Washington, D.C.- El secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, se ha consolidado como la figura central en la conducción política y económica de Venezuela, ejerciendo una influencia directa sobre el gobierno interino de ese país tras la captura de Nicolás Maduro a principios de año.
De acuerdo con reportes de diplomáticos y funcionarios de ambas naciones, Rubio coordina de manera estrecha las decisiones del día a día con Delcy Rodríguez, quien ejerce la presidencia interina con el aval de Washington. La relación, descrita como vertical, abarca desde la aprobación de nombramientos en el gabinete venezolano hasta el control absoluto de las finanzas del país sudamericano.
Bajo el esquema actual implementado por el gobierno de Donald Trump, el Tesoro de Estados Unidos concentra los ingresos derivados de las exportaciones petroleras venezolanas y los distribuye de forma gradual a través de la banca privada. Este mecanismo permite al funcionario estadounidense condicionar el destino de los recursos y congelar el financiamiento a sectores vinculados con esquemas de corrupción.
La estrategia de la administración estadounidense prioriza la reconfiguración del sector energético para favorecer la entrada de corporaciones norteamericanas en detrimento de firmas europeas y rusas. Asimismo, el control de Washington se extiende a la política exterior y de seguridad, forzando la entrega de colaboradores del antiguo régimen, como el empresario Alex Saab, y coordinando operativos militares contra el crimen organizado en territorio venezolano.
A pesar de que los recientes terremotos en el país caribeño retrasaron los planes de reactivación industrial y la eventual transición democrática, Rubio mantiene la conducción del plan de estabilización. La postura del Departamento de Estado ha generado tensiones con sectores diplomáticos de carrera y con la oposición venezolana en el exilio, debido a la decisión de mantener la alianza operativa con Rodríguez en lugar de impulsar el retorno inmediato de liderazgos opositores.



