Estambul, Turquía.- En el tercer día de su primer viaje apostólico internacional, el Papa León XIV visitó la Mezquita Sultan Ahmed, conocida como la Mezquita Azul, en Estambul. Este gesto, que se produce exactamente 11 años después de la visita de su predecesor Francisco el 29 de noviembre de 2014, refuerza el compromiso de la Santa Sede con el diálogo interreligioso en un contexto de tensiones globales en Oriente Medio. A diferencia de Francisco y Benedicto XVI, León XIV optó por un recorrido silencioso sin oración formal, lo que generó debate sobre el enfoque del nuevo pontífice estadounidense en el respeto mutuo sin gestos litúrgicos compartidos.
La visita comenzó a las 7:00 hora local, con el Papa descendiendo de su vehículo escoltado por un contingente de seguridad turco y vaticano. Descalzo, como exige la costumbre islámica, y con calcetines blancos, León XIV fue recibido por el ministro de Cultura y Turismo, Mehmet Nuri Ersoy; el muftí provincial de Estambul, Emrullah Tuncel; y el imán de la mezquita, Kurra Hafız Fatih Kaya. Aunque el presidente de la Diyanet, Ali Erbas, no asistió –contrario a lo anunciado inicialmente por el Vaticano–, el encuentro duró 20 minutos y se centró en un tour guiado por el muecín Askin Musa Tunca.
Durante el recorrido, Tunca invitó al Papa a un «momento de alabanza» frente al mihrab, la hornacina que indica la dirección de La Meca. León XIV declinó cortésmente: «Está bien, sigamos el recorrido», según relató el muecín a la prensa. El Vaticano corrigió poco después una nota inicial que mencionaba una «breve oración silenciosa», aclarando que el Pontífice vivió la experiencia «en espíritu de recogimiento y escucha, con profundo respeto por el lugar y la fe de quienes oran allí». Esta decisión marca un contraste con visitas previas: Benedicto XVI, en 2006, rezó en silencio junto al gran muftí Mustafa Cagrici tras la polémica de su discurso en Ratisbona, que avivó protestas musulmanas; Francisco, en 2014, se detuvo dos minutos en oración, enfatizando la fraternidad.
Construida entre 1609 y 1617 por el sultán Ahmed I sobre ruinas del Gran Palacio de Constantinopla, la Mezquita Azul destaca por sus 21,043 azulejos de cerámica turquesa que cubren paredes y la cúpula de 43 metros de altura, iluminada por 260 ventanas. Su arquitectura otomana incluye seis minaretes –una rareza que, según la tradición, surgió de un malentendido entre el sultán y el arquitecto Sedefkar Mehmet Ağa, quien oyó «altı» (seis) en lugar de «altın» (oro)–. Capaz de albergar a 10,000 fieles, el sitio es un emblema del Imperio Otomano y atrae millones de turistas anualmente, aunque fue cerrado temporalmente para la visita papal por motivos de seguridad.
El itinerario de León XIV en Turquía, que incluye Líbano, prioriza la unidad cristiana: tras la mezquita, se reunió con líderes en la iglesia siriaca de Mor Ephrem y celebró misa en el Volkswagen Arena junto al Patriarca Ecuménico Bartolomé I, llamando a «superar divisiones con la fe ortodoxa» y a fijar una fecha común para Pascua. En su homilía, el Papa instó a «no usar la violencia en nombre de Dios», aludiendo a conflictos en Siria y Gaza, donde Turquía acoge a 2.5 millones de refugiados sirios.
Analistas ven en esta visita un «puente pragmático» entre tradiciones, pero critican la omisión de Santa Sofía –convertida en mezquita en 2020–, que Francisco lamentó como pérdida de patrimonio universal. León XIV, primer papa de origen estadounidense y peruano, usa el inglés en discursos para un alcance global, diferenciándose del italiano de sus predecesores. Fuentes vaticanas destacan que el gesto busca «convivencia en diversidad», en un país donde el 99% de la población es musulmana y la minoría cristiana enfrenta desafíos.
La jornada concluyó con una doxología en la Iglesia Patriarcal de San Jorge, reforzando lazos ecuménicos. Este viaje, iniciado en Ankara, subraya la diplomacia de León XIV ante un mundo polarizado, donde el diálogo interreligioso es clave para la paz.



