Oaxaca, Oaxaca.- El descarrilamiento del Tren Interoceánico en Oaxaca, ocurrido el 28 de diciembre con un saldo de al menos 13 muertos y 98 heridos, ha generado malestar en el entorno presidencial de Claudia Sheinbaum, al exponer vulnerabilidades en los megaproyectos heredados del sexenio anterior.
El accidente, en la Línea Z del Corredor Interoceánico del Istmo de Tehuantepec —administrado por la Secretaría de Marina—, coincide con el anuncio reciente de la compra de 47 trenes a la francesa Alstom por 920 millones de euros, destinada a otros corredores ferroviarios. Fuentes cercanas al gobierno señalan que el siniestro empaña esta modernización y alerta a proveedores internacionales sobre riesgos en obras gestionadas por militares, potencialmente exponiéndolos a daños reputacionales.
El descarrilamiento revive críticas a la supervisión de Gonzalo López Beltrán, hijo del expresidente Andrés Manuel López Obrador, quien fungió como supervisor honorífico del proyecto. Esto reaviva escándalos familiares que impactan la imagen de Morena, según reflejan encuestas recientes.
Otro foco tóxico es la Marina, involucrada en la construcción bajo el almirante Raymundo Morales Ángeles, en un año marcado por controversias previas.
Más allá, defender las obras emblemáticas se complica. El Tren Maya cumplió metas de pasajeros, pero registra déficits operativos superiores a 2 mil millones de pesos anuales, con ingresos propios cubriendo apenas el 12-13%. El AIFA movilizó cerca de 7 millones de pasajeros en 2025, lejos de metas iniciales. Mexicana de Aviación acumuló pérdidas superiores a 800 millones. Dos Bocas, con costo final superior a 20 mil millones de dólares —casi triple del presupuesto original—, refina solo un tercio de su capacidad proyectada.
Estos desafíos no solo son discursivos: el margen fiscal escaso obliga a Sheinbaum a buscar inversión privada para sostener el legado estructural.