Ciudad de México.- La reciente muerte de dos agentes en Chihuahua ha generado una profunda irritación en las altas instancias de la Secretaría de la Defensa Nacional, donde los mandos militares habrían preferido un manejo discreto del incidente. Según fuentes internas, los uniformados consideran que el foco público sobre este suceso compromete la naturaleza de las maniobras conjuntas que el Ejército mexicano realiza con agencias de seguridad estadounidenses, algunas de las cuales ocurren sin el conocimiento pleno de Palacio Nacional.
En este contexto, la cúpula militar observa con desconfianza la decisión del Senado de citar a comparecer a la gobernadora Maru Campos el próximo martes. Esta acción, impulsada presuntamente por la facción de Adán Augusto López Hernández, es percibida por los generales como un movimiento poco inteligente que antepone intereses electorales locales sobre la seguridad nacional, ya que profundizar en el caso expone detalles sensibles de la colaboración binacional, como ocurrió tras el abatimiento de Nemesio Oceguera Cervantes en febrero pasado.
La filtración de que los agentes pertenecían a la CIA, difundida inicialmente por medios cercanos a Donald Trump como el Washington Post y amplificada por Los Angeles Times, es interpretada en la Sedena como un experimento de la Casa Blanca. Los militares advierten que el gobierno de Trump podría estar midiendo la reacción de México para calibrar futuras intenciones intervencionistas del Pentágono. A esta lectura obedecería el endurecimiento del tono diplomático y los recientes señalamientos de la presidenta Claudia Sheinbaum.
El malestar interno también apunta a las contradicciones legales vigentes. Los generales advierten que la Ley de Seguridad impulsada en el sexenio anterior choca con la política de puertas abiertas de la administración actual, que permite el ingreso constante de militares estadounidenses a través de autorizaciones en el Senado. Esta falta de cohesión normativa, sumada a informes internacionales sobre la incapacidad del Estado para controlar crisis como las desapariciones, es vista como combustible para el discurso intervencionista extranjero.



