Ciudad de México.- Un análisis gráfico sobre la evolución de la calificación crediticia soberana de México detalla un deterioro progresivo en la evaluación financiera del país a lo largo de las últimas tres administraciones federales. El registro histórico, medido bajo los parámetros de las agencias calificadoras internacionales, muestra cómo la posición de certidumbre económica nacional pasó de un rango de inversión seguro a ubicarse formalmente en el límite inferior previo a perder el grado de inversión.

Al cierre del sexenio de Enrique Peña Nieto en el año 2018, la posición financiera de la nación se mantenía firmemente establecida en la categoría A3 con una perspectiva calificada como estable. De acuerdo con los tabuladores macroeconómicos de la época, este indicador situaba los bonos y la deuda mexicana dentro del estatus de inversión de nivel medio a alto, otorgando un entorno de certidumbre para la atracción de capitales extranjeros y tasas de interés estables.
Con el inicio de la gestión del expresidente Andrés Manuel López Obrador, el perfil crediticio comenzó a registrar ajustes a la baja debido a las incertidumbres en las políticas de inversión y el gasto público. En 2019, aunque se retuvo el nivel A3, la perspectiva cambió a negativa, elevando el nivel de riesgo. Para el año 2020 la calificación descendió formalmente a la categoría Baa1 con perspectiva negativa, un nivel considerado puramente medio. La tendencia a la baja continuó en 2022 al fijarse en la nota Baa2, logrando estabilizar la perspectiva pero descendiendo al rango catalogado como medio bajo.
La actual administración de la presidenta Claudia Sheinbaum heredó y ha dado continuidad a esta trayectoria de ajuste en los mercados internacionales. Al comenzar el mandato en 2024, la nota crediticia se sostuvo en Baa2, pero los analistas financieros internacionales degradaron la perspectiva a negativa, alertando sobre un estatus de riesgo medio bajo. Finalmente, el reporte consolidado para el año 2026 oficializó una nueva disminución al colocar la calificación soberana en Baa3 con perspectiva estable.
Esta última modificación ubica a la economía mexicana en el renglón más bajo de la escala aprobada para conservar el grado de inversión. Los especialistas en la materia advierten que permanecer en este límite inferior incrementa de manera sustancial los costos de financiamiento para el gobierno federal y eleva la vulnerabilidad del país ante cualquier choque financiero externo, limitando el margen de maniobra para el desarrollo de proyectos de infraestructura pública en el mediano plazo.
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