Washington D.C.- El sorteo del Mundial de Fútbol 2026, un evento que une a millones en el deporte, se convirtió este viernes en el escenario improbable para un pulso diplomático de alto voltaje. Bajo las luces del Centro Kennedy, la presidenta de México, Claudia Sheinbaum, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y el primer ministro de Canadá, Mark Carney, posaron sonrientes con balones y banderas, pero detrás de las cámaras, en una reunión privada de 45 minutos sin asesores presentes, abordaron el elefante en la habitación: el futuro del T-MEC, el tratado comercial que une a los tres países y que Trump amenazó con dejar expirar en 2026.
Sheinbaum emergió del encuentro calificándolo de «excelente» y «muy positivo», un guiño a la diplomacia pragmática que México busca proyectar en su primer año de mandato. La imagen que circuló en redes sociales –Sheinbaum en el centro, flanqueada por Trump a su derecha y Carney a su izquierda, todos con sonrisas amplias y un balón conmemorativo en manos– parecía sacada de un manual de relaciones públicas. «Tuvimos una excelente reunión», tuiteó Sheinbaum poco después del encuentro, en un post que acumuló más de 16 mil likes en horas.
«Hablamos de la gran oportunidad que representa la Copa Mundial de Fútbol 2026 para los tres países y de la buena relación que tenemos. Acordamos seguir trabajando juntos para temas comerciales con nuestros equipos». El mensaje, acompañado de fotos donde los líderes parecen viejos amigos en una tertulia, contrastaba con el contexto: apenas dos días antes, Trump había insinuado en una entrevista que podría permitir que el Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC, o USMCA en inglés, CUSMA en Canadá) expire sin renegociación, un mazazo potencial para economías interdependientes que mueven billones de dólares anuales.
El encuentro, el primero cara a cara entre Sheinbaum y Trump desde que ambos asumieron sus cargos –ella en octubre de 2024, él en enero de 2025 tras su victoria electoral–, no fue casual. Coincidió con el sorteo de grupos del Mundial 2026, coanfitrión por EE.UU., México y Canadá, un evento que FIFA promociona como «el más grande de la historia» con 48 equipos y sedes en 16 ciudades. Los tres líderes participaron en el ritual: extrajeron bolillas con los nombres de sus países en un escenario adornado con confeti y himnos nacionales. Trump, galardonado ese mismo día con el controvertido «Premio FIFA de la Paz» –un honor que algunos críticos tildaron de «circo diplomático»–, subió al podio y elogió públicamente a sus socios norteamericanos. «Con Carney y Sheinbaum trabajamos de manera muy estrecha, con coordinación. La relación ha sido fantástica», declaró ante la prensa en la alfombra roja del Kennedy Center.
«Nos estamos llevando muy bien». Un Encuentro Íntimo en Tiempos de Aranceles y Sequías. La reunión trilateral, que duró entre 45 y 50 minutos según fuentes de la Oficina del Primer Ministro canadiense, se celebró a puertas cerradas en una sala adyacente al auditorio principal, sin presencia de staff ni periodistas. «No había asesores en la habitación», confirmó una portavoz de Carney a la AFP, destacando el tono «cordial» del diálogo.
Sheinbaum, al salir, reiteró el optimismo: «Fue una reunión muy positiva, muy cordial. Me voy muy positiva», dijo a reporteros fuera del Instituto Cultural Mexicano, según reportes de La Jornada.
Trump, por su parte, extendió una invitación formal para que Sheinbaum regrese a Washington «pronto», mientras ella le devolvió el gesto para una visita a México. «Ya acordaremos una fecha», agregó la mandataria mexicana. Pero el telón de fondo no era solo fútbol. El T-MEC, renegociado en 2018 durante el primer mandato de Trump y vigente desde 2020, entra en período de revisión obligatoria en 2026. Trump, fiel a su retórica proteccionista, ha revivido amenazas de aranceles del 25% a importaciones mexicanas y canadienses, argumentando déficits comerciales y flujos migratorios. «Posiblemente dejemos que expire», dijo el republicano esta semana, en un eco de sus políticas de 2017 que casi desmantelan el NAFTA original. México, cuyo 80% de exportaciones van a EE.UU., y Canadá, dependiente en energía y autos, ven en esto una bomba de tiempo. La reunión, según el PMO canadiense, reafirmó el compromiso de «seguir trabajando» en el acuerdo, aunque sin detalles concretos.
Sheinbaum, ingeniera de formación y discípula de Andrés Manuel López Obrador, llega a este tablero con una agenda de «diplomacia científica» y soberanía económica. Su viaje a Washington, anunciado el jueves como una «pequeña reunión», incluyó no solo el sorteo sino un encuentro con la diáspora mexicana: alrededor de 200 migrantes en el Instituto Cultural, a quienes reiteró el compromiso de «buen trato» y defensa consular.
«México está con ustedes», les dijo, en un gesto que contrasta con las presiones migratorias de Trump, quien ha prometido «el muro más grande» en su segundo término.
Carney, exgobernador del Banco de Inglaterra y figura fresca en la política canadiense tras su victoria en abril de 2025, aportó el toque financiero al trío. Elegido por los liberales como un «puente» con Trump –a quien conoció en foros globales–, Carney ha enfatizado la «coordinación estrecha» en comercio verde y cadenas de suministro. «Acordamos mantener el CUSMA como escudo contra aranceles amplios», indicó su oficina post-reunión.