Rabat, Marruecos.- En un cierre de infarto que encapsuló la garra del fútbol mexicano, la Selección Sub-17 Femenil se alzó con el tercer lugar del Mundial de la categoría al vencer a Brasil en tanda de penales por 3-1, tras empatar 1-1 en tiempo reglamentario. El autogol brasileño en el minuto 90+3 devolvió la vida al Tri, que selló la hazaña gracias a las atajadas de Valentina Murrieta, figura estelar del torneo. Bajo la dirección de Miguel Gamero, este logro marca la mejor actuación histórica de México en el certamen, superando expectativas en un torneo disputado por primera vez en África.
Un trayecto de resiliencia: de la derrota inicial al podio mundial
El camino de las dirigidas por Gamero no fue un paseo triunfal, sino una odisea de superación que comenzó con un tropiezo en la fase de grupos. El 18 de octubre, México cayó 0-2 ante una Corea del Norte implacable, con goles tempraneros de Yu Jong-hyang y Kim Won-sim que pusieron a prueba la solidez defensiva del equipo. Sin embargo, el Tri se recompuso con autoridad: el 21 de octubre, Citlalli Reyes, la artillera del conjunto azteca, firmó el 1-0 victorioso sobre Países Bajos en el minuto 87, un tanto que inyectó confianza al grupo. Dos días después, el 24 de octubre, Reyes repitió la dosis con otro gol en el descuento para doblegar 1-0 a Camerún, asegurando el segundo lugar del Grupo B con seis puntos.
La eliminatoria directa elevó la apuesta. En octavos de final, México despachó a Paraguay con un 2-1 ajustado, donde la mediocampista Alexa Martínez orquestó las jugadas clave que desequilibraron el marcador. Los cuartos de final trajeron un duelo de alta intensidad contra Italia, resuelto 1-0 a favor del Tri gracias a un cabezazo de Berenice Ibarra, capitana y pilar emocional del equipo. La semifinal, el 5 de noviembre, fue un muro infranqueable: Países Bajos ganó 1-0 con un gol en la segunda mitad, dejando a México con el corazón roto pero con la promesa de un consuelo que valdría oro. «Queríamos ese tercer lugar para irnos con alegría y orgullo», había declarado Gamero días antes, un deseo que sus pupilas cumplieron a rajatabla.
El pulso del Pachuca: el club que vistió de verde al podio azteca
Detrás de cada victoria late el pulso de los clubes que forjaron a estas guerreras. Pachuca emerge como el gran artífice, aportando cuatro jugadoras que tejieron la red de contención y ataque del Tri. La capitana Berenice Ibarra, nacida y criada en las canchas hidalguenses, no solo lideró con brazalete sino que su remate en cuartos fue el sello de la clasificación. Junto a ella, Alexa Martínez controló el medio campo con visión quirúrgica, mientras las delanteras Joselyn Solín y Valeria Vázquez aportaron velocidad y profundidad, aunque su impacto se sintió más en la rotación que en los reflectores.
Este dominio tuzo no es casualidad. Pachuca ha invertido en su cantera femenil con una filosofía que prioriza la técnica y la tenacidad, convirtiéndose en semillero para la Selección. «Estas chicas representan el futuro del fútbol mexicano, y Pachuca las ha moldeado con disciplina», reflexionó Gamero tras el pitazo final, reconociendo el rol del club en su exhaustiva búsqueda de talento.
Águilas americanas y el eco tricolor en la MLS
América no se quedó atrás en esta sinfonía colectiva, contribuyendo con tres elementos que brillaron bajo presión. La portera Valentina Murrieta, de las Águilas, se erigió en heroína absoluta: sus reflejos felinos en el arco y, sobre todo, la atajada en penales que desató la euforia mexicana, la convirtieron en la jugadora más destacada del torneo. «Valentina es un muro, su confianza nos contagia a todas», elogió Ibarra post-partido. Flanqueándola, Bárbara del Real compitió por el puesto bajo los tres postes, mientras la defensa Vanesa Paredes aportó solidez en la zaga, interceptando balones clave en la semifinal.
Pero el alcance del Tri trasciende fronteras. Seis jugadoras militan en equipos de Estados Unidos, un puente que Gamero cruzó incansablemente en sus cuatro años de preparación. Citlalli Reyes, autora de al menos tres goles en el Mundial, comparte vestuario con Laila Ávila en el San Diego Surf, donde su olfato goleador ya era legendario. Stella Barajas y Samantha Ruíz, del Legends de California, inyectaron frescura al ataque, mientras Anaiya Miyazato, del Excel Soccer en Phoenix, y Ava Stack, de Georgia Soccer, sumaron versatilidad cultural y táctica. «No recuerdo cuántos vuelos hice, pero valió cada kilómetro», confesó el entrenador, cuya red de visorias abarcó desde Tijuana hasta Atlanta.
Chivas y el mosaico de la Liga MX: contribuciones que suman al bronce
En un mosaico que refleja la diversidad de la Liga MX Femenil, Chivas aporta su cuota con una sola pero valiosa pieza: la mediocampista Valeria Alvarado, cuya tenacidad en el quite fue esencial para recuperar posesiones en duelos cerrados. Tras Pachuca y América, Monterrey y Atlas empatan en contribuciones con dos jugadoras cada uno. Las regias Zoé Sánchez y la delantera Miranda Solís, del Rayadas, trajeron precisión en pases y definición, mientras Emily Delgado y la portera Dayana Covarrubias, de las rojinegras, reforzaron la retaguardia.
Toluca se hace presente con la defensa Fernanda Monroy, cuya lectura de juego evitó contragolpes letales, y FC Juárez con la atacante Chloe del Real, una chispa de creatividad en el frente. Tigres cierra el círculo con Mia Villalpando, cuya polivalencia permitió rotaciones fluidas. «Este bronce es de todo México, de cada club que creyó en nosotras», declaró Paredes, la americanista, en una rueda de prensa cargada de lágrimas y sonrisas.
Con este tercer lugar, México no solo cierra un capítulo glorioso en Marruecos, sino que siembra semillas para futuras conquistas. Gamero, visiblemente emocionado, resumió el sentir colectivo: «Merecían más, pero este podio es el inicio de algo grande». El fútbol femenil azteca, con su mezcla de talento local e internacional, avanza con paso firme hacia horizontes mayores.



