La paradoja juarense del PAN
En Ciudad Juárez, la dirigencia del Partido Acción Nacional navega en una encrucijada crónica. Su objetivo en la frontera no es la victoria electoral frente a Morena, sino la contención de daños. La cúpula estatal busca un perfil capaz de rentabilizar votos para perder por el margen más estrecho posible, una estrategia de supervivencia que contrasta con la marginación de sus propios activos políticos más rentables.
Desde finales de 2025, la figura de Sergio Nevárez Rodríguez se perfilaba como la alternativa más competitiva del panismo juarense. Sin embargo, su trayectoria sufrió un golpe directivo cuando Maru Campos operó su salida. El motivo no fue técnico, sino político: la sintonía entre Nevárez y Marco Bonilla incomodaba a la facción gobernante. Para debilitar a Bonilla, Campos truncó el proyecto de un operador que entendía la realidad fronteriza y asumía con pragmatismo el escenario adverso, bajo la lógica de que en plazas dominadas por la oposición, competir con dignidad equivale a ganar espacios de interlocución.
Hoy, el panorama opositor en Juárez carece de peso específico con figuras como Raúl García y Austria Galindo, quienes no logran conectar con el electorado ni representar una oposición firme frente a la maquinaria de Morena. Ante este vacío, Marco Bonilla explora la reactivación de Sergio Nevárez como el único cuadro capaz de ordenar el tablero y rescatar decoro para las siglas azules. La apuesta es cínica pero realista: un gran perdedor que discipline a las tribus locales y rentabilice el descontento.
La ironía de esta posible resurrección política radica en que la actual administración estatal sigue rentando el capital técnico de aquel al que apartaron. Hace pocas semanas, la gobernadora presumió una inversión en obra pública enterrada superior a los cuatro mil quinientos millones de pesos en Ciudad Juárez. En los hechos, toda esa infraestructura subterránea y de saneamiento corresponde a la planeación y ejecución realizada por el propio Nevárez Rodríguez desde la Junta Municipal de Agua y Saneamiento. Con recursos propios y gestión eficiente, aquella administración logró equiparar el impacto de proyectos emblemáticos y centralizados del estado como la Torre Centinela, demostrando capacidad operativa donde hoy abunda la retórica.
El dilema del PAN en la frontera evidencia las fracturas internas y la miopía de sus liderazgos. Castigan el talento y la lealtad regional en función de rencillas de grupo, solo para mendigar después el regreso de los mismos cuadros que desecharon cuando las urnas amenazan con consumar un naufragio previsible.
PT mueve sus fichas en Chihuahua
Las declaraciones de Reginaldo Sandoval en la televisión nacional no son un error, sino una jugada calculada de presión política. Al asegurar ante los medios que están «convencidos de que la unica que puede ganar la gubernatura de chihuahua, es Andrea» y presumir que «nosotros también hacemos mediciones», el coordinador de los diputados del Partido del Trabajo busca cobrar factura y marcar territorio frente a su principal aliado electoral.
En el tablero político, esta intervención exhibe la tensión real que vive la coalición oficialista en el norte del país de cara al proceso sucesorio. No se trata de un respaldo gratuito, sino de un recordatorio táctico de que el peso territorial del petismo en la región no puede ser minimizado en el reparto de candidaturas ni en la mesa de negociaciones cupulares.
Hay picardía y pragmatismo en la estrategia del legislador federal. Al sentenciar que «lo único que queremos es que se considere nuestra opinión en las decisiones», Sandoval utiliza el reflector mediático para exigir un trato de socio mayoritario y no de simple convidado de piedra. El mensaje entrelíneas advierte que imponer candidaturas sin tomar en cuenta las estructuras y mediciones de las fuerzas aliadas fractura el bloque y pone en riesgo el objetivo electoral en un estado donde la oposición mantiene bastiones fuertes.
Esta jugada evidencia que el fuego amigo y el forcejeo interno por el control político en Chihuahua se agudiza en las horas previas a dar a conocer la decisión de la cúpula de Morena. Mientras los operadores locales ni siquiera intentan aparentar una disciplina monolítica, en San Lázaro se arman las condiciones para negociar cuotas de poder. Sandoval se planta como un aliado indispensable, dejando claro que la carrera por la gubernatura no se definirá mediante acuerdos unilaterales, sino a través de pulsos donde cada partido quiere mostrar fuerza y busca influir en la mayor medida posible.
Espectaculares en la capital…too much
Si los espectaculares votaran, la alcaldía capitalina ya tendría dueño. Marco Antonio Bonilla Mendoza se ha mantenido formalmente al margen, pero en la disputa interna por sucederlo las caras visibles del partido visten las vialidades de manera abrumadora. María Angélica Granados Trespalacios, Alan Falomir Sáenz, Rafael Loera Talamantes, Santiago de la Peña Grajeda y César Jáuregui Moreno compiten en una saturación publicitaria que refleja una fractura evidente: la confrontación abierta entre los operadores de la gobernadora, inclinados por De la Peña, y el aparato afín a Jáuregui.
La estrategia de Palacio parece repetir vicios conocidos. Durante casi dos años, la administración estatal intentó inflar artificialmente a Gilberto Loya Chávez para contener al alcalde Marco Bonilla, el aspirante natural a la gubernatura. Aquella apuesta terminó rindiéndose ante la realidad de las calles, aunque tarde, porque Bonilla pudo haber comenzado su trabajo político subterráneo con al menos un año de anticipación. El costo de la simulación y el control centralizado de los tiempos internos deja cicatrices en la cohesión del grupo en el poder.
El verdadero punto de inflexión llegará el próximo 20 de diciembre. En cuanto Bonilla reciba la candidatura formal, el equilibrio de fuerzas se transformará radicalmente: asumirá el control de la voz política y tendrá la fuerza necesaria para decidir quién le conviene en las boletas locales, sin importar las preferencias o caprichos de Maru Campos. La lección histórica de la política local demuestra que los dados cargados desde las oficinas de gobierno rara vez resisten el peso de la realidad callejera y la ambición legítima de quienes mandan en el terreno. La moneda sigue en el aire, pero el tiempo de las imposiciones autoritarias se agota rápidamente.



