La historia de los vuelos de Mara Lezama no comenzó en el Palacio de Chetumal. Venía con equipaje desde Cancún. Los registros revisados en investigaciones periodísticas ubican traslados en aeronaves privadas desde su etapa como presidenta municipal de Benito Juárez, entre 2018 y 2022, cuando habría acumulado 31 vuelos privados. Ya como gobernadora, a partir del 25 de septiembre de 2022, la bitácora se vuelve considerablemente más intensa: 97 vuelos privados y 119 movimientos internacionales en total, de acuerdo con el recuento publicado por Reforma a partir de registros migratorios, aeroportuarios y del Departamento de Seguridad Nacional de Estados Unidos.
Dicho de otra manera: de esos 119 movimientos internacionales atribuidos a Lezama desde que asumió la gubernatura, 97 corresponden a aeronaves privadas y los 22 restantes a vuelos comerciales. No es poca cosa. Significa que aproximadamente ocho de cada diez movimientos internacionales registrados fueron realizados en aeronaves privadas. Y aquí aparece la primera paradoja: mientras el discurso de la Cuarta Transformación convirtió al avión comercial en símbolo de austeridad republicana, la gobernadora de Quintana Roo parece haber encontrado una ruta bastante más cómoda para cruzar la frontera.
La ruta empieza antes de Palacio
La primera fecha que permite seguir con precisión esta historia se remonta al 31 de enero de 2020. Lezama todavía era alcaldesa de Cancún. Ese día, según registros aeroportuarios citados por Reforma, salió de Cancún rumbo a Denver en un Hawker 750, matrícula XA-MAM. El destino final era Vail, Colorado, uno de los centros turísticos de invierno más exclusivos de Estados Unidos. Viajaba con su hijo Omar Terrazas Lezama.
Pero aquella escapada tiene un detalle digno de crónica política.
Al día siguiente, 1 de febrero, Lezama regresó a Cancún en el mismo avión. No porque se hubiera acabado la nieve, sino porque tenía programado para el 2 de febrero un acto con Andrés Manuel López Obrador en Playa del Carmen. Participó en la gira presidencial y, terminado el evento, volvió a abordar la aeronave privada. A las dos de la tarde emprendió nuevamente el vuelo hacia el área de Vail. El regreso definitivo a Cancún ocurrió el 4 de febrero.
La estampa tiene su propia ironía: una alcaldesa que viaja a un destino de esquí, vuelve a México para acompañar al Presidente, cumple con la agenda oficial y, apenas termina el acto, regresa al mismo destino vacacional. La política, en ocasiones, exige sacrificios; aunque no siempre queda claro por qué algunos se hacen a bordo de un Hawker.
Y no fue un episodio aislado.
Vail, Orlando y la geografía del jet-set
Los registros ubican otros vuelos de Lezama a Vail. El 10 de agosto de 2023 salió de Cancún rumbo al Aeropuerto Regional del Condado de Eagle, en Colorado, a bordo de un Gulfstream 200, matrícula XA-GLF, y regresó tres días después. El 3 de febrero de 2024 partió de Toluca hacia el mismo aeropuerto en otro Gulfstream G200, matrícula XA-PKR; volvió dos días después.
Pero si Vail aparece como destino recurrente, Orlando se lleva el trofeo.
Desde el 25 de septiembre de 2022, fecha en que comenzó formalmente su administración estatal, los registros migratorios consultados reportan 53 entradas y salidas de Orlando, Florida. Es, por mucho, el destino internacional que más se repite en la bitácora.
Después aparecen otros destinos de la agenda internacional: Roma, Londres, Madrid, París, Toronto y Vancouver, estos sí identificados en vuelos comerciales. Es decir, cuando se trató de determinados compromisos internacionales, también hubo boleto de aerolínea convencional. La distinción resulta importante porque el debate no es que la gobernadora viaje: Quintana Roo vive del turismo y una gobernadora tiene razones legítimas para promover inversiones, asistir a ferias, reuniones internacionales y encuentros turísticos.
El problema empieza cuando el medio de transporte, la frecuencia y el origen del pago dejan preguntas que el discurso oficial todavía no termina de contestar.
¿Cuánto cuesta volar así?
Aquí la calculadora se vuelve más incómoda que la bitácora.
La investigación difundida por Reforma tomó como referencia un costo promedio de alrededor de 6 mil dólares por hora de vuelo en las aeronaves utilizadas. Bajo ese parámetro, un traslado a Orlando fue estimado en aproximadamente 406 mil pesos, mientras que uno a Vail podría alcanzar los 812 mil pesos.
Para dimensionarlo: los 406 mil pesos de un viaje a Orlando equivalen a casi cuatro meses del salario mensual neto reportado para la gobernadora; el viaje a Vail representa prácticamente ocho meses de esa percepción.
Y aquí conviene poner una pausa, porque las cifras no deben inflarse para hacer más espectacular la historia.
Una investigación paralela de POPLab y CONNECTAS identificó 43 vuelos internacionales entre diciembre de 2018 y diciembre de 2025 en dos Gulfstream G200 administrados por PABE-TAX, empresa vinculada corporativamente con Grupo Seguritech, proveedor del Gobierno de Quintana Roo. De esos 43 movimientos, 19 correspondieron a Lezama y 24 a integrantes de su familia. La investigación no establece que Seguritech haya pagado los vuelos.
Por otra parte, cálculos publicados con base en 69 vuelos desde aeropuertos mexicanos estiman el costo de esos traslados en alrededor de 20 millones de pesos. Es una estimación, no una factura exhibida. Precisamente por eso debe manejarse como aproximación y no como gasto comprobado.
Pero incluso como aproximación, la cifra permite comprender la dimensión del asunto.
El sueldo contra la pista
La Plataforma Nacional de Transparencia reporta para Lezama una percepción neta mensual de 102 mil 598 pesos, además de prestaciones como aguinaldo, prima vacacional y otros conceptos.
Con ese ingreso, un vuelo estimado en 406 mil pesos equivale a casi cuatro meses de salario; uno de 812 mil pesos, a casi ocho.
Y si se toma como referencia la estimación de 20 millones de pesos para 69 vuelos, la cantidad equivale a más de 16 años del salario neto mensual de la gobernadora, calculado anualmente.
Eso no significa que Mara Lezama haya pagado necesariamente los vuelos con su sueldo. De hecho, ella sostiene exactamente lo contrario: ha afirmado que los viajes privados fueron de carácter personal o familiar y que nunca fueron solventados con dinero público. La mandataria rechazó los señalamientos y sostuvo que cuenta con recursos propios para realizar esos desplazamientos.
Ahí está justamente el corazón del asunto.
La pregunta no es solamente cuánto gana Mara Lezama. La pregunta verdaderamente incómoda es quién pagó cada vuelo, bajo qué concepto, con qué relación contractual o personal y si existió alguna contraprestación.
Porque un avión privado no es problema si alguien puede pagarlo legalmente con su patrimonio. El problema aparece cuando quien ocupa el poder utiliza una aeronave perteneciente o administrada por una empresa que mantiene contratos con el gobierno que encabeza. Y eso exige documentos, no explicaciones políticas.
Una gobernadora, una familia y las coincidencias
La investigación de POPLab y CONNECTAS encontró que, entre diciembre de 2018 y diciembre de 2025, Lezama y miembros de su familia realizaron esos 43 vuelos en dos Gulfstream G200 administrados por PABE-TAX. La empresa está vinculada con Grupo Seguritech, corporación que mantiene contratos con el Gobierno de Quintana Roo para servicios relacionados con seguridad.
No se ha demostrado que esos contratos hayan financiado los viajes. Tampoco que el uso de las aeronaves haya sido una contraprestación. Pero la coincidencia merece una explicación completa porque involucra precisamente a una empresa que tiene negocios con el gobierno estatal.
Y mientras más se investiga, más grande aparece el tablero. El recuento publicado sobre Lezama habla de 97 vuelos privados desde septiembre de 2022. Si además se incorpora a su círculo familiar y político, otras investigaciones hablan de 283 movimientos asociados con aeronaves privadas. Esa cifra, sin embargo, corresponde al conjunto de personas investigadas y no debe confundirse con los 97 vuelos atribuidos exclusivamente a la gobernadora.
La paradoja de la austeridad
Mara Lezama llegó al gobierno bajo las siglas de Morena, movimiento que convirtió la austeridad en uno de sus principales símbolos políticos. Andrés Manuel López Obrador hizo del vuelo comercial una bandera; Claudia Sheinbaum, incluso antes de llegar a la Presidencia, defendió públicamente que los funcionarios no debían utilizar aviones privados y llegó a separar de sus cargos a colaboradores por hacerlo.
Por eso el caso resulta políticamente más delicado que una simple colección de boletos de avión.
No se trata de contar cuántas veces Mara Lezama fue a Orlando. Se trata de saber si la austeridad que se predica para el ciudadano también aplica cuando el pasajero tiene acceso al poder.
Porque una cosa es viajar por trabajo y otra muy distinta es que la bitácora parezca tener predilección por Orlando y Vail. Una cosa es asistir a Fitur en Madrid para promover Quintana Roo —actividad perfectamente compatible con las responsabilidades de una gobernadora— y otra que los registros privados acumulen decenas de movimientos hacia destinos turísticos de alta gama.
La pregunta que queda flotando sobre la pista no es menor: ¿quién pagó?
Si fue la gobernadora con recursos personales, que se exhiba la evidencia y se cierre el expediente político. Si fueron terceros, habrá que saber quiénes. Si hubo empresas contratistas, la lupa deberá posarse sobre posibles conflictos de interés. Y si se utilizó dinero público, entonces ya no estaríamos hablando simplemente de estilo de vida, sino de rendición de cuentas.
Por lo pronto, los números tienen una elocuencia incómoda: 97 vuelos privados desde el inicio de su gubernatura; 119 movimientos internacionales; 53 entradas y salidas de Orlando; Vail como otro destino recurrente; vuelos comerciales a las grandes capitales turísticas; una estimación de alrededor de 20 millones de pesos para una parte de los traslados y un salario mensual neto de poco más de 102 mil pesos.
La gobernadora dice que los viajes fueron privados y pagados con recursos personales. La respuesta, sin embargo, no termina con decir “yo pagué”. En política, especialmente cuando se gobierna bajo el discurso de la austeridad, también hay que demostrarlo.
Porque hasta ahora la bitácora cuenta una historia bastante clara: la austeridad de Morena llegó a Quintana Roo… pero, al menos según estos registros, encontró una pista privada para despegar.



