitán de la embarcación que Arnaud y los suyos se enteraron que en Europa había estallado la Guerra entre Francia e Inglaterra contra Alemania -conflagración que pronto se convertiría en la primera guerra mundial- y también de que México estaba en guerra con Estados Unidos desde la ocupación de Veracruz.
Estas noticias estremecieron a Arnaud.
El capitán del Cleveland ordenó que se les ofrecieran alimentos y estaba dispuesto a llevarlos a todos a tierra firme, pero por supuesto para ingresar a su nave los soldados mexicanos debían deponer y entregar sus armas.

Foto del teniente Secundino Ángel Cardona, tomada de Facebook, muro creado en su honor.

Arnaud, el teniente Secundino Ángel Cardona y el resto de la guarnición sopesaron con frialdad las circunstancias. En principio, no podían aceptar las condiciones ni viajar en un barco de una nación con la que México estaba en guerra. Hubiera sido equivalente a una rendición. Tampoco podían abandonar sin instrucciones superiores la misión que les fue encomendada. Por si fuera poco, en lo personal, Arnaud tenía en su hoja de servicio el registro de la deserción por la que había sido sentenciado y, mínimamente, se le podía acusar de reincidencia si abandonaba la isla.
La decisión de los militares fue no aceptar la oferta del Cleveland y permanecer su puesto.
Quedaron en la isla 14 hombres, 6 mujeres y 6 niños.
Sólo pidieron al capitán del Cleveland, -quien se mostró especialmente comprensivo, pues pudo optar por tomarlos prisioneros- que transmitiera a las autoridades del Puerto de Veracruz la situación en la que se encontraban. Creyeron que sería suficiente para que el aviso sirviera de recordatorio y con ello se reanudara el abasto de alimentos y demás provisiones.
Fue la de Arnaud y los suyos una valiente y patriota decisión, sin duda, pero que resultó dramáticamente trágica, con un alto costo de vidas. De hecho, allí comenzó la verdadera “tragedia de Clipperton”.

Almirante Thomas Benton Howard.

Los militares y sus familias se quedaron en la isla pero el resto de los pobladores regresaron a tierra firme en el Cleveland, incluyendo a Gustav Shultz, el alemán que había sido superior al mando de los trabajadores guaneros, que nunca hizo buena química con el capitán Arnaud y éste no le permitió quedarse. Con él regresó Daría Pinzón, una mexicana originaria de Aguas Blancas, Coyuca de Benítez, Guerrero, viuda de un soldado mexicano, que tampoco me queda claro si murió de alguna enfermedad o fue quien perdió la vida en el salvamento de los viajeros del Nokomis. Shultz a quien quiso llevar con él fue a Altagracia Pinzón, la nana de los hijos del capitán, pero ella se negó a abandonar a sus patrones y a los niños, con quienes se había encariñado sinceramente. Sin embargo, el capataz alemán le prometió que la esperaría en México, pues no pensaba regresar a su país sin ella.

Toma de Zacatecas por la División del Norte.

Arnaud, su mujer y sus soldados confiaron en que la que habían tomado era una decisión correcta, pues en principio contaban con víveres para 4 meses y estaban seguros de que el capitán del Cleveland transmitiría las comunicaciones de su interés.
Casi en sincronía con la partida del buque norteamericano, el 23 de junio la División del Norte de Francisco Villa se apoderó de la ciudad de Zacatecas venciendo a las tropas huertistas y poniendo al gobierno del usurpador en una crisis irremontable.
No sabemos a quién ni cómo dirigió el capitán del Cleveland la información, pero lo más lógico es que haya sido a través de vías diplomáticas, por la particular situación entre ambos países. Lo cierto es que el gobierno de Huerta cayó el 15 de julio y el chacal huyó en el crucero alemán Dresden rumbo a Jamaica. Las tropas leales a Venustiano Carranza que se habían levantado en defensa de la legalidad contra el golpista tirano, designaron al coahuilense Primer Jefe del Ejército Constitucionalista y sucesivamente presidente interino.
Obviamente el mando del ejército cambió de manos y entre los nuevos jefes nadie se hizo ni quiso hacerse responsable de la misión que se encontraba en Clipperton. Al contrario, su actitud fue de desdén.
El padre de Alicia Rovira de Arnaud, Don Félix Rovira, que vivía en Salina Cruz como representante de la Cervecería Moctezuma, con algo de dinero, cierto poder y relaciones, inició un frustrante transitar en el que semana tras semana insistía ante distintas autoridades civiles y militares en la urgencia de que se enviara salvamento a su familia y al destacamento que permanecía en Clipperton, pero sólo obtenía demoras y negativas.
En la isla los primeros días después de la partida del Cleveland fueron un retorno a la calma, sin la presencia incómoda de los contingentes ajenos a su comunidad. Se reorganizaron y repartieron tareas, planificaron las raciones de víveres y trabajaron en el desmantelamiento de lo que quedaba del Nokomis para aprovechar lo recuperable.
Por supuesto, siguieron a la espera de que el ejército huertista que los tenía allí reaccionara y les enviara instrucciones y vituallas.
Pero tras varias semanas los víveres se agotaron y no llegaron más.
La dieta se limitó a pájaros bobos, huevos y peces.

 

Un pájaro bobo empollando.

Habían aprendido a pescar improvisando anzuelos con metal de cables del Nokomis, con buen resultado.

El primer grupo de palmeras que plantó Shultz, unicó entonces.

Pero no disponían de vegetales, fuente única de la indispensable vitamina C, salvo unos cuantos cocos que les brindaban las escasas palmeras que alguna vez plantó el alemán Shultz. A instancias del capitán los hombres decidieron que serían exclusivamente para los niños y las mujeres.
A principios de 1915 muchos de los varones adultos comenzaron a mostrar síntomas de agotamiento y cansancio crónico. Sangraban de las encías y con cualquier roce perdían los dientes. Todos se llenaron de hematomas, se les caía el cabello y los aquejaban intensos dolores en los huesos.
Eran víctimas del escorbuto.
La ausencia de vitamina C en el organismo suele manifestarse a partir de las primeras 8 semanas de haber tenido una ingesta insuficiente. Se caracteriza por una dificultad para sintetizar tejidos, especialmente colágeno y seguidamente produce la muerte de células y tejidos celulares, el sangrado debajo de la piel y de los tejidos profundos. Llamada también ácido ascórbico, esa vitamina participa en la síntesis de neurotransmisores y hormonas como dopamina, esencial para la función motora, la norepinefrina y la adrenalina, de suma importancia para funciones fisiológicas y para la actividad del sistema circulatorio. También son consecuencia la anemia y alteraciones significativas del estado de ánimo.

Los hematomas en la piel de un enfermo de escorbuto, son producidas por derrames internos.

Las hemorragias internas comenzaron a producir decesos. En 1915 sepultaron a 15 soldados.
El 15 de septiembre, un año y medio después de la partida del Cleveland, alguien grito: ¡un barco!… ¡un barco!
Se dice que la primera en verlo fue Olga, la hija menor de los Arnaud, pero también existen otras versiones, como muchos de los sucesos en Clipperton, incluyendo la de que el supuesto barco fue sólo una alucinación del capitán.
Arnaud, el teniente Cardona y los únicos otros 2 soldados sobrevivientes -salvo el farero que estaba confinado- treparon a una balsa que habían conservado herencia del Nokomis, intentando perseguirlo. Las mujeres cuentan que desde la playa vieron como el barco se alejaba y la balsa, en un determinado instante, volcaba con todos sus ocupantes.
No se sabe a ciencia cierta si los dos oficiales y los dos soldados murieron ahogados o fueron devorados por los tiburones.
Otra versión indica que el teniente para entonces ya no existía, y que había sido atacado en ocasión anterior por una mantarraya y perdido la vida.
Una más afirma que las mujeres vieron desde la playa al capitán y sus acompañantes pelear a bordo de la balsa.
Lo cierto es que no regresaron. Las mujeres quedaron solas en la isla, con la única presencia masculina del negro Victoriano que, cuando menos pensaron se había apoderado de todas las armas.
Ufano y en tono vengativo les anunció que a partir de ese día él y solo él mandaba en la isla y se proclamó rey.

Barracas construidas al pie del farallón.

Una de sus primeras órdenes fue que una jovencita de 16 años se iría a vivir con él en una barraca al pie del farallón. Como la madre se opuso, las mató a las dos.
Obviamente, todas quedaron aterrorizadas.
Eso, el terror, definió el ambiente que privó en la isla los siguientes 2 años.
Paralelamente, nadie volvió a enfermar de escorbuto, pues la población se estabilizó en equivalencia con la disponibilidad de vitamina C, es decir, con la producción de cocos en las palmeras que plantó Shultz, que significaron la salvación para mujeres y niños y también para el mulato Rey.
Aunque había disponibilidad de proteína tanto en tierra como en mar, la falta de carbohidratos de cualquier tipo fue causando estragos en todos, que lucían desnutridos y desvigorizados. Así transcurrieron los meses, bajo la amenaza de Victoriano que les advirtió que si algún día se acercaba un barco los mataría a todos antes de permitir que él fuera inculpado.
Pero en 2 años no se volvió a ver a ninguno…
Hasta que llegó el 18 de julio de 1917.
Esa mañana Alicia acudió a la orden que le había dado la tarde anterior el rey Victoriano. Le había dicho que a partir del día siguiente debía acudir a su barraca al pie del farallón, dispuesta a cohabitar con él. De hecho, pretendía que fuera el mismo día 17, pero Alicia lo convenció de que le permitiera organizar algunos preparativos para sus hijos, especialmente para el más pequeño, Ángel, que estaba muy desnutrido.

El niño Ramón Arnaud Rovira a los 9 años.

A eso de las 10 de la mañana llegaron a la choza de Victoriano Alicia, su hijo mayor Ramón que recién había cumplido 9 años y Tirsa Rendón, la viuda del teniente Carmona y madre de dos pequeños, una mujer decidida originaria de Técpan de Galeana que era inseparable de Alicia.
Encontraron a Victoriano asando un pájaro bobo.
Al rey no le agradó que Alicia fuera acompañada y protestó.
-“Qué chingaos vienen a hace tu chamaco y esta vieja”, preguntó sin distraerse del ave.
Alicia iba preparada para responderle. Mientras hablaba con él, Tirsa se colocó a sus espaldas y Ramón a un lado con semblante amable.
A un pequeño gesto entre las mujeres, Tirsa sacó de entre sus ropas un martillo y tomándolo con ambas manos lo alzó y mientras Alicia lo entretenía con su charla descargó un certero golpe en la cabeza del odiado Victoriano.
Ramón rápidamente cogió el rifle que Victoriano tenía recargado en la pared y huyó corriendo.
El negro se desplomó con el cráneo fracturado y Tirsa le asestó un segundo martillazo. Alicia tomó el cuchillo que Victoriano había soltado y lo hundió varias veces en su cuerpo, buscando el corazón.

El USS Yorktown (PG-!). Llegó sincronizadamente.
Ambas mujeres descargaron su ira sin que el negro pudiera ya reaccionar.
El primer martillazo de Tirsa fue contundente y quizá desde el segundo ya estaba muerto.
El niño Ramón se detuvo a unos metros para voltear a ver que sucedía y sólo vio al odiado mulato tirado en el suelo, sangrando.
Su madre le ordenó traer grasa para incinerar el cadáver, pero precisamente en ese momento Ramón alcanzó a ver un barco en el horizonte.
A los gritos de todos y todas se apresuraron a encender una fogata con grasa de pájaro que, efectivamente los norteamericanos del barco alcanzaron a ver.

El telegrama Zimmerman fue incautado y decodificado por el Servicio de Inteligencia Británico MI-6.

Ese buque, el Yorktown de la Armada norteamericana se acercaba a la isla, presuntamente buscando enemigos alemanes.
Una versión publicada en El Sur de Acapulco en notas de Anituy Rebolledo Ayerdi afirma que el padre de Alicia, en uno de sus tantos esfuerzos, convenció al cónsul británico en Salina Cruz, quien era su vecino, de que interviniera con los norteamericanos solicitando ayuda y esa habría sido la razón de la presencia del Yorktown.
Estados Unidos había entrado en la Gran Guerra en abril

Arthur Zimmerman

de ese año al lado de Francia e Inglaterra, como consecuencia directa de la interceptación por los ingleses del famoso “telegrama Zimmerman”, un mensaje secreto enviado por el Ministerio de Asuntos Exteriores del Kaiser en enero, dirigido al embajador alemán en México Heinrich von Eckardt, con instrucciones encriptadas –que también decodificó el M-I6- de proponer al presidente mexicano Venustiano Carranza una alianza militar contra los Estados Unidos. Le planteaba declarar la guerra a los norteamericanos y ofrecía aportar abundantes recursos bélicos y monetarios y a cambio la promesa de que México recuperaría Texas, Arizona y Nuevo México al ser derrotados.
México no participó en la Guerra con ningún bando y cuando los norteamericanos intentaron un reclamo al gobierno mexicano sobre el telegrama, Carranza emitió una respuesta fácil y simple. “Fue una propuesta que nunca atendimos”.

Woodrow Wilson

Sin embargo, el telegrama sirvió al Presidente Woodrow Wilson para convencer al congreso de que su país debía defenderse de los alemanes. En ambas cámaras había un importante número de legisladores que preferían aliarse con Alemania y en Wall Street esa opinión prácticamente era consenso. Pero Wilson siempre pensó lo opuesto y el telegrama le ayudó a salirse con la suya.
El gobierno de Carranza había estado enfrascado con el norteamericano en las negociaciones para que su ejército encabezado por General Pershing abandonara el Estado de Chihuahua invadido por la llamada Expedición Punitiva, en busca de Pancho Villa luego de que

Estados Unidos ofreció cinco mil dólares por la cabeza de Villa, tras el asalto a Columbus.

atacó el poblado de Columbus el 9 de marzo de 1916. La invasión por “Palomas” inició el 15 de abril y concluyó hasta febrero de 1917, después de la decisiva Batalla de Carrizales, cerca de Villa Ahumada, donde los carrancistas propinaron una humillante lección a los gringos. En ese lapso, Carranza también preparaba la promulgación de la Constitución de 1917, que no era del pleno agrado de Washington por, entre otras cosas, contener la declaración de los recursos del subsuelo, como los metales y el petróleo, como propiedad exclusiva de la nación.
El caso Clipperton no sólo era un tema de menor importancia para el gobierno carrancista, sino que, como lo explica el escritor chihuahuense Víctor Hugo Rascón Banda, sus generales consideraban al destacamento militar mexicano en la isla como miembro de un gobierno derrocado, del que formalmente fueron enemigos, el de Huerta.
Cuando tropas del Yorktown desembarcaron en Clipperton sólo encontraron mujeres y niños, enclenques, famélicos, con dramáticas muestras de desnutrición e indudables huellas de sufrimiento.
El teniente Kerr encontró el cadáver del mulato que se creyó rey en un charco de sangre aun fresca. Las mujeres confesaron y narraron los hechos que habían sufrido durante dos años ante el asombro de sus salvadores.
El capitán Harlan Page Perrill, conmovido por lo que escuchaba, decidió omitir en su informe el detalle del homicidio cometido por las mujeres y el cadáver de Victoriano fue abandonado donde murió.

El capitán Harlan Perril.

La tripulación se encargó de atender a las víctimas del cruel abandono y a petición de Alicia viuda de Arnaud el Yorktown se dirigió al puerto de Salina Cruz, donde ella sabía que radicaba su padre.
Tres días después, el sábado 21, anclaron frente a la costa.
Antes de llegar habían avisado de lo sucedido a la capitanía que se encargó de transmitir la increíble y emotiva noticia al padre de Alicia. Éste, a su vez, radiante de incontenida felicidad, la hizo del conocimiento del pueblo y del alcalde.
El capitán Perrill narra en una carta escrita ese día a su esposa:
Poco después de anclar arribó un bote con el cónsul británico, el alcalde y el señor Rovira. Varios hombres rompieron a llorar como niños al ver el encuentro de padre e hija. Era como si volviera a él desde la tumba.

Esta foto de las 3 mujeres , Alicia, Altagracia y Tirsa fue tomada por uno de los tripulantes del Yorktown cuando fueron rescatadas. Al fondo se ven las barracas donde murió Victoriano Álvarez

Había insistido decenas de ocasiones por carta y personalmente ante funcionarios del gobierno inquiriendo por ellos y siempre obtuvo la misma respuesta: Todos habían muerto… Rivera comento al cónsul que nunca había lamentado tanto no hablar inglés para agradecer al capitán que le hubiera regresado a su hija.
Ciertamente, apenas es imaginable la enorme carga emocional que implicó aquel encuentro.
Un padre que ha vivido por años atormentado por la angustia de saber que su hija amada, sus nietos y su yerno están abandonados en una isla inhóspita; y luego, de recibir frecuentemente la información de que todos estaban muertos, pero sin confirmación probatoria. Un padre martirizado y agobiado por la rabia y el rencor contra un gobierno insensible y cruel que se negaba sistemáticamente a prestarles ayuda y, de ser cierto lo que le informaban, que los había dejado morir en el abandono.
Un padre que vivió más de 20 largos meses anhelando ir a Clipperton para rescatarlos o por lo menos cerciorarse de qué había sucedido y que jamás obtuvo ni la nave ni el permiso necesarios para hacerlo.
Un padre que contuvo y acumuló durante todo ese tiempo ese martirio y un día, quizá cuando menos lo esperaba, recibe la noticia de que su hija viene a su encuentro en un barco que llegara mañana.
Y una hija que sufrió en su carne y en su alma todo lo que ya sabemos pero somos incapaces de describir o imaginar, que vio sufrir a sus pequeños hijos el hambre, la crueldad y la desnutrición que finalmente acabó con la vida del pequeño Ángel, víctima de raquitismo como lo hace saber su sobrina nieta Gabriela Guzmán Arnaud en conversación por Facebook.
Una hija, madre y esposa que tuvo la enorme valentía de soportarlo todo y que al ver a su padre se despojó de la fortaleza que la había sostenido y se arrojó en su brazos.
El encuentro entre ambos, como menciona el capital del Yorktown, hizo llorar a los testigos. No fue para menos.
Después de ese emotivo momento el alcalde de Salina Cruz invitó a todos a un gran festejo que se celebró en el hotel Gambrin al que acudió medio pueblo, organizado por la autoridad municipal. Salina Cruz entero estaba de fiesta. No sólo los rescatados eran festejados, sino, en primer lugar, el motivo era agradecer a los norteamericanos que los rescataron. El agradecimiento de la población se volcó ante ellos con enorme sinceridad y auténtico regocijo de tal forma que la celebración se prologó por tres días y por supuesto abundó la cerveza. Alicia entró al salón de baile del Gambrin transformada, resaltando su belleza. Parecía una mujer distinta a la que llegó en el Yorktown. Iba bien peinada, con el cabello arreglado y corto, que no se usaba en esa época, con un hermoso vestido y algunas joyas que le proporcionó la nueva esposa de Don Felix, quien muchos años atrás había enviudado de la madre de sus hijos.

Alicia Rovira al acudir a la fiesta.

Los niños llegados de Clipperton no conocían un perro, ni un gato, ni una vaca, menos el ferrocarril y los autos, y la comida les parecía extraña, pues sólo recordaban pájaros y peces, pero no se mostraron antisociales. Les fascinaron los pasteles.
Rosalía Nava, de 13 años, la adolescente rescatada, se hacía cargo de dos pequeños huérfanos de padre y madre y quizá fue la más asombrada de todo lo que veía, pues había llegado a la isla siendo aún una niña y no había salido de ella desde entonces. Quedó encantada con el mole oaxaqueño que se sirvió en el banquete.
Rita, Tirsa, Rosalía Nava y los otros niños se acomodaron provisionalmente en casas de familias locales que fueron sumamente amables y hospitalarias.
A pesar de la felicidad de ese momento, el señor Rovira y su hija Alicia también lloraron de tristeza y de dolor por el pequeño Ángel, tan débil y desnutrido que era incapaz de sostener sus propias extremidades. El niño murió unas semanas más tarde, víctima del abandono del gobierno, pues ya no fue posible restablecerle la salud.
El capitán Perryl recordó para sí que en su primer encuentro con Alicia al abordar el Yorktown le pareció una mujer mental y emocionalmente fuerte, inteligente y hermosa a pesar de su aspecto débil y maltratado, lo que corroboró en la fiesta. No dejaba de pensar en el momento en que ella le comentó que las mujeres estuvieron cerca de tomar la decisión de suicidarse. Lo plantearon cuando ya estando el Yorktown frente a la isla, la primera balsa que descendió del barco se regresó antes de llegar a la playa al percibir la dificultad provocada por las agresivas barreras. Alicia creyó que las abandonarían. Pero el teniente Kerr sólo regresó al navío para informar a su superior y habilitarse con mejores herramientas. También eso le narró Perryl a su esposa en la carta que aún se conserva íntegra y es una reliquia de su familia. También menciona en la misiva que corrigió a Alicia el año en que estaban, 1917, pues ella pensaba que era 1916. Alicia permaneció unos días al lado de su padre y luego ambos fueron a Orizaba a donde llegaron el viernes 23 de agosto de 1917. Ella quiso visitar el Gran Hotel de France, donde había contraído nupcias con su Ramón.
Pero antes de partir, un día llegó a Salina Cruz el alemán Gustav Shultz, quien había permanecido en Acapulco desde que fue rescatado, empleándose como “práctico” de la capitanía del puerto y como encargado del tanque de agua potable que surtía a la población. Iba en busca de Altagracia, que en ese momento tenía 20 años. Fue ese otro emotivo encuentro. Pronto se casaron y como el país de Gustav estaba en guerra, decidieron que vivirían en México. Muchos años residieron en el barrio La Pocita, de Acapulco, y Gustav trabajó también como taquillero en el cine Salón Rojo. Al poco tiempo adoptaron un niño huérfano acapulqueño.

Víctor Hugo Rascón Banda

Fuerte y decidida como era, Alicia emprendió una exigencia ante las autoridades mexicanas demandando los salarios devengados por su marido durante su estancia en la isla, la pensión a la que tenía derecho y lo mismo correspondiente a sus compañeras viudas. Visitó en ese peregrinar, regularmente acompañada por Tirsa múltiples oficinas y funcionarios que uno tras otro se lo negaban.
Rascón Banda precisa que la respuesta de los jefes militares fue:
“Ustedes pertenecen a un ejército contra el que nosotros hemos luchado. Hay otro gobierno. Hay otra República, por tanto ustedes son enemigas nuestras. Y con esa mentalidad les niegan todo”.

General Francisco Luis Urquizo. El primero que escribió la historia de los abandonados en Clipperton.

Pero un día en ese trajinar conocen a un gran personaje, el entonces general de brigada Francisco Luis Urquizo Benavides, distinguido coahuilense que se había unido a la revolución con las primeras filas del maderismo a las órdenes de Emilio Madero. Al triunfo de su movimiento se incorporó a la Guardia Presidencial de Francisco I. Madero, y luchó a su lado durante la Decena Trágica. Tras el asesinato del presidente y el golpe huertista se evadió de la Ciudad de México y combatió al usurpador en el Ejército Constitucionalista al mando de Venustiano Carranza, organizando un batallón de zapadores con voluntarios de la región carbonífera de Coahuila, con el que atacó y derrotó en Candela a la guarnición federal al mando de José Alessio Robles el 8 de julio de 1913; también participó en la toma de Torreón y en el ataque a Monterrey con la División del Norte. Tras el derrocamiento del chacal, fue comandante de la Escolta del Primer Jefe del Ejército Constitucionalista. Siempre leal a Carranza fue designado Secretario de Guerra y Marina de su gobierno en 1920.
A él, que también fue notable historiador y prolífico escritor, le cuentan su tragedia Alicia y Tirsa antes de que fuera nombrado Secretario. Siendo un maderista indiscutido, jamás cayó en la falsedad de considerar al destacamento militar en Clipperton como “huertista”. Él se convierte en su representante, interviniendo a su favor ante las autoridades militares y en el primer cronista de esta historia. Escribió una radionovela que se transmitió en las primeras radiodifusoras que hubo en México y fue el primero que elaboró artículos para contarla en periódicos de la ciudad de México.
Cuando tuvo el mando del ejército se les concedió a las mujeres una pensión que duró muy poco y nunca se hizo extensiva a los huérfanos, pues Urquizo acompañaba a Carranza cuando pretendió huir de la Ciudad de México para establecer su gobierno en Veracruz y tras ser éste asesinado en Tlaxcalantongo, el 21 de mayo de 1920, el Secretario fue encarcelado junto con los generales Francisco Murguía, Francisco de Paula Mariel y Juan Barragán en la prisión militar de Santiago Tlatelolco. Tras ser liberado se exilió en Europa, donde se dedicó a escribir una trascendente obra que lo posiciona como integrante del movimiento literario de la Novela de la Revolución Mexicana al lado de Mariano Azuela, Mauricio Magdaleno, Martín Luis Guzmán y José Vasconcelos, de la que forma parte un libro sobre Clipperton.
Alicia murió en 1924 a los 35 años de edad y su pensión no trascendió a sus hijos.

El Escuadrón 201 fue abanderado en Texas por Urquizo.

Con Lázaro Cárdenas en la presidencia Urquizo regresó a México y desempeñó un importante papel en la consolidación del poder presidencial frente al Maximato de Plutarco Elias Calles. Fue ascendido a General de División por el presidente Manuel Ávila Camacho; a partir de 1942, siendo subsecretario de la Defensa, impulsó la modernización del Ejército Mexicano, instituyó el Servicio Militar Nacional, formó la Brigada Motomecanizada, la Escuela de Clases y el Cuerpo de Paracaidistas. Concibió la creación del Escuadrón 201 de la Fuerza Aérea Expedicionaria Mexicana, que combatiría con los Aliados en el frente del Pacífico durante la Segunda Guerra Mundial, al cual abanderó en Greenville, Texas, el 23 de febrero de 1945. Luego fue designado secretario de la Defensa Nacional en el último tramo de ese gobierno. Recibió diversas condecoraciones de los gobiernos de Argentina, Cuba, Ecuador, Estados Unidos, Guatemala, Haití, Polonia y Venezuela y en 1967 la Medalla Belisario Domínguez del Senado de la República.
Cuando Urquizo recuperó el poder todas las viudas de Clipperton habían fallecido, ya sin pensión ni indemnización para ellas ni para sus hijos. Publicó 16 libros de temas históricos, incluido “El capitán Arnaud” de seis capítulos, subtitulado en sendas ediciones “La honda tragedia de la isla de Clipperton” y “La espantosa tragedia de la isla de la pasión”.
Urquizo murió el 6 de abril de 1969 en la ciudad de México y sus restos se encuentran en la Rotonda de las Personas Ilustres.
Cuando en México todo mundo había olvidado lo que alguna vez fue la disputa por Clipperton con Francia al final de la era porfirista, 22 años después de que ambas repúblicas acordaron someterse a un arbitraje a cargo del rey de Italia Vittorio Emannuel II, quien sobrevivió todos esos años, el 28 de enero de 1931, sin el menor preámbulo, el monarca emitió su laudo otorgando la propiedad de la isla a los franceses.
Ese mismo año el alemán Carl Bosch recibió el Premio Nobel de Química por su contribución a la producción masiva de amoníaco y fertilizantes nitrogenados, es decir el producto industrial que sustituiría al guano. Clipperton ya no significaba un atractivo en ese sentido, además de que, como ya vimos, el guano de la isla no daba resultado.

Carl Bosc, sintetizó el amoniaco y puso fin a la era del guano.

En Francia la noticia del laudo a su favor fue de mediano a bajo impacto. Los periódicos publicaron notas pequeñas y en posiciones secundarias y el público no mostró mayor interés. Pero en México el impacto fue doloroso. Ya no tanto por el valor que en algún momento supuso la isla, sino porque el hecho revivió las heridas derivadas de las pérdidas de territorio nacional. Se recordó que cuando el convenio con el árbitro Víctor Manuel III se acordó el 2 de marzo de 1909 y ratificó el 1 mayo de 1911, 24 dias antes de la dimisión de Porfirio Diaz, El Tiempo estuvo señalando insistentemente el peligro que representaba para México, e incluso para Estados Unidos, que una potencia europea tuviera control sobre un territorio tan próximo.

Una de las primeras reacciones de la prensa mexicana fue la de especular si la Doctrina Monroe se había olvidado.

Como todos sabemos, esta “doctrina” fue un principio filosófico y diplomático del imperialismo de los Estados Unidos en el siglo XIX, consistente en el criterio “América para los Americanos”, es decir, una clara oposición a la presencia de potencias europeas en el continente. Con esa mención, la ofendida opinión pública mexicana parecía recurrir a una tabla de salvación: que Estados Unidos interviniera para impedir que Francia se quedara con Clipperton.
Otra reacción inmediata fue calificar el laudo, tal cual lo publicó El Nacional, como “una cínica imposición del dictador italiano Benito Mussolini”.

Vittorio Emmanuel III. Un arbitraje injusto.

Ciertamente, en esos momentos el rey Vittorio Emmanuel III era simplemente un títere del fascista para quien México no representaba ningún interés político y Francia, en cambio, estaba en su primera fila, por lo tanto el prestigio internacional del rey no importó o, de hecho, ya no importaba al estado italiano.
También se revivieron lógicamente las acusaciones a Porfirio Díaz por haber aceptado someterse a un arbitraje cuando de hecho México ya tenía posesión de la isla y personal militar y civil ocupándola. Cobró relevancia la sospecha de que Díaz, específicamente por consejo del influyente ministro Limantour había cedido como un guiño a Francia, país al que ya había decidido como el destino para su exilio voluntario e, incluso, que fuese una condición secreta para ser aceptado. Por supuesto se subrayó el excelente recibimiento que tuvo el general mexicano por las autoridades galas que le colmaron de atenciones, como entre otras, la simbólica entrega momentánea de la espada de Napoleón, gesto de gran exclusividad protocolaria.
Es verdad que en aquel momento la designación de Vittorio Emanuel no parecía muy favorable a Francia, pues a la sazón Italia formaba parte de una alianza con el Imperio Austrohúngaro, enemigo de los galos, y estaba próximo el inicio de la Primera Guerra Mundial. Simultáneamente, sin duda, los mexicanos salvo voces como la de El Tiempo, sentían “seguridad plena” de que el arbitraje les sería favorable y, además que el laudo se emitiría en breve.

El fascista Mussolini acompañando a Hitler.

El propio Porfirio Díaz estaba completamente seguro de los derechos mexicanos. Por otra parte, de ninguna manera menor, el recurrir a arbitrajes internacionales fue una práctica recurrente en la época y asumirla insertaba a México en una comunidad de naciones civilizadas y razonables, fama de la que no gozaba ampliamente. La experiencia austriaco-francesa de 1862-1867 y el fusilamiento de Maximiliano estaba todavía latente. Por consiguiente, para el gobierno de Díaz era imperante mantener la cordialidad con los galos y sin duda, atender la decisión del Papa Pio X, que finalmente fue quien designó árbitro a Vittorio Emanuel III. Como dice Mateo Arias Díaz, la política exterior del periodo tenía como enfoque el entablar buenas relaciones con las potencias europeas, por lo que no tenía caso enturbiar la débil amistad con Francia.
Pero más allá de las emotivas reacciones de la prensa, en México el gobierno de Pascual Ortiz Rubio no opuso ningún pero ni emitió ningún desacuerdo con el arbitraje. En principio, el acuerdo porfirista establecía que su resultado sería inapelable.
En síntesis, el árbitro resolvió que México no hizo efectiva la soberanía de la isla equivalente a que, a partir de la independencia de la Nueva España y precisamente como consecuencia de ella, todas sus islas, islotes y arrecifes en ambos mares que no tuvieran encima una bandera, un puñado de pobladores y algún género de explotación económica, pasaban a la situación de res nullius.
En tal caso, algunos especialistas han sugerido que las reclamaciones históricas de ambos países debieron haber sido consideradas nulas por la mutua falta de contundencia, dejando la soberanía de la isla en manos de quien hubiese emprendido la primera posesión efectiva – es decir, animo et corpore -, lo que remite a las ocupaciones militares mexicanas de El Demócrata y de Ramón Arnaud.

Bernardo Sepulveda Amor

Como apunta el exsecretario mexicano de Relaciones Exteriores Bernardo Sepúlveda Amor, el concepto válido y superior en el derecho internacional es la ocupación. Y Francia nunca jamás ocupó la isla, a diferencia de los mexicanos. Además, Francia sólo la obtuvo para abandonarla.

Dimensión de la Zona Marítima Económica Exclusiva de Francia en torno a Clipperton, sobrepuesta en el mapa de la Francia continental.

Congruente con su política de sostener su palabra en las lides internacionales, México procedió a reformar el artículo 42 de su Constitución Política el 18 de enero de 1934 para suprimir a la isla de Clipperton de su territorio y permitir que los franceses tomaran posesión de ella en enero de 1935.

Desde entonces, gracias a Clipperton, Francia tiene bajo su jurisdicción una Zona Marítima Económica Exclusiva en el Océano Pacífico, de 425 mil kilómetros cuadrados, a más de 10 mil 600 kilómetros de distancia de París, una superficie más grande que el tamaño de Paraguay, o casi cuatro quintas partes del tamaño del territorio continental de Francia que mide 543 mil 940 km cuadrados, en la zona atunera más rica del planeta y una de las áreas de pesca más ricas del mundo. Irónicamente, le permite capturar atún a México libremente en ella, gracias a un acuerdo diplomático.
Con guano o sin él, fue sin duda un gran regalo de Mussolini o de quien haya sido.
Pero la historia de Clipperton continúa.

LA INVASION NORTEAMERICANA

A fines de la década de los 30, cuando la isla ya era francesa, el presidente norteamericano Franklin Delano Roosevelt visitó Clipperton, sin desembarcar en ella, para disfrutar de su deporte favorito: la pesca. Iba rumbo a las Galápagos pero en el trayecto se encontró con magníficos cardúmenes de atún y otras especies.

Roosevelt tuvo buena pesca en Clipperton.

Le fue estupendamente y a los meses regresó. Ya entrada la siguiente década e iniciada la conflagración bélica en Europa que derivaría en la Segunda Guerra Mundial, surgió en su mente que Clipperton podría ser una excelente base aeronaval para los Estados Unidos por su localización en la inmensidad en el Océano Pacífico, que como todos sabemos es el cuerpo de agua más grande del planeta, mayor que toda la superficie de tierra junta. También pensó que al terminar la guerra podría servir para la aviación comercial.
El 20 de abril de 1943 Roosevelt visitó México y se reunió con el Presidente Manuel Ávila Camacho en Monterrey. Fue una visita que se mantuvo en secreto hasta unas pocas horas del encuentro esa tarde, a petición de los norteamericanos por razones de seguridad, pues Estados Unidos ya estaba en guerra y formalmente México también. En sus conversaciones, que abordaron una gran cantidad de

Roosevelt con Ávila Camacho en Monterrey.

asuntos, principalmente relacionados con la compleja relación comercial restringida por la situación bélica, Roosevelt planteó el tema Clipperton. Le dijo al mandatario mexicano que pensaba que la isla debía pertenecer a México, le confió la importancia que podría desempeñar en viajes aéreos tanto comerciales como militares, así como por su proximidad al Canal de Panamá y le pidió que mientras durara la guerra su gobierno impidiera que cualquier persona viajara a ella desde territorio mexicano. Ávila Camacho aceptó y cumplió como veremos poco más adelante.
Winston Churchill compartía la visión de Roosevelt aunque no hay datos para saber si lo habían discutido directamente. Era lógico pensar en la posición geográfica de la isla como estratégica en términos militares.
Cinco meses después Roosevelt envió en misión secreta a Clipperton al almirante Richard Evelyn Byrd, famoso por sus exploraciones y descubrimientos en el Polo Sur, quien realizó puntuales mediciones y exhaustivos análisis del terreno y el área circundante.

Richard Evelyn Byrd

Francia estaba demasiado ocupada perdiendo la guerra frente a Hitler y ni siquiera se enteró de lo que sucedía en su flamante territorio.
El objetivo de Roosevelt era construir una base aérea con 3 pistas terrestres y otra para hidroplanos, algo verdaderamente ambicioso.

Patrick Gordon Taylor

Byrd concibió un proyecto que implicaba disecar la laguna y derribar el Farallón, dotar al atolón de enormes depósitos para almacenar combustibles, habilitar un puerto para posibilitar grandes descargas e instalar sistemas de radar y de análisis meteorológico, además de viviendas e infraestructura de primer nivel para los trabajadores. Regresó a Washington y presupuesto su idea en la fabulosa cantidad de 22 millones de dólares para culminarse en 3 años.
En el inter, septiembre de 1944, el hidroavión PVY de la Royal Air Force despegó de Belice al mando del aviador australiano Patrick Gordon Taylor, también de manera secreta, quien basándose en la antigua ruta de la Nao de China acuatizo en la laguna de Clipperton sin dificultad. El personal técnico inspeccionó y tomó datos y apresuró preparativos para regresar, al percibir que se acercaba una tormenta. No contaban con la gran velocidad de los vientos, que antes de intentarlo los sorprendieron con su violencia, pues realmente se trataba de un huracán que les impidió partir. El frágil avión, estacionado en la laguna, estuvo a punto de ser destruido, pero un intrépido oficial penetró en las aguas pestilentes, logró encender motores y puso la nave en posición de menor impacto logrando salvarlo.
El hecho le dio a los británicos valiosa información sobre las condiciones climáticas de la zona y aparentemente desistieron de sus planes, cualquiera que hayan sido.
Cuando se enteró de la visita británica, Roosevelt enfureció y ordenó una inmediata supervisión aérea, que partiendo del acorazado Nevada fotografió una balsa abandonada en la laguna y una portería de soccer en la playa, milagrosos sobrevivientes del huracán. Fue suficiente “evidencia” para que el presidente ordenara a la marina ocupar militarmente la isla, sin avisar a los franceses.

Boyd Mason a bordo del LST 563.

Boyd Mason, un entonces joven marino de Idaho que participó como intendente en la misión, narró su recuerdo en un excelente documental del Grupo Concord. Cuenta que su embarcación, el LST 563, un buque de desembarco de tanques nuevecito que recién había sido botado el 1 de mayo de 1944 y puesto en servicio el 20 del mismo mes, partió de California a mediados de diciembre sin conocer su destino preciso.
La suya era una misión secreta. En un sobre cerrado con órdenes personales del presidente de abrirlo 24 horas después de zarpar, el capitán encontraría las instrucciones específicas. Llevaban ya un día navegando cuando se enteraron que irían a Clipperton. Al llegar el 21 de diciembre intentaron arribar por el suroeste, pero no lo lograron. Luego decidieron probar por la orilla nordeste, y sólo lograron chocar con un arrecife donde el barco encalló.
Así de simple.

El LST el día que fue botado
Roosevelt no podía contener su enojo. Había pensado en justificar su invasión argumentando ante los franceses la eficiencia de su ejército y la necesidad de operar con secrecía, y con ese accidente sólo tenía para contar un ridículo sin justificación ninguna. Fuera de sí, lo cual era poco frecuente en él, instruyó que quería solucionado ese asunto de inmediato.

Adefesio encallado por décadas.

Mason relata que trataron de desencallarlo con un cable, pero se les enredo en las hélices y acabo rompiéndose y dañándolas.
El alto mando ordenó que otros barcos fueran en su auxilio y la crisis se expandió en la U.S. NAVY como mancha de aceite en el océano cuando reportaron un fracaso tras otro.

Maniobras para tratar de desencallar al LST 563.

Luego de 6 semanas, hartos de intentos infructuosos y tras un incalculable volumen de gastos, finalmente lo evacuaron y lo abandonaron el 9 de febrero de 1945.
Para colmo, el buque era un patrocinio como aportación a la guerra de la multimillonaria N. E. Senescall, una distinguida dama de la alcurnia de Missouri que lo había donado específicamente por su relación personal con el presidente, por lo que tuvo que ser él quien le compartiera la infausta noticia y pusiera su cara de baqueta, como también se dice en México.
Un adefesio de 100 metros de eslora permaneció en Clipperton como vergonzoso testimonio durante 50 años. A mí me tocó verlo en 1977.
Los norteamericanos perdieron el barco y 6 lanchas de desembarco y se enfocaron en rescatar toneladas de armamento y dinamita, gasolina y diésel, así como cientos de miles de municiones y el equipo para construir una estación meteorológica.

La estación metereológica se construyó en muy poco tiempo.

La estación se instaló, significando el único objetivo logrado, y a las semanas comenzó a enviar 4 reportes informativos diarios.
Cuando al despistado Charles de Gaulle le llegó la tardía noticia, ordenó a su embajador en México que enviará a alguien a Clipperton a ver qué estaba ocurriendo.
El embajador le delegó la misión al duque de Caraman un joven e inexperto agregado que investigó el asunto y pronto obtuvo confirmación de que los norteamericanos operaban desde la isla. Entonces el embajador le ordenó que “hiciera lo necesario” para ir a Clipperton e izar allí el pabellón azul blanco y rojo.
Se dispuso a fletar un barco para cumplir la misión cuando prontamente se enteró en Acapulco que estaba prohibido por el gobierno mexicano viajar a Clipperton, fuese quien fuese. No se amedrentó y decidió desatender la prohibición y continuar con los preparativos.
Cuando estuvieron listos y se disponía a partir, toda la tripulación fue arrestada.
De Gaulle se indignó, pero no pudo hacer más.

El Duque de Caraman haciendo memoria.

Semanas después Roosevelt, Churchill y Stalin se reunieron en Malta para decidir el futuro del mundo, pues la guerra estaba por terminar y la derrota nazi era inminente. Roosevelt y Churchill decidieron dejar el tema de Clipperton para mejor ocasión y De Gaulle ni siquiera fue invitado a esa reunión.
Roosevelt murió días después, el 12 de abril, sorpresivamente, en su casa de retiro de Warm Springs, Georgia de un infarto cerebral masivo y los norteamericanos abandonaron Clipperton dejando un tiradero de toneladas de materiales, incluyendo municiones, equipos diversos y chatarra. Su sucesor Harry S. Truman simplemente borró a la isla de su mapa mental, pues ya tenía a la vista cómo resolvería la guerra con Japón, para lo cual no necesitaba una base en una isla pérdida en el Pacífico.

LAS ESPECIES HABITANTES DE CLIPPERTON

Luego de eso Clipperton permaneció abandonada muchos años.
En ese tiempo se multiplicaron de nuevo los cangrejos, prosperó exponencialmente la población de pájaros bobos con nuevas familias y crecieron las palmeras que plantaron los norteamericanos.
Pero hubo un importante paréntesis.

Este tipo de cerdos fueron introducidos en Clipperton y exterminados por Ken Stager.

Desconozco quienes en la primera mitad del siglo pasado introdujeron en algún momento cerdos salvajes o jabalíes en la isla, que sí devoraban cangrejos y huevos de aves y provocaron una gran alteración del ecosistema.
Island Conservation es una organización sin fines de lucro con la misión de «Restaurar islas para la naturaleza y las personas en todo el mundo.» Por lo tanto, ha centrado sus esfuerzos en islas con especies clasificadas como en peligro crítico y en peligro de extinción en la Lista Roja de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN). Fue fundada por Bernie Tershy y Don Croll, ambos profesores del laboratorio Long Marine de la Universidad de California en Santa Cruz (UCSC). Un día se enteraron de la historia de la Isla de Clipperton, que había sido visitada por el ornitólogo Ken Stager del Museo de Historia Natural del Condado de Los Ángeles en 1958 y publicado su reporte. Stagaer, el mismo que

Ken Stager

realizó en la década de los 50 una gran clasificación de las aves de la Barranca del Cobre en Chihuahua, consternado por las depredaciones realizadas por los jabalíes en las colonias de piquero pardo y alcatraz enmascarado de la isla que habían sido reducidas de decenas de miles a tan sólo 500 y 150 aves, respectivamente, Stager adquirió una escopeta, se embarcó a la isla y eliminó a los 58 jabalíes. En 2003, las colonias contaban con 25 mil piqueros marrones y 112 mil piqueros enmascarados, la segunda colonia de piqueros marrones más grande del mundo y la más grande del mundo de piqueros enmascarados.
Por lo que respecta a los cangrejos han llegado a ser tal vez millones de ejemplares en un mismo momento según un cálculo científico de la bióloga mexicana Vivianne Solis-Weiss, una oceanógrafa con más de 30 años de experiencia en las áreas de taxonomía y ecología de comunidades bentónicas, es decir de organismos que viven en el fondo de los cuerpos de agua tanto animales como vegetales. Doctora en Oceanografía Biológica ha realizado la descripción de más de 40 especies de anélidos poliquetos, realizado 13 cambios de estatus taxonómicos, y creado 64 nuevos registros de especies. En homenaje a su labor científica le dedicaron la denominación de Parandalia vivianneae en 1986, y Lumbricalus vivianneae en 2004. Desde 1979 es jefa del laboratorio de Ecología y Biodiversidad de Invertebrados Marinos, del Instituto del Mar y Limnología de la UNAM. En 2000 recibió el título de Investigador Titular C en el mismo instituto. Sus líneas de investigación forman parte de estudios en ecología, taxonomía, zoogeografía y biodiversidad y el manejo de zonas costeras e indicadores de contaminación, así como en el estudio de microplásticos y sus efectos en organismos marinos. Es miembro del Sistema Nacional de Investigadores desde 1984, y en 2000 alcanzó el nivel III. También forma parte de la Academia Mexicana de Ciencias desde 1993, impresionantes credenciales que la califican como experta ideal para que nos hable de lo que ha visto en la isla.

Vivianne Solis

Vivianne confiesa que sus dos grandes pasiones son, una las Ventilas Hidrotermales, volcanes submarinos donde las placas teutónicas se separan y por las que brota lava a 400 grados procedente del centro de la tierra y se localizan a partir de los 2 mil 500 metros de profundidad. Las ha visitado en submarinos norteamericanos. En ellas se ha detectado vida desarticulada de la terrestre o de las manifestaciones superficiales. Son auténtica y literalmente otro mundo.
Y su otra pasión es Clipperton.
Ha visitado la isla varias veces con equipos de destacados científicos mexicanos y extranjeros, incluyendo franceses, sus actuales dueños.
Los cangrejos de Clipperton no son comestibles para los humanos. De hecho, son sumamente tóxicos. Taxonómicamente están clasificados con el nombre de Johngarthia Oceanica, de la familia Gecarcinidae, de la etimología griega Cangrejo de Tierra, pero visitan el mar periódicamente, donde se reproducen y desarrollan sus larvas. Respiran con branquias infladas. Son Decápodos, y sus diez patas están divididas en dos grupos: las delanteras, o quelas, que se usan principalmente para atrapar y sostener presas y las traseras que les sirven para caminar y nadar. Las patas delanteras tienen una superficie áspera y pinchuda llamada «dáctilo», que ayuda al cangrejo a sostener y romper presas. Las traseras son más finas y flexibles, lo que les permite doblarse y moverse con mayor facilidad. Aunque son omnívoros se alimentan principalmente de algas y plantas pero también de carroña y de animales ocasionalmente vivos, como polluelos de pájaros y calamares. Tienen dos pares de ojos: los compuestos y los simples. Los compuestos se encuentran en la parte superior de la cabeza y se integran por muchas lentes pequeñas que le permiten ver en múltiples direcciones a la vez. Los ojos simples se encuentran en los extremos de los apéndices frontales y además de detectar la luz y las sombras son cruciales para la orientación y la

El cangrejo de Clipperton

detección de posibles depredadores. Tienen una mandíbula dura y segmentada que les permite triturar y masticar alimentos duros. Su corazón está ubicado en la parte superior de la cabeza. Su sistema digestivo se divide en estómago, intestino medio e intestino posterior. También tienen pelos sensoriales llamados «setas», que se encuentran en todo su cuerpo y les permiten detectar su entorno. Estos pelos son especialmente útiles para sentir cambios en las corrientes, de agua o de viento y detectar presas u otros organismos cercanos. Llevan el nombre del naturalista estadunidense John S. Garth que vivió en el siglo XX. Se caracterizan por su color naranja intenso. También se les conoce como Cangrejo de Clipperton, pues son endémicos de esa isla y de Socorro, del Archipiélago de Revillagigedo.
Su población se ha visto notoriamente alterada a través de los años.
Cuando yo conocí Clipperton no había vegetación. La doctora Viviane Solis visitó Clipperton 20 años después, en 1997 y tampoco vio población vegetal en la superficie. Comenta de entonces que la impresionaron los cangrejos, voraces y dominantes. Pero la más reciente ocasión que regresó, en 2015, vio una isla transformada.

Basura y más basura.

La basura abundaba por doquier. Plásticos, redes pesqueras cepillos de dientes, zapatos y un sinfín de desechos, que incluyen – signo de los tiempos- paquetes de drogas como mariguana y cocaína que los narcotraficantes arrojan al mar cuando se ven descubiertos.

Nada extraordinario. “Es lo mismo que encontraríamos en cualquier playa de la Riviera Maya, del Mediterráneo o del Pacífico si no hubiera quien las limpiara dia con día”. De hecho la basurta abunda en todas las llamadas “playas vírgenes” del planeta.
En efecto, la cantidad de toneladas de basura que diariamente la actividad humana arroja al mar es cada vez mayor. Esto no era igual hace tan poco tiempo como a fines del siglo pasado. Debido a que está deshabitada hoy la legendaria Isla de Clipperton es un enorme basurero, pues obviamente las expediciones científicas

La b asura es ya una característica de las playas «vírgenes»,

que la visitan de cuando en cuando no van a limpiarla.

Una vista de la laguna invadida por el mar.

No sólo esa novedad encontró la distinguida científica.
Debido al calentamiento global y a la elevación del nivel del océano, el agua del mar está llegando ocasionalmente a la laguna cuando sube la marea. De hecho ya hay peces en ella, lo que nunca había visto el ser humano. Es una noticia interesante para los biólogos, como ella, que espera que el hecho tenga significativa trascendencia.
Por otra parte, encontró que los cangrejos ya no son agresivos, sino viven más a la defensiva y su número se ha reducido notoriamente. También que la isla está verde.
La razón: en 2003 encalló en la playa de Clipperton un barco chino con ratas.

Las ratas ahora se enseñorean en Clipperton.

Hoy son una presencia de altísimo impacto, pues atacan a los cangrejos y se comen los huevos de las aves. Las expediciones científicas que han acampado en los últimos lustros han sido testigos de sus ataques.
No es necesario remarcar que la presencia de las ratas está rompiendo drásticamente el milenario ecosistema de la isla y que el hombre debe actuar sin demora.
Los otros pobladores principales de Clipperton son los pájaros bobos que contrariamente a lo que sugiere su mote, son muy listos y diestros. Ciertamente no caminan como modelo en pasarela, sino más parecido a los pingüinos, pero poseen adaptaciones notables que les permiten prosperar en sus diversos hábitats y son excelentes clavadistas y nadadores a la hora de cazar. Los distingue su fino plumaje de llamativa coloración en blanco, marrón y negro, mezclados en intrincados patrones únicos para cada inconfundible individuo, que utilizan como camuflaje durante la caza y en exhibiciones de sus danzas de cortejo para atraer pareja. Una vez apareados construyen juntos un nido muy simple en el suelo de las playas y peñascos que habitan y también empollan mutuamente. Su cuerpo aerodinámico y largas alas les permiten navegar por el aire con gracia y agilidad e incluso capturar peces voladores. Su pico puntiagudo y cónico los habilita para penetrar a gran

Pájaro Bobo Sudcaliforniano

velocidad en el agua en su picada desde alturas de 30 metros y zambullirse para alcanzar a sus presas aun a profundidades de 20 o 25 metros bajo la superficie. Algunos, no todos, tienen patas azules y otros rojas, debido a los pigmentos catorenoides de su alimentación a base de peces, calamares y crustáceos. Las hembras son ligeramente más corpulentas y los machos tienen colas más grandes. Para refrescarse utilizan el método de enfriamiento llamado urohidrosis, es decir, defecan y orinan en sus propias patas. Una vez que los polluelos nacen, su crecimiento y desarrollo son rápidos. En cuestión de semanas desarrollan sus plumas de vuelo y poco a poco se van independizando de sus padres.
Las población de aves ha descendido sustancialmente, también debido a la acción de las ratas y por supuesto nadie está haciendo nada al respecto.
Sin duda, la acción le corresponde a sus dueños, los franceses.

Tiburón martillo

En 1977 cuando yo fui a la isla, una especie abundante en las aguas circundantes eran los tiburones, principalmente los martillo, que llegan a pesar hasta 600 kilos y medir 6 metros y para quienes los seres humanos no son bocados muy atractivos, pues prefiere cardúmenes de especies más pequeñas. Durante el día no es difícil verlos gregariamente en grupos o escuelas hasta de 100, pero en las noches prefiere cazar en solitario. Forman parte de la lista roja de la IUCN como especie en peligro de extinción. Conviven en torno a la isla con otras 5 variedades de tiburones: los tigre, punta blanca, punta plateada, el sedoso, los galápago y no sé si se me escapa alguna otra. En la actualidad, la doctora Solís registró que hay menos ejemplares en general y son más pequeños, lo que se atribuye a la sobrepesca de atún, que no tiene ningún control y cada vez concurren más pescadores, autorizados y no. Se calcula que se capturan alrededor de 50 mil toneladas al año, lo que trasciende en un quebranto del equilibrio y provoca un ecosistema oceánico menos resistente al calentamiento, prometiendo su destrucción.

Ahora los tiburones son más pequeños por la sobrepesca de atún.

La doctora Solís opina que el hecho de que la Isla sea francesa permitiría que Francia, que es integrante del organismo mundial rector de la pesca de atún pueda desplegar su influencia y establecer reglas de protección y regulación que impidan prácticas nocivas.
Otra especie amenazada es el Pez de Cliipperton o Pez Ángel de Clipperton, endémico de la isla.
De Cuerpo corto y dientes diminutos rematados como cepillos, su esqueleto no es de hueso, sino cartilaginoso. No tienen costillas y sus músculos están fuertemente unidos a la piel. Tampoco tienen vejiga flotatoria y esta función la cumple el hígado. Obtiene el oxígeno a través de las branquias y debe estar en constante movimiento para ni morir asfixiado. Su nombre científico es Holacanthus limbaughi y en apariencia es parecido a una mojarra se caracteriza por su coloración azul oscuro con una mancha blanca en ambos lados de su cuerpo. Sus aletas dorsal y anal desarrollan un filamento en sus ángulos posteriores, aunque menos largos que en otras especies del género. Cuenta con una fuerte espina en el ángulo del preopérculo. Tiene 14 espinas dorsales, entre 17 y 18 radios blandos dorsales, 3 espinas anales y entre 17 y 18 radios blandos anales. La aleta caudal es recta en su margen posterior.

Ejemplar adulto de Pez Ángel de Clipperton, capturado por el servicio de Pesca y Vida Salvaje de la Región Pacífico Sudoeste.

De adulto, la coloración base del cuerpo, cabeza, y las aletas dorsal, anal y pélvicas, es azul grisáceo, con los bordes de éstas en azul eléctrico. Junto al borde posterior de las aletas pectorales, cuenta con una pequeña mancha blanca distintiva. Los especímenes jóvenes tienen la coloración de la cabeza y del cuerpo marrón grisáceo. Añaden a su librea hasta 7 rayas verticales, de color azul, de las cuales dos en la cabeza.Los machos, que son mayores que las hembras, miden hasta 25 centímetros de largo. Son comunes cerca de la orilla de la isla entre 6 y 10 m de profundidad pero es posible encontrarlos entre 2 y 100 metros.No es una especie migratoria, por lo que no se ha esparcido lejos de Clipperton. Es dioica o gonocórica , es decir existe en parejas y ovípara. Su comportamiento sexual es poligínico, reuniendo el macho un harén de unas 4 hembras, a las que corteja y fertiliza alternativamente. Los machos se comunican con las hembras mediante cambios temporales de coloración durante el cortejo. La fertilización es externa, desovando en parejas. Cada año tienen, al menos, una estación clara de desove. Tras la fertilización, los huevos flotan en la columna de agua durante 15 a 20 horas, hasta que eclosionan en larvas transparentes, que absorben el saco vitelino en 48 horas. Las larvas crecen rápidamente alimentándose de plancton, y cuando alcanzan los 15-20 mm mutan a la forma juvenil.

Cardúmen de atunes
Es extremadamente raro y su recolección está estrictamente prohibida debido a su rareza, por lo que está altamente cotizado en el mercado negro, lo que constituye su principal amenaza.
También hay grandes congregaciones de morenas ( no confundir estos peces anguiliformes de la familia Muraenidae con corrutos especímenes partidistas) y no faltan las langostas y gran cantidad de Jureles, que son muy sabrosos. El jurel,
Una «morena» de las no corruptas, que sí las hay.

Una «morena» de las no corruptas, que si las hay.

también conocido como chicharro o caballa española, es un pescado azul muy consumido en España, México y Portugal. Se caracteriza por su carne suave y su alto contenido en ácidos grasos omega-3, lo que lo convierte en una excelente fuente de proteínas y nutrientes esenciales. Su carne presenta una textura suave, ideal para cocinarlo al horno, a la plancha o en guisos. Es importante a la hora de prepararlo tener cuidado con el aguijón que presenta delante de la aleta dorsal, puesto que es venenoso y una lesión es sumamente dolorosa.
Se han registrado en torno a Clipperton 156 especies de peces

LA ANTIGUA NUEVA RIQUEZA

Pero no sólo eso. Clipperton sigue siendo una caja de sorpresas. Hay por lo tanto algo más, una enorme riqueza mineral que durante siglos se había ignorado.

Ecosistema con nódulos polimetálicos en el fondo del mar, alrededor de Clipperton. (Foto de Camila Loza Gómez, 2021).

La doctora Solís descubrió recientemente impresionantes yacimientos en el fondo marino en torno a la isla de enormes nódulos polimetálicos formados por capas concéntricas, ricos en manganeso, níquel, litio, cobre y cobalto, minerales de gran demanda para fabricar baterías. En todos predomina el manganeso.
Estos nódulos polimetálicos, previamente conocidos como nódulos de manganeso son concreciones esféricas que se han formado durante miles o millones de años sobre un núcleo duro que lo mismo puede ser un fragmento de coral o aun un diente de tiburón, comúnmente con tallas desde una canica y hasta una naranja. Pero en Clipperton Vivianne Solis los encontró de 20 centímetros y excepcionalmente mucho mayores. Fue ella la primera en descubrirlos y en traer muestras a su laboratorio en la UNAM. Otros yacimientos se encuentran en las planicies abisales entre 4000 y 6000 metros de profundidad. Las mayores cantidades se han encontrado en el Océano Pacífico.
En el último cuarto del siglo XIX las campañas oceanográficas Challenger recolectaron muestras de los fondos marinos de todo el planeta. De las recuperadas en la zona abisal en el Pacífico Central subtropical destacaron algunas parecidas a las geodas terrestres. Al analizarlas se les nombraron nódulos de manganeso, pero posteriormente se encontraron otros minerales en su composición. En el siglo 21 los nódulos han adquirido mayor interés en el desarrollo de energías limpias, pues sus metales son indispensables para construir paneles solares, turbinas eólicas, automóviles eléctricos y sus baterías y cruciales para su rendimiento, longevidad y densidad energética, así como también para el desarrollo de las tecnologías en comunicaciones. En consonancia con el Acuerdo de París sobre el Cambio Climático, se prevé que en las próximas dos décadas la participación de las tecnologías de energía limpia en la demanda total de estos metales aumente significativamente: más del 40% para el cobre y las tierras raras, entre 60% y 70% para el níquel y el cobalto, y hasta un 90% para el litio y el manganeso.
La Autoridad Internacional de los Fondos Marinos de Naciones Unidas coordina las actividades de exploración de los recursos en los fondos marinos fuera la j

Un nódulo mayor que una naranja nos muestra su interior.

urisdicción nacional y desarrolla instrumentos regulatorios, da seguimiento a la línea base, desarrollo de tecnología para la extracción, análisis de la viabilidad económica y cuida que no habrá un daño serio al ecosistema marino o pérdida de la diversidad. A la fecha más de 30 países han solicitado concesiones y se han establecido Áreas de Especial Interés Ambiental para proteger la diversidad.
Por otro lado, son parte de un hábitat único para el asentamiento de una diversidad biológica inusual sésil, es decir sujeta a su sustrato, como son corales, esponjas y fauna asociada.
Si bien ya se están haciendo pruebas piloto para la explotación a gran escala, todavía hay muchas cuestiones que resolver. Las compañías que quieren extraerlos y los ambientalistas exponen sus argumentos. Por un lado, las compañías sostenen que la minería submarina reduciría la contaminación de ríos, lagos y suelos que la minería en tierra provoca, reduciría el trabajo infantil, la deforestación de áreas tropicales y contribuiría a la disminución de dióxido de carbono, óxidos de azufre y nitrógeno. Por otro lado, los ambientalistas advierten de riesgos en daños al ecosistema pues si bien no hay una vegetación importante (porque a esa

Artefacto parea buscar y recolectar nódulos polimetálicos en el fondo del mar.

profundidad no llega la luz solar y por lo tanto no se produce la fotosíntesis) las especies animales son abundantes e incluso se siguen descubriendo nuevas. También se ha observado que hay especies de animales que se aferran a los nódulos polimetálicos.
Aquí llegamos a un punto crucial jamás imaginado por el hombre: la revelación del oxígeno escuro.
Todos sabemos que el oxígeno es un gas que se producen las plantas mediante la fotosíntesis y también que la mitad del oxígeno que respiramos procede del mar. Pero la observación de los nódulos polimetálicos ha llegado a una nueva conclusión: ellos también son generadores de oxígeno en las profundidades oceánicas donde no llega la luz ni existe vegetación.
Esto que hace muy poco pareciera descabellado, es hoy por hoy un hecho científico sorprendente:
«Si pones una batería en agua de mar, empiezan a producirse burbujas», explica el profesor Andrew Sweetman, de la Asociación Escocesa de Ciencias Marinas. “Eso

Una mano metálica los captura.

se debe a que la corriente eléctrica en realidad está separando el agua de mar en oxígeno e hidrógeno, que son las burbujas. Creemos que eso está sucediendo con estos nódulos en su estado natural”.
Es como la pila de una linterna», añadió. “Le pones una pila y no se enciende. Pones dos y tienes suficiente voltaje para encenderla. Entonces, cuando los nódulos se encuentran en el fondo marino en contacto entre sí funcionan al unísono, como múltiples baterías”.

Separación del oxígeno e hidrógeno.

Los investigadores pusieron a prueba esta teoría en el laboratorio, recolectando y estudiando nódulos metálicos del tamaño de una papa. Así midieron los voltajes en la superficie de cada masa metálica, esencialmente la fuerza de la corriente eléctrica. Y descubrieron que era casi igual al voltaje de una pila típica de tamaño AA.

Esto significa, aseguran, que los nódulos que se encuentran en el fondo marino podrían generar corrientes eléctricas lo suficientemente grandes como para dividir o electrolizar moléculas de agua de mar.

Los investigadores creen que el mismo proceso (producción de oxígeno alimentada por electricidad que no requiere luz ni intervenciones biológicas) podría estar ocurriendo u ocurrir en otros planetas y lunas, creando ambientes ricos en oxígeno donde la vida podría prosperar.
Lo que es innegable es que la explotación de los nódulos polimetálicos llegará pronto. Es cosa de que la tecnología necesaria llegue al nivel de desarrollo que garantice que no dañará el ecosistema de las profundidades del mar, que ciertamente, como se dice frecuentemente, conocemos menos que la misma luna.

Así luce Clipperton de lejos.

EFEMÉRIDE Clipperton (1)

 


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Autor

  • José Luis Muñoz Pérez
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