Ciudad Juárez.- La situación en la frontera entre Estados Unidos y México, particularmente en el área de Jerónimo-Santa Teresa, Nuevo México, ha escalado con la implementación de medidas adicionales para reforzar el muro fronterizo, lo que ha generado una fuerte controversia. Estas acciones, impulsadas por la administración del presidente Donald Trump y supervisadas por la secretaria de Seguridad Nacional, Kristi Noem, incluyen la instalación de alambradas de navajas, la pintura del muro en color negro para aumentar su temperatura y dificultar su escalada, la colocación de tanquetas militares y la construcción de un segundo muro. Estas medidas han sido calificadas por activistas, organizaciones religiosas y albergues de migrantes como “inhumanas” y “crueles”, y han despertado preocupaciones sobre el impacto humanitario y la seguridad de los migrantes.
Se ha instalado alambre de concertina con navajas en la parte superior del muro fronterizo, lo que incrementa el riesgo de lesiones graves para quienes intenten cruzarlo. Este tipo de barrera física está diseñada para disuadir a los migrantes, pero también aumenta el peligro de heridas severas, especialmente para poblaciones vulnerables como mujeres y niños.
Como parte de una iniciativa anunciada por Kristi Noem el 19 de agosto, el muro fronterizo está siendo pintado de negro para absorber más calor en las altas temperaturas del suroeste de Estados Unidos, haciendo que las barras de metal sean demasiado calientes para tocarlas o escalarlas. Esta medida, propuesta directamente por el presidente Trump, también busca prevenir la corrosión del metal, según declaraciones de Noem y el jefe de la Patrulla Fronteriza, Mike Banks. Sin embargo, críticos han señalado que esta acción, además de ser costosa, es inhumana, ya que podría causar quemaduras a quienes intenten cruzar.
La presencia de tanquetas y personal militar en la frontera refuerza la militarización de la zona. En abril de 2025, la administración Trump desplegó cientos de tropas en la frontera, y Noem ha indicado que no hay un cronograma definido para su retiro, dejando la decisión al presidente. Esta militarización se suma a otras medidas como el uso de drones, cámaras y sensores para fortalecer la seguridad fronteriza.
En junio de 2025, se anunció la construcción de un segundo muro en el sector de Santa Teresa, parte de un proyecto que abarca 36 millas de nuevas barreras en Arizona y Nuevo México. Estas obras, financiadas con fondos de los años fiscales 2020 y 2021, buscan cerrar brechas críticas en el muro existente y reforzar las operaciones de seguridad fronteriza.
Fuerte oposición de activistas
Las medidas han generado una fuerte oposición por parte de activistas, organizaciones religiosas y albergues de migrantes en Ciudad Juárez, quienes argumentan que estas acciones no detendrán la migración, sino que la harán más peligrosa y letal.
El párroco Javier Calvillo Salazar, de la parroquia Mater Dolorosa y exdirector de la Casa del Migrante, calificó las medidas como un retroceso humanitario. Según él, la Iglesia católica rechaza cualquier acción que atente contra la dignidad y la vida de los migrantes, especialmente los más vulnerables. Calvillo señaló que históricamente las barreras físicas y las políticas agresivas no han detenido la migración, ya que la voluntad de las personas por buscar una mejor vida supera estos obstáculos.
Juan Fierro García, director del albergue El Buen Samaritano en Ciudad Juárez, reportó una disminución significativa en el número de migrantes en los refugios, pasando de 260 a solo una decena. Esto se debe a la percepción de que las políticas migratorias de Estados Unidos bajo la administración Trump son cada vez más restrictivas, desalentando a los migrantes de esperar en la frontera. Fierro advirtió que las nuevas medidas, como el alambre de navajas y el muro pintado de negro, aumentan los riesgos físicos para los migrantes, especialmente para niños y mujeres, quienes podrían sufrir lesiones graves o quemaduras.
La gobernadora de Nuevo México, Michelle Lujan Grisham, a través de su director de comunicaciones, Michael Coleman, condenó la pintura negra del muro como un enfoque cruel que busca herir a quienes buscan una mejor vida. Coleman abogó por una reforma migratoria integral que beneficie a ambos lados de la frontera y criticó las políticas de deportación masiva de la administración Trump, argumentando que dañan a las familias y la economía de Nuevo México.
Migración y políticas de Trump
Desde el inicio de su segundo mandato en enero de 2025, el presidente Trump ha intensificado su agenda antiinmigratoria, enfocándose en la construcción del muro y la deportación masiva de migrantes indocumentados. Según datos de la Casa Blanca, en los primeros seis meses de su administración se arrestaron a más de 300,000 migrantes indocumentados, y las detenciones en la frontera han disminuido significativamente, con solo 4,600 en julio de 2025, un 92% menos que el año anterior. Noem ha afirmado que estas políticas han resultado en “la frontera más segura en la historia de la nación”.
Además, el Congreso aprobó en julio un proyecto de ley que asignó 46,000 millones de dólares para completar la construcción del muro, lo que ha permitido un avance de aproximadamente media milla por día. Sin embargo, críticos señalan que estas medidas son costosas e ineficaces, ya que no abordan las causas profundas de la migración, como la violencia, la pobreza y la inestabilidad en los países de origen.
Vacíos los albergues de Ciudad Juárez
En el lado mexicano, los albergues de Ciudad Juárez enfrentan una crisis de “vaciamiento” debido a la percepción de que Estados Unidos no ofrecerá nuevas oportunidades migratorias. Esto ha llevado a muchos migrantes a desistir de esperar en la frontera y buscar otras rutas o destinos, a menudo más peligrosos. La militarización y las nuevas barreras físicas han incrementado los riesgos para quienes intentan cruzar irregularmente, lo que podría resultar en un aumento de lesiones, muertes y explotación por parte de traficantes de personas.
La idea de pintar el muro de negro no es nueva. En 2020, durante el primer mandato de Trump, se intentó un proyecto similar que resultó en un fracaso costoso, ya que la pintura no tuvo el efecto disuasorio esperado y generó críticas por su impacto ambiental y humanitario. Organizaciones como el National Butterfly Center han advertido que las construcciones fronterizas afectan negativamente la biodiversidad y las comunidades locales, al dividir hábitats y limitar el acceso a tierras privadas.
Además, la militarización de la frontera, incluyendo el uso de tanquetas y tropas, ha sido criticada por organizaciones de derechos humanos como un enfoque desproporcionado que no resuelve el problema migratorio, sino que lo agrava al empujar a los migrantes a rutas más peligrosas.
Las medidas implementadas en la frontera entre Estados Unidos y México, como la instalación de alambradas de navajas, la pintura negra del muro, la presencia de tanquetas militares y la construcción de un segundo muro en Jerónimo-Santa Teresa, reflejan una política migratoria endurecida bajo la administración Trump. Si bien estas acciones han reducido las detenciones en la frontera, han generado críticas por su impacto humanitario y su ineficacia para abordar las causas de la migración. En Ciudad Juárez, los albergues y las organizaciones religiosas advierten que estas medidas no detendrán el flujo migratorio, sino que pondrán en mayor riesgo la vida de los migrantes, especialmente los más vulnerables. La situación subraya la necesidad de políticas migratorias más humanas y comprehensivas que aborden tanto la seguridad como las necesidades de las personas que buscan una mejor vida.



