Ciudad Juárez, Chihuahua.- La tranquilidad de la colonia Manuel J. Clouthier, un barrio residencial al norte de Ciudad Juárez conocido por su mezcla de familias obreras y comercios modestos, se quebró violentamente la tarde del jueves 20 de noviembre. Alrededor de las 17:00 horas, un grupo de sicarios irrumpió en un domicilio ubicado en las calles Mesa Central y Bernardo, donde ejecutaron a sangre fría a tres hombres jóvenes, dejando un saldo de tres cadáveres y una testigo aterrorizada que, milagrosamente, resultó ilesa.
La Fiscalía General del Estado (FGE) confirmó este viernes las identidades de las víctimas: Alonso Hernández Pérez, de 24 años; Christian Arturo Cruz, de 25, y Ezequiel Arturo Javier Camarena, de 28. Todos ellos, originarios de la zona y con historiales que las autoridades investigan por posibles vínculos con actividades ilícitas, fueron acribillados con armas de fuego de alto calibre, según el reporte preliminar de la escena del crimen.
El ataque, que duró apenas minutos pero dejó una estela de horror, comenzó cuando los agresores forzaron la entrada principal de la vivienda, una casa de dos pisos con fachada de block y rejas oxidadas típicas de la periferia juarense. Dentro, los tres hombres y una mujer de aproximadamente 30 años, presuntamente pareja o familiar de una de las víctimas, se encontraban reunidos en la sala. Los sicarios, al menos cuatro según reconstrucciones basadas en el testimonio de la sobreviviente, no perdieron tiempo en registrar el lugar en busca de dinero o drogas, gritando amenazas y exigiendo información sobre supuestos «deudores». Las balas, disparadas a quemarropa, alcanzaron a los hombres en el torso y la cabeza, provocándoles la muerte instantánea. Alonso Hernández, el más joven del grupo, intentó huir hacia la cocina, pero fue abatido en el pasillo; Christian Cruz cayó junto al sofá, mientras que Ezequiel Camarena, el mayor, recibió múltiples impactos cerca de la puerta trasera, como si hubiera intentado resistirse.
La mujer, cuya identidad se mantiene en reserva para proteger su seguridad, presenció el horror paralizada. Los atacantes la obligaron a arrodillarse, le ataron las manos con cinta adhesiva y le cubrieron la boca, pero uno de ellos intervino para detener a sus cómplices: «Déjenla, no es de ellos», se oyó decir, según su declaración inicial a los investigadores. Liberada de los pies, la sobreviviente permaneció en el suelo entre los cuerpos hasta que vecinos, alertados por las detonaciones y los gritos ahogados, llamaron al 911.
Elementos de la Policía Municipal llegaron minutos después, encontrándola en estado de shock, rodeada de casquillos y sangre que empapaba el piso de concreto. «Estaba temblando, con las manos aún atadas, y solo repetía ‘no me hagan daño'», relató un comandante de la Unidad de Delitos contra la Vida de la FGE durante la conferencia de prensa matutina.Esta masacre eleva a 39 el número de homicidios dolosos registrados en Juárez durante noviembre, un repunte que las autoridades atribuyen a disputas entre células del crimen organizado por el control de rutas de tráfico de fentanilo hacia Estados Unidos. La colonia J. Clouthier, ubicada a escasos kilómetros de la frontera con El Paso, Texas, no es ajena a la violencia: en enero de este año, un hombre fue ejecutado en sus calles, y en junio se desarticuló una banda local con tres detenidos por narcomenudeo.
Fuentes de la Secretaría de Seguridad Pública Estatal (SSPE) indican que las víctimas podrían estar ligadas a un grupo menor que opera en la zona norte, posiblemente como «halcones» o distribuidores de bajo perfil, aunque no se descarta un ajuste de cuentas por deudas pendientes. Peritajes forenses revelaron que los disparos provinieron de pistolas 9 mm y un fusil AK-47, armas comunes en estos ajustes.La FGE desplegó un operativo especial en la colonia, con patrullajes reforzados y entrevistas puerta a puerta a residentes, muchos de los cuales expresaron temor a represalias. «Aquí vivimos con miedo constante; los niños ya no juegan en la calle después de las cinco», confesó una vecina de 52 años, quien prefirió el anonimato. La mujer sobreviviente, ahora bajo custodia protectora, podría ofrecer pistas clave en las próximas horas, una vez superado el trauma inicial.
Mientras tanto, los cuerpos de las víctimas fueron trasladados al Servicio Médico Forense para necropsias, y sus familias, notificados en la madrugada, reclaman justicia en medio del duelo.Este suceso no es aislado en una ciudad que acumula más de 300 homicidios anuales, pese a los esfuerzos por blindar la frontera con tecnología y inteligencia. Expertos en seguridad, como el criminólogo local Javier Estrada, advierten que estos ataques selectivos reflejan la fragmentación de carteles como el de Sinaloa, que buscan eliminar testigos o rivales en entornos domésticos para enviar mensajes intimidatorios.
La SSPE promete avances en 72 horas, pero la comunidad juarense, hastiada de promesas, exige resultados concretos: «¿Hasta cuándo vamos a vivir así, como en una zona de guerra?», se pregunta un taxista que recogió a testigos huyendo de la escena.En un contexto donde la violencia transfronteriza se entreteje con la crisis de opioides en Estados Unidos, este triple homicidio subraya la urgencia de cooperación bilateral. Mientras las investigaciones avanzan, Juárez llora a tres jóvenes más, víctimas de un ciclo que parece no tener fin, y una mujer que, por un acto de clemencia inexplicable, lleva en su memoria el peso de la muerte ajena.
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