El desayuno en Angus Rojo; Bonilla y Nevárez para el 2027
El encuentro matutino de este 22 de noviembre en el restaurante Angus Rojo de Ciudad Juárez no fue un desayuno cualquiera: fue una jugada de ajedrez en pleno tablero sucesorio de Chihuahua para 2027. Marco Bonilla, presidente municipal de Chihuahua capital y el panista mejor posicionado en las encuestas estatales, eligió territorio juarense —el bastión de Morena— para enviar tres mensajes simultáneos: que no le teme a la frontera, que puede dialogar con todos los colores políticos y que ya está armando la coalición que necesita para saltar a la gubernatura.
La presencia de José Reyes Baeza no es casual. El exgobernador representa al priismo de élite, ese que aún influye en cámaras empresariales, notarios y grandes contratistas, y que en 2016 ante una jugada de tres bandas que le salió mal al entonces gobernador César Duarte, quien intentando una jugada de fantasía: Cabada a la alcaldía de Juárez, Maru Campos a la de Chihuahua y Enrique Serrano en la gubernatura, fracturó gravemente al partido. Ahora Bonilla era a Reyes Baeza a la mesa en una señal clara de que busca puentes con el PRI y, eventualmente, convertirlo en aliado táctico.
Adriana Fuentes y Laura Domínguez y sobre todo Sergio Nevárez completan el rompecabezas. Fuentes, exdiputada federal y una de las empresarias más influyentes de la frontera, encarna al sector productivo que desconfía del discurso antineoliberal de la 4T pero que necesita certezas jurídicas. Domínguez Esquivel, tiene amplia experiencia en el trabajo territorial que es donde se ganan las elecciones, probablemente sea el puente con liderazgos seccionales priistas. Sergio Nevárez, titular de la JMAS, garantiza que el tema hídrico —el talón de Aquiles de cualquier proyecto industrial en Juárez— estará en la agenda.
Bonilla sabe que para ganar la gubernatura requiere tres cosas que hoy no tiene: 1) votos en Juárez, 2) dinero privado de la frontera, y 3) una narrativa que lo desmarque del centralismo chihuahuense que siempre ha mirado con desdén a la frontera. El mensaje de “Juárez es la ciudad más importante del país” busca precisamente eso: romper la percepción de que el PAN capitalino desprecia a la frontera y posicionarse como el candidato que unifica el estado de norte a sur.
En términos de timing, la reunión ocurre cuando Maru Campos enfrenta desgaste por el caso de los “chiles rellenos” y cuando el bloque opositor nacional aún no define si irá en alianza o en candidaturas comunes. Bonilla se adelanta, teje fino y demuestra que puede construir puentes donde otros solo ven murallas. Si logra que el priismo juarense y los empresarios de Index y Coparmex lo vean como opción viable, la elección de 2027 se antoja reñida.
En resumen: lo que pareció un desayuno de cortes finos fue, en realidad, el arranque formal de la campaña de Marco Bonilla. Y lo hizo en el corazón del territorio que más le duele al PAN estatal. Eso, en política, se llama audacia.
La presencia destacada de Nevárez Rodríguez, es igual de clara, el PAN y la gobernadora Maru Campos ya tiene tomada la decisión por el director ejecutivo de la Junta Municipal de Aguas de Ciudad Juárez, quien esta realizando una actividad política que no deja lugar a dudas, va por la candidatura panista y tiene la decisión de dar el campanazo ya que ganarle a Morena en la frontera, es más difícil que ganar la gubernatura.
Los priistas se reencuentran y se dan ánimos
La ausencia de Rubén Moreira en la reciente reunión del PRI celebrada el pasado sábado en el Hotel Fiesta Inn de Ciudad Juárez no fue inconveniente para que el priismo juarense encabezado por Alberto Reyes Rojas se reencontrara y dieran fe de su convicción partidista. No hizo falta el ex gobernador José Reyes Baeza Terrazas, quien a la misma hora almorzaba en el restaurante Angus Rojo, sentado a la derecha de Marco Bonilla, virtual candidato del PAN a la gubernatura. El discurso del diputado federal Alejandro Domínguez, llenó el hueco dejado por el coordinador de la bancada priista en en la Cámara de Diputados, pero resaltó la brecha entre la cúpula nacional y las estructuras locales, en un contexto de erosión continua desde las derrotas electorales de 2016 y 2021. Moreira, enfocado en el ámbito federal con embestidas al presupuesto de la Cuarta Transformación y en coaliciones opositoras, delegó el liderazgo a Alejandro Domínguez, presidente del Comité Directivo Estatal del PRI en Chihuahua y diputado federal, quien asumió el rol central con un discurso que no solo buscó unir al priismo juarense, sino que también arremetió directamente contra Morena por su manejo irresponsable de las finanzas públicas.
Muy gráfico fue el líder priista al afirma que desde Agustín de Iturbide hasta Enrique Peña Nieto, la deuda publica acumulada de México era de 10.2 billones de pesos y en los siete años de Morena en el poder pasó a duplicarse y será al 2026 de 20.4 billones de pesos. Para continuar en el mismo tono gráfico, en los gobiernos de López Obrador y Claudia Sheinbaum, en siete años de Morena, se contrajo una deuda de la misma dimensión que en los 200 años previos del México independiente. En su improvisado pero articulado discurso, criticó la Ley General de Aguas que se discute en el Congreso. Su mensaje, cargado de convicción partidista, sirvió para llenar el vacío de Moreira y reafirmar al PRI como voz opositora, aunque sin propuestas concretas de alianzas o candidaturas que reviertan su marginalidad en el estado.
Este episodio ilustra la encrucijada del PRI en Chihuahua: un partido histórico reducido a eco opositor en una polarización PAN-Morena, donde su rol como «muleta» carece de tracción. La crítica de Domínguez al endeudamiento morenista –un tema recurrente en su agenda, como en mayo de 2025 cuando denunció la simulación de austeridad que oculta nepotismo y corrupción– busca capitalizar el descontento en Juárez, pero choca con la desmovilización interna. Figuras como Moreira priorizan batallas federales contra la 4T, mientras Baeza opta por redes personales con el PAN, dejando a Domínguez como puente precario entre lo local y lo nacional.
Es de resaltar que la gran mayoría del par de centenares que se reunieron en el almuerzo que con motivo de la Revolución de 1910 realiza año con año el grupo priista Unidad y Participación, eran militantes muy probados y de estructura territorial, jefes de seccionales, lo cual es una virtud y un problema a la vez, ya que habla de convicción partidista, pero en su gran mayoría son de la tercera edad; acudió un grupo importante de jóvenes, pero no los suficientes para poder hablar de una renovación, claramente fue un reencuentro que animó el cotarro y es destacable la asistencia del ex presidente del comité Directivo estatal del PRI, Nacho Duarte Murillo y del ex presidente del Comité Directivo Municipal en Ciudad Juárez Alfredo Urías.
El evento de los priistas en el Fiesta Inn, tuvo un marcado acento partidista; el del Angus Rojo, se enmarca en lo que llamaríamos realpolitik. La contradicción es aparente, sobre todo porque Bonilla Mendoza quiere una alianza con el PRI, el año pasado les fue bien en elecciones estatales, sobre todo a los tricolores. Aunque sea una alianza que analizada en la línea de tiempo es francamente aberrante, aunque el PRI y el PAN del siglo XX, no son, ideológicamente los actuales…para acabar pronto, la ideología es lo de menos en todos los partido incluso en Morena.
La manta prematura: Tensiones internas en el PAN
El desfile cívico-militar del 20 de noviembre en Chihuahua capital, en conmemoración del 115 aniversario de la Revolución Mexicana, se vio interrumpido por un gesto político inesperado que expuso las fisuras en el panorama electoral estatal. Un contingente de clubes deportivos, vinculados al boxeo, desplegó una manta con el mensaje «Marco, vamos por el KNOCKOUT en el 27», en clara alusión al alcalde Marco Bonilla Mendoza como aspirante a la gubernatura en las elecciones de 2027. El incidente, captado en video y viralizado en redes sociales, generó risas iniciales entre las autoridades en el presidium, pero rápidamente derivó en críticas institucionales que revelan el delicado equilibrio de poder dentro del Partido Acción Nacional, dominante en el estado desde 2016.
La gobernadora María Eugenia Campos Galván, del mismo partido, reaccionó con visible molestia durante el evento. Al percatarse del mensaje, se levantó de su asiento en el estrado oficial, aunque regresó sin comentarios inmediatos. Horas después, al cierre del desfile, calificó la acción como una «falta de respeto», enfatizando que «debemos ser muy respetuosos con los tiempos, hay una gobernadora». Su declaración no solo reprobó la mezcla de propaganda electoral en un acto cívico estatal, sino que funcionó como un recordatorio de su autoridad vigente, con más de un año por delante en su mandato. Campos subrayó la necesidad de preservar la institucionalidad, argumentando que los eventos oficiales deben mantenerse ajenos a ambiciones personales, un principio que, según ella, obliga a funcionarios como Bonilla a actuar con prudencia. Este posicionamiento se interpreta como un mensaje directo a los posibles contendientes internos del PAN, en un contexto donde la sucesión ya genera reacomodos discretos.
Bonilla, por su parte, se deslindó de inmediato del origen de la manta, afirmando desconocer su procedencia y coincidiendo plenamente con la postura de Campos. En entrevistas posteriores, el alcalde insistió en que los desfiles son espacios estrictamente cívicos y que cualquier uso político representa una afrenta a su carácter solemne. Esta respuesta calculada busca neutralizar el incidente, evitando un choque frontal con la gobernadora, quien como líder panista en el estado controla recursos y alianzas clave. Sin embargo, el episodio presuntamente involuntario beneficia a Bonilla al mantenerlo en el radar mediático: encuestas recientes lo posicionan como el aspirante panista más fuerte para 2027. Su «destape» informal en septiembre, durante su cuarto informe de gobierno, ya había avivado especulaciones, pero esta manta acelera el debate sobre la inexistente venia de Campos Galván y su viabilidad como carta única del partido.
El suceso ilustra las dinámicas prematuras en Chihuahua, un bastión panista donde la contienda por la gubernatura promete ser cerrada. Morena, con figuras como la senadora Andrea Chávez o el alcalde de Ciudad Juárez Cruz Pérez Cuéllar, acechan con costosas y abiertas precampañas, mientras el PAN enfrenta el reto de una sucesión ordenada. Campos, con su influencia en la designación de candidatos, parece marcar territorio para favorecer perfiles afines, de otra manera no se explica que anime a Gilberto Loya, su jefe de policía, lo que podría fracturar la unidad partidista si Bonilla consolida su momentum. La manta, en el caso que no haya sido autorizada por Bonilla. evidencia cómo el activismo de base puede desestabilizar equilibrios frágiles, forzando a los líderes a navegar entre lealtades y ambiciones.
En un estado marcado por disputas sobre el agua y retos de seguridad, este roce simbólico anticipa una campaña 2027 cargada de tensiones internas. Bonilla emerge fortalecido en visibilidad, pero a costa de tensionar su relación con Campos, cuya autoridad se reafirma en el rechazo al proselitismo anticipado. El PAN deberá resolver estas fisuras para evitar que Morena capitalice la división, en un ciclo electoral donde la cohesión partidista será decisiva. El desfile, lejos de ser solo un ritual histórico, se convirtió en un termómetro de las pugnas por el poder que definirán el rumbo de Chihuahua en los próximos dos años.

