Santiago de Chile. – El candidato de ultraderecha José Antonio Kast logró este domingo una victoria contundente en la segunda vuelta de las elecciones presidenciales, al obtener cerca del 58% de los votos frente al 41% de su rival, la comunista Jeannette Jara, con más del 95% de las mesas escrutadas.
La candidata derrotada reconoció rápidamente el triunfo de su adversario. A través de su cuenta en la red social X, Jara escribió que la democracia había hablado de manera clara y que se había comunicado con Kast para felicitarlo y desearle éxito en beneficio del país.
El actual presidente, Gabriel Boric, también felicitó al ganador durante la tradicional llamada telefónica entre el mandatario en ejercicio y el electo, destacando que se trataba de un triunfo claro.
Claves de un triunfo arrollador
Kast, líder del Partido Republicano, capitalizó el apoyo de los sectores de derecha que quedaron fuera en la primera vuelta celebrada el mes pasado. Recibió el respaldo explícito del libertario Johannes Kaiser y de Evelyn Matthei, representante de la derecha tradicional. Además, atrajo una porción significativa de los votos que en noviembre obtuvo el economista antisistema Franco Parisi, quien había sorprendido con un 20% de las preferencias.
Otro factor decisivo fue el retorno al voto obligatorio, vigente por primera vez en unas presidenciales desde hace décadas. Más de cinco millones de chilenos sufragaron obligatoriamente, y muchos de ellos inclinaron la balanza hacia el candidato que prometía mano dura en seguridad y migración.
Esta elección marcó un giro notable hacia la derecha en el país, después de cuatro años de gobierno de izquierda encabezado por Boric. Kast, en su tercera candidatura presidencial, presentó un discurso centrado en el orden público, el control de la inmigración irregular y la reducción drástica del gasto estatal.
El perfil del nuevo mandatario
José Antonio Kast, abogado de 59 años nacido en Paine, proviene de una familia de inmigrantes alemanes llegada a Chile tras la Segunda Guerra Mundial. Su padre, Michael Kast, generó controversia por su militancia en el partido nazi durante su juventud, según documentos históricos alemanes, aunque el candidato siempre ha rechazado cualquier vínculo ideológico con el nazismo.
Casado y padre de nueve hijos, Kast está cercano al movimiento católico conservador Schoenstatt. Inició su carrera política en la Universidad Católica, donde participó en el Movimiento Gremial fundado por Jaime Guzmán, ideólogo del régimen militar de Augusto Pinochet.
Fue diputado por la Unión Democrática Independiente, partido que abandonó para crear el Partido Republicano, con el que ha impulsado una derecha más nacionalista. Aunque ha defendido aspectos económicos y de orden del gobierno militar, ha negado respaldar las violaciones a los derechos humanos ocurridas en esa época.
Las propuestas que lo llevaron al poder
Kast prometió un gobierno de emergencia enfocado en la seguridad, tema que encabeza las preocupaciones ciudadanas pese a que las tasas de violencia en Chile son menores que en otros países de la región. Entre sus medidas emblemáticas figuran la construcción de zanjas y barreras en las fronteras con Bolivia y Perú para frenar la migración irregular, inspirado en políticas similares aplicadas en otros países.
En materia económica, propuso un ajuste fiscal agresivo para recortar miles de millones de dólares en gasto público, bajo la idea de eliminar lo que considera excesos estatales. Sus asesores han usado términos duros contra la clase política tradicional, algo que generó debate incluso en sectores moderados de derecha, pero que Kast defendió abiertamente.
Admirador de figuras como Nayib Bukele en El Salvador por su política de mano dura contra la delincuencia, Kast visitó la megacárcel salvadoreña y prometió replicar enfoques similares, pese a críticas por posibles afectaciones a derechos humanos.
El camino hacia La Moneda
El nuevo presidente electo asumirá el cargo el 11 de marzo de 2026, sucediendo a Gabriel Boric. Su victoria consolida un cambio político profundo en Chile y refleja el deseo de amplios sectores por mayor orden y control en temas como delincuencia y migración.
Con este resultado, el país cierra un ciclo marcado por la polarización y abre uno nuevo bajo un liderazgo que promete transformaciones radicales en la gestión pública.