Uruapan, Michoacán.- La frialdad del crimen organizado mexicano quedó al descubierto en una audiencia judicial que sacudió a Michoacán. Nuevas pruebas presentadas contra Jorge Armando “N”, alias “El Licenciado”, autor intelectual del asesinato del exalcalde Carlos Manzo, revelan un chat de mensajería cifrada donde se orquestó el atentado con precisión quirúrgica. El 1 de noviembre, durante el bullicioso Festival de las Velas en la plaza principal de Uruapan, Manzo cayó abatido a quemarropa, cargando a su hijo en brazos. La orden fue clara y deshumanizada: “No importa que traiga al niño, así hay que darle piso”.
El caso, que ha conmocionado al occidente del país, expone no solo la infiltración del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG) en la política local, sino también su estrategia de reclutamiento en “anexos” o clínicas de rehabilitación, convertidos en “semilleros” de sicarios. Según el informe de la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana (SSPC), liderado por Omar García Harfuch, y la Fiscalía de Michoacán, el grupo de WhatsApp intervenido –con al menos 10 participantes– detalla la planificación desde días antes hasta los minutos fatales. “El Licenciado”, detenido el 18 de noviembre en Morelia, encabezaba las comunicaciones, actuando como enlace directo con Ramón Álvarez Ayala, “El R1”, jefe regional del CJNG.
Los mensajes, extraídos de dos celulares hallados junto a los cuerpos de Fernando Josué “N” (16 años) y Ramiro “N” (35 años) –encontrados sin vida el 10 de noviembre en la carretera Uruapan-Paracho–, pintan un panorama escalofriante. Antes del ataque, el chat bullía de actualizaciones: “Harán un recorrido”, “Ya estamos a minutos”, “Va el encendido de las velas”, “Ya estamos listos para romperle su madre como quiere el patrón”. Ramiro, operador logístico e instructor de los jóvenes reclutas, enviaba videos en tiempo real de los movimientos de Manzo. A las 18:06, reportó: “Va caminando por el jardín principal”. La ejecución la llevó a cabo Víctor Manuel Ubaldo Vidales, un adolescente de 17 años de Paracho, reclutado por Ramiro en un anexo local. Víctor, con antecedentes de adicción, disparó directamente al alcalde y fue abatido en el sitio por un escolta con su propia arma, un revólver calibre .38.
Posteriormente, el chat se llenó de urgencia y euforia criminal: “Muévanse todos, hay que esperar si se muere el perro”, “¿Saben si le dio en la cabeza?”, “Manden fotos de las notas”, “Escóndanse todos”, “Se la rifaron, muchachos, mis respetos”, “Eliminen todo”, “El patrón les manda decir que gracias”. “El Licenciado” atribuyó personalmente una advertencia a Fernando y Ramiro: “Ya tienen una foto de ustedes”. El pago por el “trabajo”: dos millones de pesos, distribuidos entre los ejecutores.
El móvil, según las autoridades, radica en una vendetta del CJNG. Manzo, alcalde popular de Uruapan desde enero de 2024, había ordenado la detención de René Belmonte Aguilar, “El Rino”, un lugarteniente clave de “El R1”. Este último, con trayectoria desde el Cártel del Milenio en los 2000, liberado en 2022 tras una detención en 2012, controla células como “Los Cannabis” en la región, extorsionando a productores agrícolas y traficando enervantes. “El R1” delega en “El Licenciado”, quien usaba chips desechables y contravigilancia digital para evadir rastreos.
La trama se complica con traiciones internas. Un miembro del equipo de seguridad de Manzo filtró su agenda al cártel, facilitando la vigilancia. Siete escoltas fueron detenidos esta semana por omisión y posible connivencia, tras análisis de llamadas y videos. “Fallaron en lo básico: proteger al alcalde en un evento público”, acusó García Harfuch en conferencia. Además, funcionarios municipales no identificados habrían colaborado, señalando horarios del festival.
Las consecuencias trascienden el crimen. Ramiro dejó una carta póstuma a su familia, pidiendo perdón a su hija por unirse al narco y culpando a “El Licenciado” de arrastrarlo. “No hay que ser alcahuetes”, clamó Carlos Bautista Tafolla, amigo de Manzo, ofreciendo hasta 10 mil pesos por denuncias contra familiares de implicados. La muerte de los tres jóvenes sicarios –Víctor en el lugar, Fernando y Ramiro ejecutados– sugiere una “limpieza” interna para silenciar testigos.
Este atentado ilustra la fragilidad de las instituciones en Michoacán, donde el CJNG, bajo Nemesio Oseguera Cervantes “El Mencho”, extiende tentáculos desde reclutamientos vulnerables hasta corrupción política. La audiencia contra “El Licenciado” continúa, prometiendo más revelaciones. Mientras Uruapan llora a su alcalde –quien prometía combatir la inseguridad–, la pregunta persiste: ¿cuántos chats similares operan en la sombra? La justicia avanza, pero el terror, con su crudeza digital, persiste.



