Pekín, China. – China registró en 2025 el mayor superávit comercial de su historia, alcanzando 1.19 billones de dólares, un incremento del 20 % respecto al año anterior, según datos oficiales de la Administración General de Aduanas.
A pesar de la intensificación de los aranceles impuestos por la administración Trump, que redujeron el superávit bilateral con Estados Unidos en un 22 %, las exportaciones chinas encontraron nuevos destinos con notable éxito. Las ventas hacia la Unión Europea, África, América Latina y especialmente el sudeste asiático crecieron con fuerza, compensando con creces la contracción del mercado estadounidense.
La estrategia china combinó varios factores clave:
- Una política deliberada de devaluación controlada, mantuvo los productos chinos muy competitivos en precio frente a la inflación persistente en Norteamérica y Europa.
- Un fuerte impulso a la sustitución de importaciones mediante políticas industriales agresivas, lo que mantuvo las compras del exterior prácticamente estancadas.
- Exceso de capacidad productiva interna y debilidad de la demanda doméstica, agravada por la prolongada crisis inmobiliaria que ha erosionado el poder adquisitivo de millones de hogares.
En diciembre, el superávit mensual alcanzó los 114,140 millones de dólares, el tercero más alto registrado, impulsado especialmente por envíos a mercados emergentes y del sudeste asiático.
Un mecanismo recurrente para sortear aranceles estadounidenses ha sido el triangulamiento comercial: componentes fabricados en China se envían a países de la región (Vietnam, Malasia, Indonesia, Tailandia) donde se realiza un ensamblaje final antes de exportar a EE.UU., aprovechando reglas de origen más flexibles.
Wang Jun, subdirector de Aduanas, señaló indirectamente a Washington al afirmar que “algunos países han politizado las cuestiones económicas y comerciales y han restringido las exportaciones de productos de alta tecnología a China”, limitando así el potencial de importación del gigante asiático.
El superávit manufacturero chino representa ahora más del 10 % de su PIB, una proporción sin precedentes en la historia económica moderna y muy superior a los máximos históricos de Japón (1993) y Alemania (2017), incluso ajustados por inflación.
La magnitud del desequilibrio ha generado preocupación internacional. La directora gerente del FMI, Kristalina Georgieva, advirtió recientemente en Pekín que China “es simplemente demasiado grande para generar mucho crecimiento a partir de las exportaciones” y que la estrategia sostenida podría incrementar las tensiones comerciales globales.
Sin embargo, el gobierno chino prioriza la preservación del empleo fabril como amortiguador frente a la crisis inmobiliaria, lo que explica su cautela para permitir una apreciación significativa del yuan.
El récord de 2025 confirma que, lejos de doblegarse, China ha conseguido darle la vuelta a la presión arancelaria estadounidense, redirigiendo su enorme maquinaria exportadora hacia prácticamente todos los rincones del planeta.
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