Chihuahua, Chih. — La gobernadora del estado, María Eugenia Campos Galván, reconoció de manera abierta que las recientes bajas registradas en su administración ocurrieron al interior de su propio equipo de trabajo, tras detectar a funcionarios con agendas distintas y proyectos ajenos al servicio de la ciudadanía, conductas que calificó como una traición al proyecto gubernamental.
Durante un encuentro con representantes de los medios de comunicación en el Palacio de Gobierno, la mandataria fue cuestionada sobre sus señalamientos previos acerca de personas a las que se les hace fácil desviar su labor y enfocar esfuerzos hacia otros intereses. Al respecto, afirmó que confía en pocas personas y reiteró que el protocolo ante estas situaciones es contundente: cuando se descubre que un colaborador deja de trabajar por las causas de los chihuahuenses, el resultado ineludible es su salida de la administración.
Estas declaraciones se emiten en el marco de los movimientos suscitados en la estructura del gabinete, los cuales han derivado en la salida de figuras relevantes como Rafael Loera Talamantes y el ex fiscal general del Estado, César Jáuregui Moreno. La titular del Ejecutivo reflexionó sobre cómo el poder, el estatus y los privilegios que acompañan a los cargos públicos pueden alterar la conducta y los valores de los servidores públicos, admitiendo que la vulnerabilidad ante dichos factores exige mantener los pies en la tierra y un sólido anclaje moral.
Frente a la posibilidad de que excolaboradores que abandonaron las filas del gobierno estatal puedan integrarse a Morena, Campos Galván manifestó su deseo de que prevalezca la congruencia política. En específico, al ser cuestionada sobre el caso de César Jáuregui, señaló que la doctrina y los principios con los que lo conoció hace quince o veinte años difieren radicalmente de las formas y prácticas que actualmente pregona la autodenominada Cuarta Transformación.



