Ciudad de México.- En los últimos días, aeronaves estadounidenses han registrado movimientos significativos en territorio y espacio aéreo mexicano, alimentando especulaciones sobre una mayor cooperación bilateral en seguridad o posibles operaciones de vigilancia en el contexto de la lucha contra el narcotráfico impulsada por el presidente Donald Trump.
Este miércoles 22 de enero, un avión del Departamento de Justicia de Estados Unidos, identificado con matrícula N874TW, aterrizó en el Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México (AICM). Según datos de Flightradar24, la aeronave despegó desde la Base Conjunta Andrews, en Maryland, una instalación clave para operaciones gubernamentales estadounidenses. Aunque no se han revelado detalles oficiales sobre su propósito o pasajeros, el vuelo coincide con el incremento de la presión de Washington contra los cárteles.
Paralelamente, reportes en redes sociales y plataformas de rastreo detectaron el sobrevuelo de un dron de vigilancia MQ-4C Triton de la Marina estadounidense, con callsign BLKCAT5, en la Península de Yucatán y cercanías de Campeche. Esta aeronave no tripulada, especializada en monitoreo de largo alcance, ha realizado misiones recurrentes en el Golfo de México, posiblemente enfocadas en rutas marítimas de tráfico de drogas.
Estos eventos se suman al aterrizaje, el fin de semana anterior, de un avión C-130J Super Hércules de la Fuerza Aérea de EU en el Aeropuerto Internacional de Toluca. La presidenta Claudia Sheinbaum aclaró que la operación, autorizada desde octubre de 2025 por la Secretaría de la Defensa Nacional, consistió en trasladar a 39 funcionarios de la Unidad de Operaciones Estratégicas de la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana (SSPC) hacia Estados Unidos para recibir capacitación especializada. La mandataria enfatizó que no implicó ingreso de tropas extranjeras y anunció ajustes futuros al protocolo para evitar aterrizajes de aviones estadounidenses en suelo mexicano durante estas actividades.
La secuencia de vuelos ocurre en un marco de tensión bilateral, marcado por las declaraciones de Trump sobre designar a los cárteles como amenaza prioritaria y posibles acciones más agresivas. Autoridades mexicanas insisten en que se trata de acciones coordinadas y reguladas, aunque persisten interrogantes sobre el alcance real de la presencia aérea estadounidense en el país.
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