NUEVA YORK EE.UU. — La histórica alianza entre Wall Street y el presidente Donald Trump se resquebraja. Tras beneficiarse de recortes fiscales y desregulación durante meses, el sector financiero ahora critica abiertamente las recientes propuestas del mandatario, que incluyen un límite temporal del 10% en las tasas de interés de las tarjetas de crédito y una investigación del Departamento de Justicia contra el presidente de la Reserva Federal (Fed), Jerome Powell.
Hasta esta semana, la relación era fluida: la “Hermosa Ley” firmada en julio impulsó nuevos recortes impositivos y redujo drásticamente el presupuesto de la Oficina de Protección Financiera del Consumidor, un organismo visto como adversario por los bancos. Los reguladores también han avanzado una agenda de desregulación que favorece a las grandes instituciones.
Sin embargo, la situación cambió abruptamente. Trump anunció en Truth Social un tope del 10% en las tasas de tarjetas de crédito durante un año, efectivo a partir del 20 de enero. Con tasas promedio actuales entre 19.65% y 21.5% (según datos de la propia Fed), esta medida podría costar a la industria unos 100,000 millones de dólares anuales en ingresos perdidos, según estimaciones de la Universidad de Vanderbilt. Las acciones de gigantes como American Express, JPMorgan, Citigroup y Capital One cayeron con fuerza el lunes ante el temor a una reducción en ganancias.
Ejecutivos bancarios reaccionaron con dureza. El director financiero de JPMorgan, Jeremy Barnum, advirtió que el límite tendría “la consecuencia exactamente opuesta” a la deseada: en lugar de abaratar el crédito, reduciría su oferta, afectando a consumidores, la economía y al propio sector. “Creemos que acciones como esta serán malas para todos”, señaló.
Al mismo tiempo, la independencia de la Fed —considerada sagrada en Wall Street— se ve amenazada por la investigación del Departamento de Justicia contra Powell, vinculada supuestamente a renovaciones en la sede del banco central, pero interpretada por muchos como presión política para influir en las tasas de interés. El CEO de BNY Mellon, Robin Vince, afirmó que atacar la autonomía de la Fed “no logra los objetivos principales de la administración”, como combatir la inflación o bajar costos de préstamos, hipotecas y vida diaria. “No debemos vulnerar los cimientos del mercado de bonos ni generar falta de confianza en la independencia de la Fed”, agregó.
Jamie Dimon, de JPMorgan Chase, expresó respeto personal por Powell pese a desacuerdos con sus decisiones, y subrayó que erosionar la independencia del banco central es “una mala idea”.
Estos pronunciamientos coinciden con la temporada de resultados trimestrales de los principales bancos. JPMorgan y BNY Mellon reportaron sus cifras el martes, mientras Citigroup, Bank of America y Wells Fargo lo harán en los próximos días. El malestar en Wall Street refleja un punto de quiebre: aunque el sector valoró las políticas pro-empresariales de Trump, los ataques a pilares como la Fed y el negocio de tarjetas de crédito generan preocupación por la estabilidad económica y la confianza de los inversores.
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