La sucesión de movimientos de Adán Augusto López Hernández después de que Morena dejó fuera a Andrea Chávez de la definición de Chihuahua empieza a dibujar algo más interesante que una simple discrepancia parlamentaria: una ruptura pública con la disciplina política de Morena y, particularmente, con las decisiones de Claudia Sheinbaum.
Conviene separar los hechos de las interpretaciones. Morena definió a Cruz Pérez Cuéllar como coordinador de la Defensa de la Transformación en Chihuahua, por encima de Andrea Chávez, una decisión que dejó al grupo cercano a Adán Augusto sin la posición que había buscado durante meses. Diversos medios han documentado que López Hernández había respaldado públicamente las aspiraciones de Chávez.
Después vino la señal parlamentaria.
El 29 de septiembre, apenas horas después de la definición en Chihuahua, Adán Augusto fue el único senador que votó contra la nueva Ley General en Materia de Bienestar, Cuidado y Protección de los Animales. El dictamen obtuvo 115 votos a favor y uno en contra. La presidenta Sheinbaum, preguntada por el voto de su antiguo coordinador parlamentario, respondió: “No tengo conocimiento de cuáles son sus razones por haber votado en contra, pues tendría que explicarlo él”.
La frase presidencial tiene más filo del que aparenta. No descalifica a Adán Augusto, pero tampoco le ofrece cobertura política. Le devuelve la responsabilidad de explicar por qué se apartó de una votación respaldada prácticamente por todo el Senado.
Al día siguiente apareció otra señal. El Senado aprobó con 72 votos a favor y 34 en contra las reformas al Código Penal Federal y a la Ley Federal de Protección a la Propiedad Industrial, bautizadas por sus críticos como “Ley Antimemes”. La reforma establece penas de uno a cinco años para determinados usos comerciales de identidad gráfica institucional cuando exista intención de inducir al error o engaño para cometer un ilícito. La minuta fue enviada a la Cámara de Diputados.
Adán Augusto no estuvo entre quienes votaron a favor. La nota de Versiones sostiene que se ausentó junto con otros 21 senadores. Ese dato sí está reportado, pero no existe, hasta ahora, una declaración pública de López Hernández que permita afirmar que su ausencia fue una protesta contra la decisión sobre Chihuahua. Esa conexión pertenece al terreno de la interpretación política, no del hecho comprobado.
Y ahí está precisamente el detalle interesante.
Porque mientras Adán Augusto se aparta de dos votaciones relevantes, el PT eleva simultáneamente la presión sobre Morena y mantiene abierta la posibilidad de postular a Andrea Chávez en Chihuahua. Su coordinador parlamentario, Reginaldo Sandoval, ha dicho que el resultado de Morena no necesariamente define la candidatura de toda la coalición y que el PT podría competir con quienes fueron desplazados del proceso morenista.
Todavía no puede hablarse de una rebelión formal ni de una ruptura de Adán Augusto con Morena. Tampoco puede asegurarse que sus votos y ausencias sean consecuencia directa del desenlace de Chihuahua.
Pero las coincidencias temporales son políticamente demasiado visibles para ignorarlas: Andrea Chávez queda fuera, Cruz Pérez Cuéllar recibe el respaldo de Morena, Adán Augusto se aparta de votaciones de la mayoría y el PT abre la puerta para que Andrea compita por otra vía.
En política, cuando las señales se acumulan, hasta las ausencias empiezan a hablar.



