Ciudad de México.- Con el salón de plenos del Senado convertido en una pasarela improvisada, Omar García Harfuch irrumpió este miércoles como un imán de aplausos y flashes. El titular de la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana (SSPC) compareció ante los legisladores para rendir cuentas sobre el Primer Informe de Gobierno de Claudia Sheinbaum, y aunque su exposición se centró en datos duros de reducción delictiva, el ambiente previo fue más propio de un concierto que de un escrutinio parlamentario.
Senadoras de todas las bancadas se arremolinaron en el Patio del Federalismo para selfies efusivas, abrazos espontáneos y hasta suspiros contenidos, mientras el funcionario, hijo de la actriz María Sorté, navegaba la escena con su habitual estoicismo. «Eres nuestro favorito», le lanzó Geovanna Bañuelos, del PT, en un guiño que resumió el tono festivo de la jornada.
La comparecencia, programada para las 11 de la mañana en el marco de la glosa al informe presidencial, atrajo una asistencia inusual: desde trabajadoras del recinto con celulares en ristre hasta senadores opositores que, pese a sus reservas, no escatimaron en saludos. García Harfuch, quien apenas un año atrás competía por la Jefatura de Gobierno de la Ciudad de México, lució cómodo en el rol de secretario federal, agradeciendo de entrada a la presidenta Sheinbaum «por la oportunidad de servir a México».
Su intervención inicial duró cerca de 40 minutos, donde desgranó los pilares de la Estrategia Nacional de Seguridad: atención a las causas, consolidación de la Guardia Nacional, fortalecimiento de investigaciones y coordinación intergubernamental. «Avanzamos en la pacificación del país, año con año», enfatizó, reconociendo que el liderazgo diario de Sheinbaum en el Gabinete de Seguridad ha sido clave para alinear esfuerzos.
Los números que presentó García Harfuch pintaron un panorama de logros tangibles, aunque matizados por la persistencia de la violencia en focos regionales.
Cae en 32% los homicidios, presumió
Reportó una caída del 32 por ciento en homicidios dolosos a nivel nacional desde el arranque del sexenio, equivalente a 22 muertes menos por día en comparación con septiembre de 2024. En estados clave, las reducciones fueron aún más pronunciadas: Zacatecas con un 75 por ciento menos, Nuevo León al 70, Guanajuato al 60, Estado de México al 45, Tabasco al 48, Baja California al 36 y Colima al 33. «Estos avances no significan que el problema esté resuelto; la inseguridad sigue en la percepción ciudadana y se concentra en ciertas zonas», admitió con franqueza, un gesto que contrastó con el optimismo oficial y que algunos senadores opositores aplaudieron como un raro toque de realismo.
Otro frente destacado fue el combate al huachicol, calificado como delito de alto impacto por su vínculo con la inseguridad energética. En el último año, la SSPC coordinó aseguramientos por 98 millones de litros de hidrocarburos en 26 entidades, incluyendo un golpe mayor en Tampico, Tamaulipas, con 10 millones de litros de diésel incautados en una operación conjunta con la Secretaría de Marina y la Fiscalía General de la República. García Harfuch también aludió al debilitamiento de cárteles: el Cártel de Sinaloa La Línea (CSRL) se refuerza con células aliadas, pero sus pugnas internas lo erosionan, según inteligencia federal. En paralelo, resaltó detenciones clave, como la de Luis Ezequiel «N», alias «El Morral», operador de Los Chapitos en Culiacán, abatido en septiembre.
La recepción no fue unánime. Mientras la mayoría de la 4T —Morena, PT y PVEM— lo ovacionaba como a un rockstar, la oposición sacó a relucir las grietas. Miguel Ángel Riquelme, priista de Coahuila, cuestionó la brecha entre las estadísticas oficiales y la realidad callejera: «Las cifras no cuadran con la inseguridad que viven las familias en estados como el nuestro». Agustín Dorantes Lambarri y Francisco Ramírez Acuña, del PAN, reprocharon la continuidad implícita de la política de «abrazos, no balazos» de López Obrador, aunque García Harfuch evitó esa frase con destreza. «No estamos diciendo que no haya delitos o hechos lamentables; la estrategia mide resultados, no elimina el dolor de las víctimas», replicó ante interrogantes sobre recientes ejecuciones, como la del empresario Bernardo Bravo en Michoacán o el abogado David Cohen en la capital.
Incluso en su defensa, el secretario invocó el respaldo legislativo a reformas clave, como la que otorga a la SSPC capacidades de investigación y la actualización de la Ley de Seguridad Interior, aprobadas por el Senado en abril pasado junto con la Estrategia Nacional 2024-2030. Este documento, que obtuvo 104 votos a favor y solo 16 en contra, prioriza la prevención y la neutralización de grupos delictivos hasta 2030. «La coordinación es imprescindible en esta coyuntura; sin visión a largo plazo, no hay pacificación», urgió, extendiendo un llamado a la unidad que, en el calor del pleno abarrotado, resonó más como manifiesto que como concesión.
Fuera del Senado, la comparecencia reverberó en la agenda nacional. Horas después, Sheinbaum la respaldó en su mañanera, diferenciándola tajantemente de la «guerra» calderonista: «Esta estrategia integral da resultados; no es balazos por balazos, sino inteligencia y prevención». Analistas como los de Reforma y Eje Central coinciden en que el evento marca un giro: la era de «abrazos» parece sepultada, y García Harfuch emerge no solo como custodio de la seguridad, sino como figura política con miras a 2030. Su paso por el Senado, entre aplausos y autógrafos, dejó una certeza: en México, hasta las rendiciones de cuentas pueden volverse espectáculo. Próxima estación: la Cámara de Diputados, el 27 de octubre, donde el guion podría ser menos indulgente.



