Ciudad de México.- Revelaciones en las memorias de Ken Salazar exponen la preocupación de la administración federal mexicana ante el proceso judicial de Ismael El Mayo Zambada en Estados Unidos, de la cual publica fragmentos muy reveladores el diario Reforma.
Las memorias publicadas por el exembajador de Estados Unidos en México, Ken Salazar, han generado un fuerte impacto en los círculos políticos y diplomáticos de ambas naciones, al revelar detalles inéditos sobre las dinámicas internas del gobierno mexicano tras la captura del histórico líder del Cártel de Sinaloa, Ismael El Mayo Zambada. En uno de los pasajes más controvertidos del texto, el diplomático estadounidense relata las reacciones inmediatas del círculo cercano al expresidente Andrés Manuel López Obrador, exponiendo los temores de la administración federal ante la información que el capo sinaloense pudiera compartir con los fiscales norteamericanos. 
De acuerdo con el testimonio escrito por Salazar, un prominente empresario mexicano con acceso directo a los círculos de toma de decisiones de la Presidencia de la República le confió el estado de alerta y preocupación que imperaba en el Ejecutivo Federal. El exembajador plasmó en su obra de forma textual la confidencia recibida, señalando que el exmandatario se encontraba sumamente consternado por los alcances de las declaraciones de Zambada García ante el tribunal de Nueva York, ante la latente posibilidad de que revelara vínculos directos de complicidad entre el crimen organizado y diversos funcionarios públicos de la estructura gubernamental de los tres niveles de gobierno.
El libro detalla que el asombro y la tensión no solo radicaban en la detención per se del narcotraficante, efectuada en un aeródromo de Texas, sino en la inmensa base de datos, registros, transacciones financieras e historias de protección institucional que un personaje con más de cinco décadas de actividad ininterrumpida en el narcotráfico acumulaba en su memoria. Salazar describe este escenario como un factor de inestabilidad política que condicionó la narrativa oficial y las relaciones bilaterales en materia de seguridad durante la última etapa del sexenio obradorista, caracterizada por las constantes solicitudes de información técnica sobre el operativo de traslado del capo.
El análisis que se desprende de las memorias del exrepresentante de la Casa Blanca en México contextualiza el distanciamiento y el hermetismo institucional que enfrió la cooperación binacional. Las páginas sugieren que la retórica oficial de soberanía esgrimida en las conferencias matutinas respondía en gran medida a una estrategia de contención de daños y a una profunda desconfianza respecto a qué tanto utilizaría el Departamento de Justicia de los Estados Unidos los testimonios de El Mayo Zambada como herramientas de presión política o jurídica contra el aparato gubernamental del país vecino.
La difusión de estos fragmentos reaviva el debate sobre los nexos entre el poder político y las estructuras delictivas en las regiones con mayor presencia del Cártel de Sinaloa. Mientras los especialistas en seguridad internacional revisan las implicaciones de las memorias de Salazar, el proceso penal contra Zambada continúa su curso en territorio estadounidense, manteniendo la expectativa sobre las ramificaciones que futuras audiencias o acuerdos de culpabilidad puedan tener en la estabilidad institucional del sistema político mexicano.



