Ciudad de México.- El ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano, una de las figuras políticas más influyentes de la historia contemporánea de México y artífice fundamental de la transición democrática del país, falleció este miércoles a los 92 años de edad. Con su deceso se cierra un capítulo decisivo de la política nacional, marcado por la transformación del sistema de partidos y la lucha histórica de la izquierda institucional.
Nacido el 1 de mayo de 1934 en la Ciudad de México, Cuauhtémoc Cárdenas llevó en su origen el peso y el legado de la historia postrevolucionaria. Fue hijo del general Lázaro Cárdenas del Río, presidente de México entre 1934 y 1940 —célebre por la expropiación petrolera y el reparto agrario—, y de Amalia Solórzano Bravo. Creció en medio del entorno político nacional y cursó la carrera de ingeniería civil en la Escuela Nacional de Ingeniería de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), titulándose en 1955, además de realizar estudios complementarios de desarrollo regional y planeación en Francia e Italia.
Inició su trayectoria política en las filas del Partido Revolucionario Institucional (PRI), organización en la cual militó durante un cuarto de siglo. Bajo las siglas de ese partido ocupó diversos cargos de relevancia: fue senador por el estado de Michoacán de 1976 a 1980 y posteriormente gobernador de esa misma entidad entre 1980 y 1986.
Sin embargo, a mediados de los años ochenta, las diferencias ideológicas y de rumbo respecto a la cúpula del partido oficial y las políticas económicas imperantes lo llevaron a romper con el régimen. Junto con destacados políticos como Porfirio Muñoz Ledo e Ifigenia Martínez, fundó en 1987 la llamada Corriente Democrática al interior del PRI, un hecho que fracturó la hegemonía del partido hegemónico y propició su salida definitiva de la militancia tricolor.
Este cisma político culminó en la histórica candidatura presidencial de 1988 bajo el bloque del Frente Democrático Nacional (FDN), una coalición de fuerzas de izquierda y corrientes disidentes. Aquellas elecciones federales quedaron grabadas en la memoria colectiva mexicana por la jornada del 6 de julio, cuando el colapso del sistema de cómputo electoral —popularmente conocido como la caída del sistema— interrumpió la contienda y derivó en el cuestionado triunfo oficial de Carlos Salinas de Gortari, configurando uno de los episodios de mayor disputa sobre fraude electoral y legitimidad política en el México del siglo XX.
A partir de aquel movimiento social y político, Cárdenas consolidó la unificación de la izquierda mexicana al fundar, el 5 de mayo de 1989, el Partido de la Revolución Democrática (PRD), fuerza política que presidió en su etapa formativa inicial. Como abanderado del PRD, volvió a contender por la presidencia de la República en los procesos electorales de 1994 y 2000.
Uno de los hitos institucionales más importantes de su carrera ocurrió en 1997, cuando ganó las primeras elecciones para Jefe de Gobierno del Distrito Federal por la vía democrática y directa, rompiendo con la tradición de designaciones centralizadas del Ejecutivo federal y abriendo paso a la alternancia en la capital del país.
A lo largo de las siguientes décadas, el ingeniero Cárdenas se mantuvo como una voz de consulta y referente moral en los debates públicos nacionales, distanciándose de diversas dirigencias partidistas cuando consideraba que se alejaban de los principios democráticos originales, pero sin dejar de emitir posturas puntuales sobre el rumbo energético, social y constitucional de la nación. Con su partida, México despide a un referente ineludible de la izquierda moderna y a un protagonista central en la apertura del sistema político mexicano.



