Juárez, el obstáculo de Bonilla
Marco Bonilla renunciará el próximo lunes 5 de octubre a la Presidencia Municipal de Chihuahua y el sábado 10 iniciará en Ciudad Juárez una nueva etapa de su proyecto político rumbo a 2027. El arranque será en la Plaza del Fundador, en la esquina de 16 de Septiembre y Mariscal, un escenario cargado de simbolismo porque Bonilla estará comenzando su precampaña precisamente donde el PAN enfrenta su mayor desafío electoral.
No es casualidad que Juárez sea el primer gran punto de concentración de su proyecto. Si Chihuahua capital representa una fortaleza probada para el panismo, Ciudad Juárez es su talón de Aquiles. Morena tiene en la frontera una fuerza electoral y territorial que el PAN no ha conseguido desmontar y, por eso, la batalla por la gubernatura necesariamente pasa por Juárez.
Bonilla parece haber entendido que no le alcanzará con el respaldo que tiene en la capital del estado. Necesita penetrar en las colonias juarenses, construir estructura, convencer a sectores que tradicionalmente no votan por Acción Nacional y, sobre todo, desarrollar una operación territorial capaz de traducir simpatías en votos el primer domingo de junio de 2027.
Ahí está uno de los grandes problemas del PAN. Puede tener candidato, discurso, recursos, dirigentes y hasta una eventual alianza con el PRI, pero si no tiene operadores suficientes para recorrer el territorio, movilizar a sus simpatizantes y cuidar las casillas, todo lo anterior puede quedarse en una fotografía de campaña.
Y aquí aparece un dato político que Bonilla haría bien en no desdeñar: los priistas saben cómo se juega una elección en Juárez.
Cruz Pérez Cuéllar parece haberlo entendido antes. El alcalde juarense, convertido ya en uno de los protagonistas centrales de Morena rumbo a 2027, se ha rodeado de operadores provenientes del PRI. No es un asunto menor. Los tricolores conocen las secciones electorales, saben dónde están los liderazgos, conocen a los movilizadores y, sobre todo, saben lo que significa llegar al día D con representantes en las casillas y con una estructura preparada para defender cada voto.
En otras palabras, Cruz les leyó la mano a los priistas antes que Bonilla.
Y si finalmente se concreta la alianza PAN-PRI, el panista tendrá a su disposición una estructura que puede resultar decisiva, siempre que sepa utilizarla. No se trata simplemente de poner priistas en una fotografía junto al candidato. Se trata de dejarlos trabajar el territorio, donde tienen experiencia acumulada y conocen una regla elemental de las elecciones: los votos no llegan solos a las urnas. ¡Ah! y la política es cómo la guerra, requiere de tres cosas: Dinero, dinero y dinero; algo que Pérez Cuéllar domina muy bien.
La elección se decide también en las horas previas, durante la movilización, en la vigilancia de las casillas y en la capacidad para evitar que los votos obtenidos durante meses de campaña se pierdan el día de la elección.
Por eso el arranque del sábado 10 tiene una lectura que va mucho más allá del acto partidista. Bonilla estará colocando a Juárez en el centro de su estrategia porque sabe que ahí estará buena parte de la diferencia entre ganar Chihuahua y quedarse corto.
La paradoja es interesante: el panismo llega a 2027 con un candidato que parte de una posición sólida en la capital, pero necesita aprender a jugar el partido donde Morena tiene su fortaleza histórica reciente.
Y para hacerlo necesitará algo más que discursos. Necesitará territorio. Mucho territorio. Y quizá también escuchar a quienes llevan décadas sabiendo cómo se gana una elección en Juárez: los priistas, quienes saben muy bien lo que es “un riego” y lo útil que son ¨las casas amigas”, tienen el know how, arrastran muchos negativos como partido, claramente restamos hablando de realpolitik, aquí nadie se debe poner sus moños si lo que se busca es ganar.
Reposicionamiento de De la Peña
En el escenario político de Chihuahua, el tablero albiazul experimenta un reacomodo que apunta al fortalecimiento de Santiago de la Peña. Su incorporación inicial a la administración panista de la mano de Marco Bonilla adquiere hoy una relevancia estratégica de primer orden y deja de ser un dato menor para convertirse en el eje de la correlación de fuerzas internas rumbo a los próximos procesos de sucesión y definición de candidaturas.
Para los observadores políticos de la capital del estado, los escenarios posibles dibujan un panorama complejo pero con tendencias muy claras. Si la postulación o el método de selección interna se definiera a través del Consejo del PAN, el triunfo de Santiago de la Peña se vislumbra inminente debido al control e influencia que la gobernadora Maru Campos mantiene sobre este órgano partidista. Del mismo modo, si la determinación final recae en una designación directa por parte de las altas esferas del partido, la balanza también se inclina hacia su favor, pues la mandataria estatal cuenta con canales de escucha directa y un peso específico consolidado ante el Comité Ejecutivo Nacional del blanquiazul.
No obstante, los analistas locales reconoce que el escenario cambia radicalmente si la decisión se traslada a la consulta abierta a la ciudadanía, donde las mediciones y encuestas demoscópicas continúan ubicando al actual fiscal, César Jáuregui, en una posición de preferencia competitiva. Esta ventaja, sin embargo, se topa con un cálculo frío dentro de la cúpula partidista: desde la perspectiva del grupo en el poder, Jáuregui no se percibe como una pieza estrictamente indispensable para asegurar el triunfo en el estado, toda vez que la marca partidaria del PAN goza de una sólida salud y posicionamiento electoral en la capital estatal.
A este factor se suma la cercanía política y personal. Marco Bonilla se siente cómodo colaborando estrechamente con De la Peña, un vínculo natural si se considera que fue precisamente el actual alcalde quien le abrió las puertas e impulsó su ingreso a las filas del panismo institucional. Este entendimiento operativo ha disipado paulatinamente el grado de incertidumbre y las dudas que prevalecían entre los círculos cercanos al poder hace apenas un par de semanas. Hoy, dentro del primer círculo, predomina la lectura de que el diferencial de votos que eventualmente pudiera aportar César Jáuregui no resulta lo suficientemente determinante como para frenar el empeño político de la gobernadora para consolidar la figura de Santiago en la primera línea de sucesión.
Incluso en un hipotético ejercicio de asamblea abierta, las probabilidades de un desvío drástico disminuyen al sopesar la correlación de fuerzas frente a Maru Campos, quien mantiene una estructura de lealtades sumamente sólida frente a los liderazgos afines al proyecto de Bonilla. De este modo, los números, los métodos de selección interna y los equilibrios de cúpula confluyen para otorgarle a Santiago de la Peña una posición de inmejorable ventaja estratégica en la disputa por el futuro político de Chihuahua.
Sombra en el clan de Andy
El reflector nacional dejó de ser un reflector cómodo para convertirse en un potente láser quirúrgico que apunta directamente al corazón del círculo íntimo de Andrés Manuel López Beltrán, mejor conocido como Andy. La combinación explosiva entre el escrutinio mediático internacional que localizó al empresario Amílcar Olán rentando un costoso penthouse en Suiza —con cuentas millonarias rastreadas por la Unidad de Inteligencia Financiera— y la reciente captura en Jalisco de Miguel Ángel Solano, apodado el Capitán Sol, operador clave de las redes de huachicol fiscal, ha encendido las alertas rojas en la cúpula política. Ya no se trata de grilla doméstica, sino de eslabones judiciales que tensan la cuerda y amenazan con cercar políticamente al heredero de la dinastía.
Para Andy, esta tormenta perfecta mediática y judicial representa un golpe devastador a su narrativa de intocable. Ver el nombre de su entrañable compadre y presunto operador financiero vinculado a redes criminales, contratos jugosos de infraestructura y millones de pesos escondidos en paraísos fiscales europeos pulveriza la pretendida pureza de la 4T. Con Amílcar mudándose a las carreras tras ser descubierto en Europa y con Miguel Ángel Solano cantando ante las autoridades federales tras su captura en Zapopan, los demonios de la complicidad y el tráfico de influencias se materializan en carpetas de investigación que ni la retórica mañanera puede despachar con facilidad.
Desde la óptica del análisis, la esencia de esta trama radica en que los intocables de ayer descubren hoy que el poder sexenal caduca, pero los expedientes persisten. Las exclusivas periodísticas y los golpes de timón de la Fiscalía General de la República no hacen sino recordarle a Andy que el apellido ya no inmuniza contra las esquirlas de la corrupción asociada al tráfico de combustibles y adjudicaciones directas con sobreprecio. Mientras el círculo rojo discute si las cuentas suizas de Olán o las confesiones del Capitán Sol terminarán por fracturar la lealtad ciega del régimen, la escenografía política exhibe la cruda realidad de un operador acorralado por sus propios excesos y por la vorágine de una opinión pública que ya no traga sin masticar.



