La declaración del presidente Donald Trump sobre la imposición de un arancel del 100 % a todas las películas producidas fuera de Estados Unidos, publicada en Truth Social, ha generado un fuerte impacto en la industria cinematográfica.
El anuncio de Trump es una repetición de una amenaza similar hecha en mayo de 2025, cuando afirmó que la industria cinematográfica estadounidense estaba «muriendo a gran velocidad» debido a los incentivos fiscales y financieros ofrecidos por países como Canadá, Reino Unido, Australia y Nueva Zelanda para atraer producciones cinematográficas.
Estos incentivos incluyen créditos fiscales, reembolsos en efectivo y la construcción de estudios de grabación, lo que ha llevado a una disminución significativa en la producción en Hollywood, con una caída del 40 % en Los Ángeles en la última década, según FilmLA.
Trump argumenta que esta migración de producciones al extranjero representa una «amenaza a la seguridad nacional» y un medio de «propaganda extranjera», afirmando que las naciones están atrayendo a los cineastas estadounidenses como parte de un esfuerzo concertado para debilitar la industria del cine en EE. UU. En su publicación más reciente, señaló específicamente a California, criticando al gobernador Gavin Newsom por su gestión, afirmando que el estado ha sido «particularmente golpeado» por la pérdida de producciones cinematográficas.
Arancel Propuesto
El arancel del 100 % se aplicaría a cualquier película producida fuera de EE. UU. e importada al país, lo que incluye tanto filmes completamente realizados en el extranjero como coproducciones internacionales. Sin embargo, Trump no ha proporcionado detalles específicos sobre cuándo se implementaría el arancel; cómo se aplicaría, dado que el cine no es un bien tangible tradicional, sino un servicio o producto intelectual, lo que representa un desafío logístico y legal; qué películas estarían exentas, si es que alguna, como aquellas ya en producción o que combinan filmación en EE. UU. y en el extranjero (por ejemplo, películas que realizan postproducción en EE. UU.).
Esta falta de claridad ha generado confusión y escepticismo en la industria. Ejecutivos de estudios han expresado preocupación sobre cómo se determinaría qué constituye una «película extranjera», dado que muchas producciones modernas involucran equipos, locaciones y procesos de postproducción distribuidos globalmente. Por ejemplo, películas como Mission: Impossible — The Final Reckoning se han filmado en lugares como Noruega, y grandes franquicias como Avatar y The Avengers dependen de locaciones internacionales.
La industria cinematográfica de EE. UU. genera un superávit comercial de 15,300 millones de dólares y emplea a 2.3 millones de personas, según un informe de la Motion Picture Association (MPA). Sin embargo, la producción en Los Ángeles ha disminuido un 22.4 % en el primer trimestre de 2025 en comparación con el año anterior, según FilmLA.
Los incentivos extranjeros, como el 30 % de reembolso por locación en Australia o los créditos fiscales en Canadá, han hecho que sea más rentable filmar en el extranjero, incluso considerando costos de transporte y alojamiento.
Un arancel del 100 % podría aumentar significativamente los costos de producción y distribución, lo que podría llevar a los estudios a trasladar estos costos a los consumidores, aumentando los precios de las entradas al cine o las suscripciones a plataformas de streaming como Netflix o Prime Video.
La industria cinematográfica quedó «sorprendida y desconcertada» por el anuncio, con ejecutivos organizando llamadas de emergencia para evaluar las implicaciones.
Algunos expertos, como el productor Randy Greenberg, argumentan que los aranceles podrían dañar a Hollywood en lugar de ayudarlo, al aumentar los costos y reducir la competitividad global, lo que podría llevar a una disminución en la asistencia al cine.
Países como Australia y Nueva Zelanda, que han invertido fuertemente en sus industrias cinematográficas, han respondido al anuncio de Trump prometiendo defender sus sectores locales. Por ejemplo, Australia ofrece un 30 % de reembolso por locación y un 30 % adicional para postproducción, lo que ha atraído películas como The Mongoose y Apples Never Fall.
En Europa, donde se filman muchas producciones estadounidenses, los comisionados de cine, como Pavlína Žipková de la República Checa, han destacado la importancia de la colaboración transatlántica y expresado incertidumbre sobre cómo se aplicarían los aranceles.
Existe el riesgo de que otros países impongan aranceles en represalia, lo que podría afectar los 18,000 millones de dólares que Hollywood genera anualmente en mercados internacionales.
No está claro si Trump tiene la autoridad para imponer unilateralmente un arancel de este tipo, especialmente porque los aranceles tradicionales se aplican a bienes físicos, no a servicios o productos digitales como las películas. Además, existe un moratorio de la Organización Mundial del Comercio (OMC) sobre bienes digitales que estará vigente hasta 2026, lo que podría complicar la implementación.
La naturaleza global de la producción cinematográfica, donde una película puede filmarse en varios países, editarse en otro y distribuirse mundialmente, hace que la aplicación de un arancel sea logísticamente compleja. Por ejemplo, ¿cómo se gravaría una película filmada parcialmente en EE. UU. y parcialmente en el extranjero?
Los aranceles propuestos podrían requerir la aprobación del Congreso, y algunos expertos creen que la medida podría ser bloqueada debido a su impacto económico y la falta de claridad en su implementación.
ceptación por parte de la industria. Aunque la intención es revitalizar Hollywood, la falta de detalles y la complejidad de la producción cinematográfica global sugieren que esta medida podría tener consecuencias no deseadas, como costos más altos para los consumidores y posibles represalias internacionales. En lugar de aranceles, una estrategia más efectiva podría ser fortalecer los incentivos domésticos para competir con los ofrecidos en el extranjero, como sugieren algunos líderes de la industria. Mientras tanto, el sector cinematográfico permanece en incertidumbre, esperando claridad sobre cómo y si esta política se materializará.



