Ciudad de México.- En un alivio inesperado para el bolsillo de miles de jubilados, un selecto grupo de adultos mayores pensionados del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) bajo la Ley 73 se preparan para recibir un depósito triple en sus cuentas bancarias este lunes 3 de noviembre. No se trata de un error bancario ni de una lotería fortuita, sino de la feliz coincidencia de tres apoyos vitales: la pensión mensual ordinaria, el aguinaldo de fin de año y el bimestral de la Pensión para el Bienestar de los Adultos Mayores. Sin embargo, este ‘bono’ no cae del cielo para todos, sino solo para quienes portan apellidos que inicien con la letra «A», según el calendario tentativo de la Secretaría del Bienestar.
Este fenómeno, que podría inyectar hasta 20 mil pesos o más en una sola transacción –dependiendo del monto individual de la pensión IMSS–, resalta las complejidades del sistema de seguridad social en México, donde la burocracia y las fechas alineadas por azar se convierten en un salvavidas para quienes dependen de estos ingresos para sortear la inflación y los altos costos de la vejez. Mientras el país lidia con las secuelas de una economía postelectoral, este pago múltiple emerge como un faro de esperanza para un sector vulnerable que, según datos del Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval), representa más del 10% de la población en pobreza extrema.
La fórmula del triple depósito
Imaginemos la escena: doña María Aguirre, de 72 años y oriunda de Guadalajara, revisa su app bancaria el lunes por la mañana y ve un saldo que duplica –o triplica– su expectativa mensual. Para ella, y para otros en su situación, el 3 de noviembre marcará el día en que convergen dos mundos administrativos: el del IMSS, que depositará la pensión quincenal correspondiente a noviembre junto con el aguinaldo 2025, y el de la Pensión Bienestar, que entregará los 6 mil 200 pesos bimestrales para el periodo noviembre-diciembre. Este último, un pilar del programa social impulsado desde 2019, se dispersa por inicial de apellido para evitar saturaciones en el sistema, y la «A» –que abarca alrededor del 5% de los beneficiarios– cae justo en la misma fecha del IMSS.
Pero el umbral de elegibilidad es estricto, como un filtro que separa a los «privilegiados» del resto. Solo aplicará a quienes reúnan dos condiciones esenciales: estar registrados como pensionados bajo la Ley 73 del IMSS –el régimen para quienes cotizaron antes de julio de 1997, con prestaciones más generosas que su contraparte moderna, la Ley 97– y, simultáneamente, inscribirse en el programa federal de Bienestar para mayores de 65 años. Aquellos bajo la Ley 97, por ejemplo, verán su aguinaldo pospuesto hasta diciembre, lo que diluye el impacto de este «efecto multiplicador».
El aguinaldo, ese derecho laboral que evoca recuerdos de quincenas navideñas, se materializa para los Ley 73 como un pago adicional equivalente a 15 días de pensión, calculado sobre el salario base de cotización. Para un jubilado promedio con una pensión de unos 8 mil pesos mensuales, esto podría sumar 4 mil pesos extras, elevando el depósito total a cifras que, sumado al Bienestar, rozan los 18 mil en un solo golpe. «Es como un regalo anticipado de Santa Claus, pero solo si tu apellido empieza con A», ironiza un experto en finanzas personales consultado por este medio, quien advierte que esta coincidencia es «puramente calendárica» y no un diseño intencional del gobierno.
Para el resto de las iniciales, la fortuna se diluye en días. El esquema de Bienestar, aún pendiente de confirmación oficial por la Secretaría que encabeza la presidenta Claudia Sheinbaum, prevé un despliegue progresivo: la «B» el martes 4, la «C» el miércoles 5, y así sucesivamente hasta la «Z» a mediados de mes. Esto significa doble pago para muchos –IMSS más Bienestar–, pero sin el clímax del triple. En total, el programa alcanzará a unos 11 millones de derechohabientes este bimestre, inyectando más de 68 mil millones de pesos a la economía informal, donde residen la mayoría de estos adultos.
Esta dispersión por apellidos, una herencia de administraciones pasadas, busca eficiencia logística en un país donde el 40% de los bancos rurales aún opera con ventanillas manuales. Sin embargo, no está exenta de críticas: activistas por los derechos de los mayores argumentan que perpetúa desigualdades, dejando a familias con «Z» en vilo hasta finales de noviembre, cuando la urgencia por medicinas o deudas ya aprieta. «El calendario es justo en teoría, pero en la práctica, una semana de diferencia puede ser la brecha entre comer o no», reflexiona un sociólogo de la UNAM especializado en envejecimiento.
En el torbellino de expectativas, la sombra de los fraudes acecha. Con el triple pago en el horizonte, ciberdelincuentes podrían intensificar campañas de phishing fingiendo ser del IMSS o Bienestar, solicitando datos personales a cambio de «acelerar» depósitos. Autoridades federales ya han emitido alertas: verifiquen siempre en canales oficiales, como la app IMSS Digital o el portal gob.mx/bienestar.
Si el bimestral de 6 mil 200 pesos no aparece en la cuenta –o si se recibe menos de lo esperado–, el primer paso es revisar el estatus en la plataforma de Bienestar o llamar al 800 639 4264, la línea gratuita de atención que opera las 24 horas. Para pensionados IMSS, el contacto es el 800 623 2323. «No caigan en trampas; el gobierno no pide depósitos previos ni números de tarjeta por teléfono», enfatiza un portavoz de la Secretaría del Bienestar en un comunicado reciente. En 2024, se reportaron más de 5 mil intentos de estafa relacionados con pensiones, un recordatorio de que la generosidad estatal también atrae a los depredadores.
El triple depósito no es solo un respiro; es una oportunidad para rearmar el futuro en tiempos de incertidumbre. Especialistas en gerontología económica coinciden en que este influxo –que podría elevar el ingreso promedio de un beneficiario en un 50% por un mes– debe manejarse con astucia. Prioricen emergencias: un fondo para medicamentos crónicos, como los antidiabéticos que consumen el 30% del presupuesto familiar de muchos mayores, o el pago de deudas pendientes que ahuyentan el sueño.
«Estudios muestran que un tercio de estos apoyos se diluye en gastos no esenciales en las primeras semanas, pero el impacto real está en la planificación», advierte una analista del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI). Recomendaciones concretas incluyen destinar al menos el 40% a un ahorro básico –quizá en Cetes a tasa fija– y el resto a mejoras en vivienda o nutrición. Al fin y al cabo, este programa no es caridad efímera, sino un pilar para dignificar la vejez en un México donde la esperanza de vida supera los 75 años, pero la cobertura social aún cojea.
En vísperas de un noviembre cargado de simbolismos –el Día de Muertos recordándonos la finitud–, este pago triple se erige como un tributo vivo a la resiliencia de los mayores. Para doña María y sus pares con «A», será un lunes de gratitud multiplicada. Para el resto, una promesa de que la justicia social, aunque escalonada, eventualmente llega.



