Ciudad de Gaza.- La ofensiva militar israelí en Ciudad de Gaza, iniciada el 16 de septiembre, representa una escalada sin precedentes en el conflicto, que comenzó con el ataque de Hamás el 7 de octubre de 2023. Denominada «Operación Carros de Gedeón II» por las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI), esta operación busca tomar el control total de Ciudad de Gaza, el principal bastión de Hamás, para desmantelar su infraestructura militar, liberar rehenes y prevenir la reorganización de militantes. El primer ministro Benjamin Netanyahu ha descrito la ofensiva como un esfuerzo para «derrotar al enemigo» y facilitar la salida de civiles, aunque críticos internacionales y analistas la califican como un desplazamiento forzado que agrava una crisis humanitaria ya catastrófica.
A partir del 17 de septiembre, las FDI han desplegado dos divisiones blindadas completas, la 162ª y la 36ª, con un estimado de 25,000 a 30,000 efectivos, respaldados por tanques Merkava, vehículos blindados Namer, artillería, drones y apoyo aéreo. Las fuerzas se han concentrado en las afueras de Ciudad de Gaza, particularmente en el área del estanque Sheikh Radwan, al noroeste, y en los barrios periféricos de al-Sabra, al-Daraj y Zeitoun. Imágenes satelitales de Planet Labs, tomadas el 16 de septiembre, muestran tanques y vehículos blindados avanzando aproximadamente 2 kilómetros desde el cruce de Zikim, en la frontera norte de Gaza con Israel, hacia posiciones cercanas a la ciudad, pero sin ingresar al núcleo urbano. Dos grandes grupos de blindados se han establecido al norte y noroeste, con destacamentos adicionales asegurando rutas logísticas hacia Israel.
Aunque las FDI anunciaron el inicio de la operación terrestre el 16 de septiembre, testigos y análisis de inteligencia abierta (OSINT) confirman que los tanques no han penetrado el centro de Ciudad de Gaza. En cambio, las fuerzas han ejecutado incursiones limitadas en suburbios, acompañadas de intensos bombardeos aéreos y fuego de artillería. En las últimas 24 horas, el FDI reportó haber alcanzado más de 150 objetivos, incluyendo una supuesta fábrica de armas de Hamás en Zeitoun y túneles subterráneos utilizados por militantes. Las demoliciones sistemáticas de edificios residenciales, especialmente en Sheikh Radwan y Jabalia, buscan crear «zonas de amortiguación» para limitar la cobertura de combatientes, pero han destruido infraestructura civil clave, dejando barrios enteros en ruinas.
Por su parte, las Brigadas Al-Qassam, el brazo armado de Hamás, han respondido con una contraofensiva llamada «Operación Bastón de Moisés». Sus tácticas incluyen emboscadas con explosivos improvisados contra tanques y vehículos en Jabalia y Sheikh Radwan, así como el uso de cohetes de corto alcance. Hamás también ha trasladado a algunos de los 48 rehenes israelíes restantes a zonas de combate, alegando que Israel utiliza su presencia como pretexto para ataques indiscriminados. Estas acciones han resultado en bajas israelíes, aunque las FDI no han revelado cifras exactas.
Éxodo masivo y crisis humanitaria
Ciudad de Gaza, que albergaba aproximadamente un millón de personas antes de la ofensiva —muchas de ellas desplazadas varias veces desde 2023—, enfrenta un éxodo masivo. Según estimaciones del FDI, más de 400,000 palestinos han huido hacia el sur de Gaza en las últimas 48 horas, aunque organizaciones como la ONU y ONGs no han verificado esta cifra de forma independiente. La calle Salah al-Din, principal arteria norte-sur de Gaza, fue designada por las FDI como una ruta de evacuación «humanitaria» abierta por 48 horas hasta el mediodía del 19 de septiembre. Sin embargo, la medida ha sido criticada como un esfuerzo para vaciar la ciudad rápidamente, dejando a los civiles sin opciones seguras debido al hacinamiento en el sur, particularmente en Deir al-Balah y al-Mawasi.
Testimonios de residentes ilustran la desesperación. Akram Abu Watfa, de 30 años, relató a CNN haber dormido tres noches en las calles de Sheikh Radwan con su familia antes de encontrar un camión para trasladarse a Deir al-Balah, donde ahora busca madera para construir una tienda de campaña. Essam Shawa, un carpintero de 40 años, describió caminatas de 12 horas bajo el sonido de tanques y explosiones, sin poder llevar pertenencias. Hanaa Almadhoun, enfermera, reportó bombardeos constantes cerca de torres residenciales destruidas, lo que dificulta el acceso a refugios. Las imágenes satelitales aún muestran campamentos de tiendas en la ciudad, pero el colapso de rutas y la falta de infraestructura en el sur agravan la situación.
La crisis humanitaria en Gaza ha alcanzado niveles críticos. El Ministerio de Salud de Gaza, reportó 98 muertes en las últimas 24 horas, elevando el total de la guerra a más de 65,000, con un 70% de víctimas siendo mujeres y niños, según datos previos. Estimaciones independientes, como las de The Lancet, sugieren que el número real podría superar las 80,000 muertes, incluyendo víctimas indirectas por hambruna y enfermedades. La Clasificación Integrada de Fases de Seguridad Alimentaria (IPC) declaró hambruna oficial en partes de Gaza el 22 de agosto de 2025, con más de un millón de personas en riesgo de inanición.
Los hospitales de Ciudad de Gaza están al borde del colapso. El Hospital Infantil Al-Rantisi, único especializado en pediatría, fue alcanzado tres veces en sus pisos superiores, donde 80 niños recibían tratamiento, según el Ministerio de Salud. Medical Aid for Palestinians reporta que los departamentos de emergencia están saturados, con escasez crítica de medicamentos, vendas y equipos quirúrgicos. UNICEF ha advertido sobre epidemias de gastroenteritis debido al agua contaminada, afectando especialmente a niños, mientras que Gaza registra la mayor tasa per cápita de amputaciones infantiles en el mundo, con miles de menores heridos por explosiones.
Acusaciones de genocidio
La ofensiva ha generado una ola de condena internacional. El 16 de septiembre, una comisión independiente de la ONU, liderada por Navi Pillay, concluyó por primera vez que Israel comete genocidio en Gaza, citando la destrucción de clínicas de fertilidad (1,000 embriones perdidos), bombardeos indiscriminados y el bloqueo de ayuda humanitaria. El informe detalla que las acciones israelíes cumplen con los criterios de la Convención de Genocidio de 1948, incluyendo la intención de destruir, total o parcialmente, a la población palestina. Israel rechazó las acusaciones como «falsedades antisemitas», y el ministro de Asuntos Exteriores, Gideon Saar, las calificó de «propaganda» que ignora los ataques de Hamás.
Varios países han condenado la operación. China expresó una «firme oposición» y exigió un cese inmediato de las operaciones militares. Qatar, Arabia Saudita y Canadá también criticaron la ofensiva, señalando su impacto devastador en civiles. Alemania, un aliado tradicional de Israel, calificó la incursión como un «camino equivocado». La Unión Europea, bajo la presidencia de Ursula von der Leyen, propuso sanciones comerciales parciales, incluyendo la suspensión del acuerdo de libre comercio con Israel, que representa el 32% de su comercio de bienes en 2024. Las sanciones también apuntan a ministros de extrema derecha y colonos violentos en Cisjordania. Sin embargo, países como Hungría y Chequia han expresado reservas, argumentando que las medidas podrían dañar las relaciones con Israel sin resolver la crisis.
Estados Unidos, bajo la administración de Donald Trump, ha mantenido un apoyo firme a Israel. Un funcionario anónimo citado por Reuters indicó que Washington no detendrá la ofensiva, refiriéndose a ella como «la guerra de Bibi». La ONU, liderada por António Guterres, ha propuesto enviar fuerzas de protección civil a Gaza, pero Israel y EE.UU. han vetado la iniciativa. Desde el inicio del conflicto, 400 trabajadores humanitarios de la ONU han muerto, la cifra más alta en cualquier conflicto moderno.
La ofensiva en Ciudad de Gaza marca un punto de inflexión en el conflicto, con el FDI planeando aumentar sus tropas a 130,000 en los próximos días y ya controlando aproximadamente el 40% de la ciudad. Analistas como Ahed Ferwana, del Centro Al-Mezan para los Derechos Humanos, advierten que la operación busca una «ingeniería demográfica» para desplazar permanentemente a los palestinos, creando un precedente peligroso para la viabilidad de Gaza como territorio habitable. Hamás, por su parte, ha prometido intensificar sus contraataques, utilizando túneles y rehenes como tácticas de resistencia, lo que prolongará el enfrentamiento.
La diplomacia está estancada. Mediaciones lideradas por Qatar y Egipto han fracasado en lograr un alto el fuego, y la falta de presión efectiva de EE.UU. limita las opciones para una desescalada. La hambruna, el colapso de la infraestructura médica y el desplazamiento masivo podrían desencadenar una catástrofe humanitaria sin precedentes si no se implementa una intervención urgente. Organizaciones como la Media Luna Roja Palestina y Médicos Sin Fronteras han solicitado corredores humanitarios seguros, pero las operaciones militares dificultan su establecimiento.



