Taddei criatura de Morena
Claudia Sheinbaum dedica horas de la mañanera a responsabilizar al pasado por Guadalupe Taddei, pero omite que Morena la llevó a la presidencia del INE, le amplió sus facultades y respaldó una gestión que terminó comprometida por la elección judicial, los acordeones y las boletas planchadas. Las medias verdades también sirven para fabricar coartadas, pero no borran las responsabilidades.
La presidenta Claudia Sheinbaum ha convertido el púlpito de Palacio Nacional en una tribuna para sacudirse a Guadalupe Taddei. Su argumento consiste en remontarse a 2014, cuando Lorenzo Córdova presidía el entonces Instituto Nacional Electoral, para recordar que el Consejo General designó a Taddei como titular del organismo electoral de Sonora.
El propósito es evidente: presentar a la cuestionada expresidenta del INE como una herencia de los gobiernos anteriores y deslindar a Morena de las consecuencias de su gestión.
Sheinbaum recordó que «en el 2014, ¿quién aprueba la entrada de Taddei como presidenta de la OPLE en Sonora? El Consejo General del INE; ¿quién era el presidente del Consejo General del INE en aquel momento?: Lorenzo Córdova».
El dato es cierto. La coartada política que pretende construir con él es lo cuestionable.
Una cosa es reconocer quién participó en el nombramiento de Taddei en Sonora y otra muy distinta responsabilizarlo por lo que ocurrió después, cuando Morena tuvo la oportunidad de convertirla en presidenta del INE y respaldó las decisiones que modificaron el funcionamiento del organismo.
Hay, además, un error cronológico en la explicación presidencial: Alfredo Figueroa dejó el Consejo General del IFE en 2013, por lo que no participó en la designación de Taddei en Sonora en 2014. Figueroa cuestionó públicamente las afirmaciones de Sheinbaum y pidió rectificarlas.
Las fechas no son opiniones. Si Figueroa ya no formaba parte del Consejo General, no se le puede atribuir una decisión tomada cuando estaba fuera del organismo.
Las medias verdades son mentiras completas cuando se utilizan para conducir al público hacia una conclusión equivocada. Y la presidenta, empeñada en señalar al pasado, termina exhibiendo las debilidades de su propia defensa.
Le entregaron todo el poder
Taddei no llegó a la presidencia del INE por decisión de Lorenzo Córdova. Su nombramiento ocurrió en 2023, mediante el procedimiento constitucional bajo sospecha que culminó con una insaculación en la Cámara de Diputados, después de que los partidos no alcanzaran la mayoría calificada para designar a los nuevos consejeros.
Morena ya tenía entonces una posición dominante en la Cámara. La historia que Sheinbaum quiere contar no puede iniciar en 2014, porque el episodio decisivo ocurrió cuando el oficialismo tuvo la oportunidad de intervenir en la renovación del árbitro electoral.
Pero la responsabilidad política de Morena quedó todavía más expuesta en octubre de 2024, cuando el Senado aprobó una reforma que modificó la Ley General de Instituciones y Procedimientos Electorales para concentrar facultades administrativas en la presidencia del INE.
La modificación fue introducida mediante una reserva del senador morenista Miguel Pavel Jarero Velázquez a los artículos 45 y 48 de la legislación electoral. El cambio permitió a Taddei designar directamente a los titulares de las direcciones ejecutivas y unidades técnicas, sin necesitar los ocho votos que antes requería del Consejo General.
No fue una modificación administrativa inocua. Significó quitarle colegialidad a decisiones fundamentales y concentrar poder en una sola persona, precisamente en la presidencia del organismo encargado de garantizar la imparcialidad electoral.
La operación tuvo una segunda estación. El diputado morenista Sergio Gutiérrez Luna presentó el 30 de octubre de 2024 una iniciativa para llevar esas facultades al terreno constitucional. Su propuesta buscaba elevar a ese rango la concentración de atribuciones, aunque no llegó a ser dictaminada.
Durante la discusión, el senador Manlio Fabio Beltrones advirtió sobre las consecuencias de la reforma y lo expresó sin rodeos: «Creo que esto sí le pega al corazón del Instituto Nacional Electoral, le quitan la colegiación de las decisiones».
La advertencia quedó registrada, pero Morena siguió adelante.
Aquí está el verdadero problema que Sheinbaum pretende ocultar detrás de una historia de hace doce años. Su partido no solamente respaldó la llegada de Taddei a la presidencia del INE: también modificó las reglas para fortalecer su poder y reducir los contrapesos del Consejo General.
El INE fue concebido como un órgano colegiado para evitar que una sola persona controlara decisiones fundamentales. El Consejo General no es un adorno ni una comparsa de la presidencia. La colegialidad obliga a deliberar, negociar y someter las decisiones al escrutinio de otras consejeros.
Morena debilitó ese esquema y fortaleció las atribuciones de Taddei. Ahora que su gestión está bajo cuestionamiento, la presidenta pretende responsabilizar a quienes la nombraron en Sonora, como si ese antecedente borrara las decisiones del oficialismo.
La contradicción es monumental: Morena no creó la trayectoria burocrática de Taddei, pero sí tuvo responsabilidad directa en su llegada a la presidencia nacional y en las reformas que ampliaron su poder.
Esta es la parte de la historia que Claudia Sheinbaum debería explicar en la mañanera, en lugar de seguir buscando responsables en 2014 por decisiones legislativas que su propio movimiento tomó en 2024.
Los acordeones y las boletas planchadas
La elección judicial de 2025 fue la prueba más delicada para Taddei. El INE debía organizar una elección inédita y garantizar condiciones de equidad, legalidad y certeza. Terminó enfrentado a una crisis de credibilidad por los acordeones y las denuncias sobre boletas planchadas.
Antes de la jornada electoral, el Consejo General reconoció que los acordeones podían constituir propaganda ilegal e inducir el voto. El 29 de mayo aprobó medidas cautelares para impedir su distribución durante la veda y la jornada electoral.
La propia Taddei había advertido sobre la gravedad de esas prácticas. Según reportes periodísticos, las calificó de «grave e inmoral» cuando pudieran estar involucrados partidos políticos o integrantes del gobierno.
Sin embargo, después de la votación, el instituto terminó validando los resultados pese a las controversias y denuncias que cuestionaban la limpieza del proceso.
En la discusión del 26 de junio, la consejera Norma Irene De la Cruz sostuvo que las boletas planchadas «de ninguna forma, de ninguna manera pueden empañar este proceso electivo». En ese mismo debate se reconoció que no se había precisado la cantidad de boletas planchadas ni de acordeones.
Esa es la dimensión del problema: la autoridad que debía proteger la confianza electoral terminó defendiendo los resultados sin despejar satisfactoriamente todas las dudas que rodearon el proceso.
Políticamente, el resultado fue devastador: el organismo encargado de arbitrar la competencia democrática quedó asociado a una elección cuya legitimidad fue cuestionada desde antes de la jornada electoral.
Las boletas planchadas y los acordeones no son un asunto menor que pueda despacharse con declaraciones. Son parte de una crisis que comprometió la credibilidad del instituto y que Taddei no puede eludir.
Los de entonces ya no somos los mismos
Pablo Neruda escribió: «Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos».
La frase retrata la transformación de Taddei. La funcionaria que llegó al organismo electoral de Sonora en 2014 no puede confundirse automáticamente con la presidenta del INE que condujo la elección judicial de 2025 y encabezó la institución durante la crisis administrativa que estalló en 2026.
No es su origen lo que la condena, sino sus decisiones.
En octubre de 2026, su salida de la presidencia del INE quedó rodeada de señalamientos sobre contrataciones y posibles conflictos de interés. Las investigaciones periodísticas documentaron adjudicaciones y relaciones empresariales que exigían explicaciones.
La respuesta presidencial, sin embargo, ha dedicado una parte sustancial de su esfuerzo a reconstruir el pasado de Taddei para demostrar que Morena no la inventó.
Nadie sostiene que su nombramiento en Sonora pruebe por sí mismo que fuera operadora de Morena. Lo que está en discusión es lo que hizo después de llegar al INE, las atribuciones que concentró, las decisiones que tomó durante la elección judicial y las explicaciones que debe ofrecer por los cuestionamientos a su gestión.
Sheinbaum pretende que el país mire hacia 2014 para no detenerse demasiado en 2025 y 2026. Pero el calendario no absuelve a nadie.
La factura es de la 4T
La presidenta puede señalar los errores de Lorenzo Córdova y cuestionar las decisiones del pasado. Lo que no puede hacer es utilizar esos antecedentes para evadir las responsabilidades de su propio movimiento.
Morena tuvo la fuerza legislativa para participar en la renovación del INE, respaldó la llegada de Taddei y aprobó una reforma que concentró facultades en su presidencia. Cuando la gestión quedó bajo cuestionamiento, el oficialismo no podía fingir que se trataba de una funcionaria ajena a sus decisiones políticas.
La responsabilidad no se hereda por proximidad cronológica: se adquiere mediante actos concretos.
Taddei debe responder por su gestión. Los funcionarios y empresarios involucrados en las investigaciones deben responder por sus actos si se acreditan irregularidades. Y los legisladores que debilitaron los contrapesos colegiados deben explicar por qué consideraron conveniente concentrar poder en la presidencia del INE.
Sheinbaum, por su parte, debe dejar de presentar el pasado como una coartada universal. No basta con dedicar horas de la mañanera a señalar a Córdova o a introducir en la historia a quienes ni siquiera estaban en el cargo cuando se tomó la decisión cuestionada.
La verdadera pregunta no es quién conoció primero a Taddei, sino quién le entregó el poder nacional, quién amplió sus facultades y quién defendió su desempeño cuando la credibilidad del árbitro electoral quedó comprometida.
Morena no puede apropiarse de las reformas que concentran poder y atribuir a sus adversarios las consecuencias cuando estalla una crisis.
Sheinbaum quiere sacudirse a Taddei, pero no puede sacudirse la responsabilidad de su gobierno y de su partido. La historia de 2014 explica el inicio de una trayectoria; no absuelve lo ocurrido durante los años en que Morena tuvo el poder para decidir.
La creación ya no es problema de quienes la nombraron en Sonora. Es responsabilidad de quienes la llevaron al INE, le dieron más facultades y sostuvieron su gestión.
Y esa factura, por más horas que se dediquen a la mañanera, no se le puede endosar al pasado.



