Moscú, Rusia.- Casi un año después de huir de Damasco el 8 de diciembre de 2024, el exdictador sirio Bashar al Asad vive en Moscú bajo una vigilancia excepcional y restricciones draconianas impuestas por Rusia. Según múltiples fuentes coincidentes, tiene prohibidas las apariciones públicas, los movimientos fuera de la capital están severamente limitados y cualquier actividad política le está vetada. Desde su llegada solo ha hecho una declaración pública, el 16 de diciembre de 2024, en la que aseguró que su salida “no estaba planeada” y que pretendía seguir combatiendo, pero que Moscú le exigió una “retirada inmediata”.
En septiembre de 2025 corrió el rumor de que Al Asad había sido envenenado y permaneció nueve días hospitalizado en estado crítico en las afueras de Moscú; Serguéi Lavrov lo desmintió un mes después asegurando que el exdictador “no tiene problemas para vivir en nuestra capital”. Los servicios de inteligencia rusos lo mantienen bajo protección extrema y sus desplazamientos son mínimos.Lujo, videojuegos y fortuna opaca
La familia reside principalmente en el moderno distrito financiero Moscow-City, en apartamentos de lujo con ventanales de suelo a techo, aunque también dispone de una villa en las afueras. Una fuente cercana citada por Die Zeit asegura que Al Asad “pasa gran parte de su tiempo jugando videojuegos en internet”. Entre 2018 y 2019 el clan transfirió al menos 250 millones de dólares a Moscú y adquirió 18 propiedades de alto standing. El Departamento de Estado de EE.UU. calcula la fortuna familiar entre 1,000 y 2,000 millones de dólares, procedentes en buena medida del narcotráfico de Captagon y otros negocios ilícitos.
Asma al Asad, diagnosticada con leucemia mieloide aguda en 2024 tras haber superado un cáncer de mama en 2019, permanece aislada en un hospital moscovita para evitar infecciones; los médicos le daban inicialmente un 50 % de probabilidades de supervivencia. Mientras, el Gobierno interino sirio de Ahmed al Sharaa reclama su extradición para ser juzgado por crímenes de lesa humanidad. Rusia se niega: Vladímir Putin le concedió asilo personalmente por “razones humanitarias” y el Kremlin ha reiterado que esa decisión es inamovible.Un año después de la caída de Damasco, el hombre que gobernó Siria con mano de hierro durante 24 años vive convertido en un prisionero de lujo en la capital rusa: rico, protegido… y silenciado.



