Ciudad Juárez, Chih.- Adrián Ángel Hernández Murillo, conocido como el “Güero Mustang”, es una figura icónica de Ciudad Juárez, cuya vida y legado han dejado una huella imborrable en la memoria colectiva de sus habitantes. Nacido el 8 de septiembre de 1955, este personaje se convirtió en un símbolo de autenticidad, espontaneidad y conexión con la comunidad, a pesar de las dificultades que enfrentó debido a su condición mental. El notario Jorge Álvarez Compean, escribe sobre levantar un monumento en su memoria, lo hizo el lunes cuando cumpliría 70 años.
La vida del “Güero Mustang”
Adrián Ángel Hernández Murillo era un hombre que, según relatos, sufrió un evento traumático en su infancia que marcó su vida: un rayo cayó cerca de su cuna cuando era bebé, un suceso que algunos creen pudo haber afectado su salud mental. A pesar de esta condición, o quizás gracias a ella, Adrián desarrolló una personalidad única que lo convirtió en un personaje entrañable para los juarenses.
Descalzo, con ropa desgastada y siempre sosteniendo un volante imaginario, el “Güero Mustang” recorría las calles de Ciudad Juárez como si condujera un automóvil. Su comportamiento era meticuloso: respetaba las señales de tránsito, “cambiaba velocidades”, frenaba en los semáforos en rojo, señalaba sus giros y se “estacionaba” cuidadosamente en los lugares destinados para vehículos. Este espectáculo atraía a niños y adultos, quienes lo seguían, imitaban sus movimientos y lo acompañaban en sus caminatas, creando un ambiente de alegría y camaradería.
A pesar de su apariencia desaliñada y su condición, Adrián era conocido por su carácter pacífico, amistoso y cívico. Nunca representó un peligro para los demás, y su presencia se convirtió en un símbolo de inocencia y humanidad en una ciudad que, con el tiempo, enfrentaría retos sociales complejos.
El impacto cultural y social
El “Güero Mustang” no era solo un personaje pintoresco; era una expresión de la identidad de Ciudad Juárez. Su forma de interactuar con el entorno, su respeto por las normas de tránsito y su capacidad para generar empatía lo convirtieron en un ícono local. Los niños lo veían como un compañero de juegos, mientras que los adultos admiraban su autenticidad y su capacidad para vivir en su propio mundo sin dañar a nadie.
El reportero Pablo Hernández y el historiador Emilio Gutiérrez Alba jugaron un papel crucial en preservar su legado. Hernández investigó a fondo la vida de Adrián, recopilando testimonios y detalles que dieron profundidad a su historia. Por su parte, Gutiérrez Alba, en su libro El Güero Mustang, Corazón de Niño, no solo documentó la vida de Adrián, sino que también propuso que se le reconociera como parte del patrimonio cultural de Juárez. Este libro es una fuente invaluable para entender quién fue el “Güero Mustang” y por qué su historia resuena tanto.
La trágica muerte del “Güero Mustang”
El 3 de junio de 1999, Adrián Ángel Hernández Murillo falleció en un accidente que, irónicamente, reflejó su obsesión por los automóviles. Fue atropellado por un vehículo que se dio a la fuga, un hecho que conmocionó a la comunidad juarense. Su muerte no solo puso fin a sus recorridos por las calles, sino que también consolidó su estatus como una figura legendaria. Como señala el texto original, morir en un accidente automovilístico pudo haber sido, de alguna manera, un desenlace acorde con la vida que imaginaba, siempre “conduciendo” su vehículo invisible.
El legado y la propuesta de una estatua
El “Güero Mustang” trasciende la categoría de simple anécdota urbana; es un símbolo de la diversidad, la aceptación y la humanidad en Ciudad Juárez. Su historia refleja cómo una comunidad puede abrazar a aquellos que son diferentes, encontrando valor en su autenticidad. La propuesta de erigir una estatua en su honor, particularmente en el barrio La Chaveña, busca mantener viva su memoria y reconocer su impacto en la ciudad.
La idea de incluir esta iniciativa en el Presupuesto Participativo del Municipio de Juárez es un llamado a la acción para que los ciudadanos se unan en torno a esta causa. Una estatua del “Güero Mustang” no solo sería un homenaje a Adrián, sino también un recordatorio de los valores de inclusión, respeto y comunidad que él representaba. Emilio Gutiérrez Alba y Pablo Hernández, mencionados en el texto, son voces clave en esta propuesta, y su visión ha inspirado a otros a sumarse a este esfuerzo.
Sobre Ciudad Juárez y el “Güero Mustang”
Ciudad Juárez, en los años en que Adrián recorría sus calles, era una ciudad en constante cambio, marcada por su posición fronteriza y su dinamismo cultural. El “Güero Mustang” se convirtió en una figura que, de alguna manera, humanizaba el paisaje urbano. En un entorno donde las noticias a menudo destacaban la violencia o los desafíos sociales, Adrián ofrecía un contrapunto de inocencia y alegría. Su historia también pone de manifiesto cómo las comunidades pueden encontrar héroes en las personas más inesperadas.
Llamado a la acción
Apoyar la construcción de una estatua para el “Güero Mustang” es una forma de celebrar la historia de Juárez y de honrar a un personaje que, con su simplicidad, tocó los corazones de muchos. Los interesados en sumarse a esta iniciativa pueden participar en las discusiones del Presupuesto Participativo del Municipio, promoviendo la inclusión de este proyecto. También pueden difundir la historia de Adrián, compartir el libro de Emilio Gutiérrez Alba y mantener viva la memoria de este “corazón de niño” que dejó una marca indeleble en la ciudad.
El texto original de Jorge Álvarez Compean
Hoy hace 70 años, un 8 de septiembre de 1955 nació Adrián Ángel Hernández Murillo, un pintoresco personaje que sorprendiera y alegrara a los juarenses al transitar cotidianamente por nuestra ciudad, un güero colorado, descalzo, desaseado y mal vestido, aquel que recorría a pie las calles con toda precaución, cumpliendo con las reglas de tránsito y gran sentido cívico, siempre asido de un volante de carro, simulando que manejaba un automóvil de motor, al que parvadas de niños se le unían en su errático recorrido, pitando, imitándole el meter cambios, arrancar en luz verde, enfrenar en luz roja, marcar sus vueltas y estacionarse apropiadamente en los espacios destinados a vehículos.
Si, Adrián Ángel Hernández Murillo no es una leyenda, fue un personaje real, fue el famoso “Güero Mustang”, un enfermo mental que se cree sufre consecuencias cuando siendo un bebé un rayo cayó muy cerca de su cuna, y este meteoro bien puede haber contribuido a inmortalizarlo, porque fue un ser tranquilo, amistoso y simpático y muy estimado por los que lo vimos en sus vertiginosas correrías.
El reportero Pablo Hernández realizó un extraordinario esfuerzo para investigar a este personaje, publicó sus resultados, los que recogió y completó el distinguido historiador don Emilio Gutiérrez Alba en su extraordinario libro-propuesta “El Güero Mustang, Corazón de Niño”, y ahora gracias a ello se conocen muchos detalles de su vida.
Adrián Ángel Hernández Murillo, el “Güero Mustang” murió atropellado un 3 de junio de 1999, más bien lo chocó un vehículo que se diera a la fuga, quizá como este hubiera deseado morir, a través del resultado de un accidente automovilístico, y ahora es parte de la historia de Juárez, y coincido, quizá en el barrio La Chaveña debe erigirse su estatua, así como lo reclamaron mis amigos Emilio Gutiérrez Alba y Alfredo “Pillo” Hernández.
Por favor, unámonos para que el Municipio incluya la estatua del “Güero Mustang” en el próximo Presupuesto Participativo.



