Ciudad Juárez, Chih.- El adiós a Héctor Mejía Gutiérrez, un emblema de la lucha por la seguridad en la frontera, se tiñó de gratitud y nostalgia este martes. A los 81 años, el exjefe policiaco y figura clave en la administración pública dejó un vacío en las calles de Juárez, donde su nombre evoca décadas de entrega inquebrantable al servicio ciudadano. El presidente municipal, Cruz Pérez Cuéllar, fue de los primeros en romper el silencio con un mensaje que resuena como un tributo colectivo: «Un hombre que dedicó su vida al servicio y la seguridad de nuestro país».
Nacido el 26 de julio de 1944 en Maravatío, Michoacán, Mejía Gutiérrez forjó su destino lejos de sus raíces, mudándose joven a Chihuahua para incursionar en el comercio de autos y camiones usados. Allí, no solo levantó un imperio modesto como empresario —llegando a presidir la Unión de Vendedores de Autos y Camiones Usados del estado—, sino que se erigió como consejero de la Cámara Nacional de Comercio (Canaco) en Ciudad Juárez, demostrando desde temprano su olfato para el liderazgo que trasciende los balances financieros.
Una carrera forjada en la adrenalina policial
La frontera lo reclamó con urgencia en 1983, cuando el triunfo de Francisco Barrio Terrazas en Chihuahua abrió las puertas del Partido Acción Nacional (PAN) para él. Ese año, Mejía asumió como director de Seguridad Pública Municipal de Juárez, un cargo que lo catapultó al frente de la Inspectoría General de la Policía Municipal hasta 1986. Fueron tiempos turbulentos, con la ciudad al borde de su propia tormenta de violencia incipiente, y él, con mano firme, trazó las primeras líneas de una profesionalización que hoy se enseña en academias.
Su ascenso no se detuvo. Entre 1992 y 1998, dirigió la Policía Judicial del estado de Chihuahua, navegando por laberintos de investigación y operativos que definieron el pulso de la seguridad regional. Dos décadas después, de 2006 a 2012, encabezó la Dirección de Seguridad y Protección Civil en la Secretaría de Gobernación, asesorando proyectos federales de inteligencia y capacitación policial. En total, 29 años de servicio en esferas municipales, estatales y federales, siempre con el sello de un hombre que veía en el uniforme no un empleo, sino un juramento. «Su trayectoria refleja el compromiso, la lealtad y el amor por México que siempre lo distinguieron», escribió Pérez Cuéllar, capturando esa esencia indómita.
El político que desafió moldes
Más allá de las sirenas, Mejía Gutiérrez tejió una red política que lo llevó a los pasillos del poder. Elegido diputado federal por el Distrito 3 de Chihuahua en la LIII Legislatura (1985-1988), venció por un margen estrecho de tres mil votos al priista Arnoldo Cabada de la O, un triunfo que resonó como un terremoto en la hegemonía del tricolor. En 1989, se lanzó como candidato panista a la presidencia municipal de Juárez, cayendo ante el priista Jesús Macías Delgado, pero dejando una huella de audacia que lo posicionó como líder del Comité Directivo Municipal del PAN hasta su destitución en 1995.
No conforme con las estructuras partidistas, en 2004 intentó una candidatura independiente a la alcaldía —un movimiento visionario negado por la falta de regulación electoral de entonces—. Su salida del PAN en 2013, sin renovar militancia, lo pintó como un independiente nato, siempre al margen de dogmas.
El hombre detrás del mando no era solo un táctico de la ley. Como empresario, su paso por la Canaco lo convirtió en un defensor de los comercios fronterizos, fusionando el pragmatismo del mercado con la visión pública. Pero su mayor legado, quizá, radica en las generaciones que moldeó: policías que hoy patrullan con el eco de su disciplina, líderes que citan su ejemplo de entrega. «Su liderazgo dejó una huella imborrable en la formación de elementos comprometidos con el deber y con la gente», subrayó el alcalde, evocando a un mentor cuya sombra aún guía.
Apenas tres semanas atrás, el 7 de octubre, el Cabildo lo ovacionó en sesión extraordinaria, entregándole una placa y bautizando un auditorio con su nombre. «Gracias a todos y cada uno de ustedes, y aquí seguiremos en la lucha», respondió él ese día, con la voz de quien sabe que el frente nunca se abandona. Hoy, esa frase se lee como epitafio profético.
Pérez Cuéllar cerró su mensaje con un compromiso colectivo: «En Ciudad Juárez, su legado permanecerá vivo en todos quienes reconocemos su invaluable labor». Extendió pésame y solidaridad a la familia, un gesto que multiplica el duelo privado en causa pública. En una ciudad que ha visto caer a tantos guardianes, la partida de Mejía Gutiérrez no es solo un fin, sino un llamado: a honrar su lucha continuando la suya. La frontera, esa eterna vigilia, lo despide con honores merecidos, pero sin pausas.



