En una crónica vívida publicada en Milenio, el periodista Pedro Anza relata una noche inolvidable junto a Carlos Manzo Rodríguez, el audaz alcalde de Uruapan, Michoacán, asesinado el 1 de noviembre de 2025 durante las fiestas del Día de Muertos. Anza, quien acompañó a Manzo en un operativo de seguridad el 16 de abril de 2025, captura la tensión palpable en un municipio asediado por el crimen organizado, donde el alcalde de 40 años, exdiputado de Morena y líder del independiente Movimiento del Sombrero, se erigía como un «Bukele mexicano» al frente de la lucha contra la delincuencia.
La narrativa inicia con un presagio sombrío: un colega periodista advierte a Anza por teléfono que «no tardan en matarlo», evocando la inevitabilidad de la violencia en Michoacán. Llegando a Uruapan al atardecer, el equipo de Anza —que filmaba un documental sobre la Guardia Comunitaria de Cherán— avista un helicóptero sobrevolando el área, señal de alerta. Días antes, el 8 de abril, Manzo había sobrevivido a disparos contra su helicóptero durante un patrullaje aéreo en Caltzontzin, un incidente que grabó y compartió en redes sociales, culminando en la captura de un ladrón de vehículos.
El encuentro con Manzo ocurre en un entronque caótico, donde el alcalde, con guayabera blanca, chaleco antibalas y su icónico sombrero, coordina a uniformados con radio en mano. «Claro, ¿cómo no?, pero vamos primero a la presidencia», responde con amabilidad escéptica, posponiendo la cita por un cabildo rutinario. En la sala, ante 80 asistentes —mayormente adultos mayores—, Manzo preside la entrega de vales de apoyo: a Víctor Garfio, un puesto de tacos para su sustento; a María Eufrasia, medicamentos para su nieto; a Guadalupe Ángel, materiales para reconstruir su casa incendiada. «Esto es para usted, ¡ánimo!», exhorta, estrechando manos con calidez variable. Anuncia mejoras parroquiales —alumbrado, pavimentación, un nuevo DIF— y denuncia la corrupción: «Muchos están muy molestos… porque les quité el ‘chayote’ y todos esos privilegios. Mientras yo sea presidente, los recursos van a ser para la gente». En un video de septiembre de 2024, tras asumir el cargo, proclamaba: «Estamos luchando para limpiar esta porquería que nos está matando a todos».
Lo operativos nocturnos
La adrenalina escala al operativo nocturno, iniciado pasadas las 11 p.m. En San Lorenzo, brechas enlodadas y calles vacías, Manzo avanza con el general Francisco Nieto Osorio, secretario de Seguridad. Linternas barren terrenos en busca de sospechosos —motociclistas, autos polarizados, reportes de secuestros y balazos—. «Vamos a movernos… seguramente aquí tienen punteros los delincuentes. A veces dentro de las mismas corporaciones puede haber policías que están jugando doble bandera», confiesa Manzo, enfatizando la sorpresa: «No se puede confiar uno de nadie… desconfiar es mejor». Revela su rutina extenuante: patrullajes diarios hasta el amanecer, persecuciones con balaceras a las 3:30 a.m., asumiendo roles federales ante la inacción estatal. «Estamos mal, pero antes estábamos mucho peor», admite, mientras coordina por radio: «Muy bien ‘Jaguares’, incorpórate hacia la Calzada Benito Juárez».
En la camioneta, bajo la luna, Manzo disipa el miedo: «Se siente adrenalina pura, pero me gusta… El miedo es natural, y la única manera de vencerlo es enfrentarlo, más si luchas por una causa justa». Aboga por un enfoque integral: combatir pobreza, invertir en educación y cultura, pero con «mano dura» y Estado de derecho: «Si no se utiliza ese poder, lo demás no sirve… Tenemos que poner un límite». Inspirado en Zapata, Villa, Che Guevara y Bolívar, detiene un auto de taqueros nocturnos con jovialidad: «¿A dónde van? ¡Órale, cuídense!».
El convoy regresa a la alcaldía a las 2 a.m. «Cuando quieran, aquí estamos a la orden», despide Manzo, calzando su sombrero. Anza y su equipo planean volver antes de fin de año. Trágicamente, el asesinato en una plaza pública truncó esa promesa, sellando el legado de un líder que devolvió esperanza a Uruapan, pero pagó con su vida la confrontación directa al narco. Fotografías de Anza para Cuartoscuro inmortalizan estos momentos: Manzo en operativo, entregando apoyos, coordinando en la brecha.
Esta crónica de Pedro Anza no solo documenta una noche de riesgo, sino el coraje de un hombre que, en palabras propias, optó por «salir a atender el llamado de la ciudadanía» en un Michoacán devorado por células delictivas como el CJNG.



