Macedonio derrota a Sheinbaum en Guerrero
En Guerrero no solamente ganó Beatriz Mojica. Ganaron las fuerzas locales encabezadas políticamente por Félix Salgado Macedonio y, con ellas, una estructura de Morena que decidió no atender el mensaje que Claudia Sheinbaum había enviado desde Palacio Nacional. El resultado tiene una lectura inevitable: es una derrota política para la presidenta y una demostración de que su liderazgo dentro del partido no parece ser absoluto.
En el actual proceso electoral rumbo a 2027, Sheinbaum solamente hizo un destape que puede interpretarse como una expresión pública de apoyo a una aspirante: Esthela Damián Peralta para la gubernatura de Guerrero. No dijo literalmente “mi candidata”, pero el mensaje era demasiado evidente para no entenderlo.
El 22 de abril, durante la mañanera, Sheinbaum anunció que Damián dejaría la Consejería Jurídica del Ejecutivo Federal para ir a Guerrero. No era la salida de una funcionaria cualquiera. Damián era una colaboradora de su absoluta confianza y la relación política entre ambas viene desde 2017. De hecho, fue coordinadora de la campaña de Sheinbaum a la Jefatura de Gobierno de la Ciudad de México en 2018.
Después ocupó posiciones relevantes junto a Sheinbaum y llegó incluso a la Consejería Jurídica de la Presidencia. Por eso, cuando la presidenta anunció públicamente su salida para entrar a la disputa política de Guerrero, la interpretación natural fue que estaba destapando a Damián. La señal presidencial, sin embargo, fue ignorada.
Ariadna Montiel y Citlalli Hernández condujeron el proceso como si la expresión política de Sheinbaum fuera solamente una opinión más dentro de la competencia interna. Y el desenlace resulta todavía más significativo porque Esthela Damián no llegaba a la definición sin posibilidades electorales. Las encuestas de los últimos dos meses, por el contrario, favorecían reiteradamente a Damián.
SRC, Demoscopia, Rubrum y Massive Caller la colocaron en distintos momentos por encima de Beatriz Mojica. No se trata, por tanto, de que Morena haya tenido que escoger entre una candidata sin posibilidades y otra claramente competitiva. Damián tenía números para ganar Guerrero y Morena conservaba, además, una ventaja cercana a los 30 puntos sobre la oposición. Había condiciones electorales de sobra para cumplir el deseo presidencial sin poner en riesgo la gubernatura. Pero Morena decidió otra cosa.
Aquí aparece la hipótesis que vuelve mucho más interesante el desenlace: pudo haberse negociado la candidatura para evitar una fractura. No puede afirmarse como un hecho mientras no se conozcan los resultados de las encuestas internas y los términos de la negociación, pero la secuencia política apunta hacia esa posibilidad. Sacrificar a Damián pudo haber sido el precio para mantener unido al partido y evitar una confrontación mayor con las estructuras locales.
Y ahí aparece Beatriz Mojica. Su trayectoria política es propia y no puede reducirse a ser una simple creación del grupo Salgado. Pero su llegada a la candidatura tiene una lectura política muy clara: ganaron las fuerzas locales encabezadas políticamente por Félix Salgado Macedonio y su entorno en Guerrero.
Mojica terminó imponiéndose precisamente sobre la mujer que había sido identificada como la carta de Sheinbaum. El resultado, por tanto, no puede analizarse únicamente como una encuesta o como una competencia entre aspirantes.
Es una disputa de poder
Félix Salgado no puede competir por la gubernatura, pero conserva un enorme peso político en Guerrero. Su influencia, junto con la de su hija la gobernadora Evelyn Salgado, fue determinante en el escenario que terminó favoreciendo a Mojica. Y aquí aparece el dato que le pone sabor al asunto: la candidata que derrotó a la carta presidencial terminó siendo la candidata respaldada por las fuerzas políticas locales.
Si para evitar una fractura fue necesario desechar a la mujer que Sheinbaum había enviado a competir y que aparecía arriba en buena parte de las encuestas públicas, entonces la pregunta es inevitable: ¿quién terminó imponiendo las condiciones de la negociación?
Sheinbaum hizo el destape. Morena no lo convirtió en designación. Las fuerzas locales negociaron, resistieron y terminaron imponiéndose.
Y lo más delicado no es Guerrero.
Lo verdaderamente importante es lo que el episodio dice sobre la conducción de Morena. Si la presidenta de México puede expresar públicamente su respaldo a una aspirante, si esa aspirante es competitiva, si el partido conserva una ventaja cercana a 30 puntos y, aun así, la dirigencia decide otra cosa, entonces la pregunta resulta inevitable: ¿Quién conduce realmente a Morena?
El caso Guerrero ofrece una respuesta incómoda. La presidenta tiene el poder del Gobierno, pero quizá no tiene el mismo poder dentro del partido. Y que Ariadna Montiel y Citlalli Hernández hayan dejado pasar el destape de Sheinbaum para terminar favoreciendo una candidatura apoyada por las fuerzas locales encabezadas por Félix Salgado Macedonio constituye un signo ominoso.
Porque Beatriz Mojica ganó Guerrero, sí. Pero políticamente, Félix Salgado ganó una batalla contra Palacio Nacional. Y Claudia Sheinbaum perdió la primera gran pulseada de Morena rumbo a 2027.
Lo preocupante es que, si para conservar la unidad del partido hubo que ignorar una señal tan clara de la presidenta, entonces el problema ya no es quién ganó Guerrero. El problema es saber en manos de quién está realmente la conducción política del partido en el poder.
El operador se impuso en Michoacán
Morena destapó el misterio michoacano y, para sorpresa de nadie, la lógica electoral terminó por barrer con los sentimentalismos de la vieja guardia. Carlos Torres Piña se quedó con la coordinación estatal guinda rumbo a 2027, demostrando que en el pragmatismo de la Cuarta Transformación la chequera del músculo territorial vale más que la nostalgia de los mártires fundadores.
Las encuestas no traicionaron el olfato del partido: con un holgado 29.9 por ciento de preferencia, Torres Piña dejó atrás a competidores como Gladyz Butanda y al mismísimo Raúl Morón, quien se quedó mascando barro con su 21.9 por ciento. Y es que, seamos sinceros, la grilla no se gana con romanticismo histórico, sino con suela, saliva y operadores que sepan mover las estructuras cuando el templete se pone espeso.
El flamante virtual candidato no apareció por generación espontánea. Experredista de cepa, el hoy morenista entendió desde hace años que el poder se amasa en los sótanos de la negociación y no en los discursos de plaza pública. Su paso por la dirigencia del sol azteca, las curules federales y la Secretaría de Gobierno le dotó de un colmillo tan largo que le bastó para doblar a los pesos pesados del obradorismo purista.
Del otro lado, Morón conservaba la base histórica y la memoria de las batallas pasadas, pero en el mercado de las candidaturas las medallas del ayer pagan poco frente a la urgencia pragmática de retener plazas complejas. Morena aplicó la máxima de que el amor no alimenta urnas y prefirió asegurar la maquinaria antes que arriesgar el trono por cortesías políticas.
Al final, el dedito inquisidor de las encuestas cumplió su chamba: coronó al operador pragmático y mandó a los próceres a curarse las heridas. En Michoacán no hubo sorpresas, sino puro cálculo frío.
Bonilla pone a trabajar al PAN
Marco Bonilla ya entendió que en política electoral no basta con aparecer en las encuestas ni con dejar que otros hablen de una candidatura. También hay que poner a trabajar la estructura. Y eso es precisamente lo que empieza a hacer el PAN con sus foros para construir la plataforma rumbo a 2027.
Sobre el papel, se trata de reuniones para escuchar propuestas en los 20 municipios más grandes del estado. En la realidad política, el asunto tiene bastante más fondo. Es la primera etapa de una operación que puede servir para posicionar al PAN, ordenar su discurso y, de paso, medir el terreno donde pretende jugarse la gubernatura.
Bonilla habla de octubre y noviembre y de tener la plataforma terminada al comenzar 2027. Es decir, Acción Nacional quiere llegar al año electoral con los papeles en orden y, sobre todo, con el discurso listo. No parece mala idea cuando enfrente tiene a un Morena que todavía no termina de resolver quién llevará el volante.
Y ahí aparece la primera ventaja panista. Mientras Morena continúa atrapado entre las aspiraciones de Cruz Pérez Cuéllar y Andrea Chávez, el PAN puede darse el lujo de trabajar alrededor de una figura que cada vez se comporta más como candidato, aunque todavía no tenga oficialmente esa etiqueta.
Los foros, además, tienen una segunda utilidad. Permiten a Bonilla recorrer el estado sin presentarse formalmente como candidato. Escuchar a los municipios siempre suena institucional; recorrerlos políticamente tiene otra lectura. Es campaña sin llamarla campaña, construcción territorial sin anunciar construcción territorial. La política tiene esas pequeñas sutilezas.
Más interesante todavía resulta el capítulo de las alianzas. Bonilla reconoce conversaciones con el PRI y reuniones con Movimiento Ciudadano. Dice que no existe ningún acuerdo. Correcto. Pero también dice que la posibilidad de una coalición “todavía no hay que descartarla”. Traducción política: las puertas siguen abiertas y nadie quiere ser el primero en cerrarlas.
El PRI parece ser el socio natural para el PAN en Chihuahua, particularmente si se confirma una candidatura encabezada por Bonilla. MC es otra historia. Su incorporación sería mucho más complicada y dependería de una negociación que tendría que superar la resistencia histórica de ese partido a compartir marquesina con el PRI.
Por eso, más que anunciar una alianza, Bonilla está haciendo algo más útil: está dejando constancia de que está dispuesto a negociar.
Mientras tanto, el PAN prepara territorio, plataforma y posibles socios. Morena sigue discutiendo candidato. Y en una elección que todavía parece lejana, esa diferencia puede terminar siendo bastante menos lejana de lo que algunos imaginan.



