Miami, Florida.- El Comando Sur de Estados Unidos (SOUTHCOM) anunció este lunes que fuerzas estadounidenses destruyeron tres embarcaciones sospechosas de narcotráfico en aguas internacionales del Pacífico oriental, con un saldo de ocho hombres muertos, todos calificados por el Pentágono como «narco-terroristas».
Los ataques, ordenados directamente por el secretario de Defensa, Pete Hegseth, elevaron a 25 el número total de operaciones letales contra barcos presuntamente vinculados al tráfico de drogas desde que la administración Trump inició esta controvertida campaña en septiembre de 2025. El balance de víctimas mortales asciende ahora a al menos 95 personas, en un operativo que comenzó en el Caribe y se extendió al Pacífico oriental.
Según SOUTHCOM, las embarcaciones transitaban por rutas conocidas de narcotráfico y estaban operadas por «organizaciones terroristas designadas». El comando difundió videos en blanco y negro que muestran las explosiones consumiendo los barcos. Este lunes fue uno de los días más letales de la misión, conocida internamente como «Southern Spear».
La ofensiva ha generado fuerte polémica. Expertos en derecho internacional y legisladores, incluidos algunos republicanos, cuestionan su legalidad, argumentando que equivale a ejecuciones extrajudiciales de civiles desarmados, violando las leyes de la guerra. Organizaciones han demandado la desclasificación de memorandos secretos que justifican los ataques, mientras demócratas exigen videos del primer operativo en el Caribe, donde un segundo golpe eliminó a sobrevivientes, calificado por críticos como posible crimen de guerra.
Los ataques coinciden con una acumulación militar en la región, enfocada en Venezuela, acusada por Washington de facilitar el narcotráfico. Sin embargo, informes de la ONU indican que la mayoría de drogas hacia EE.UU. provienen de rutas pacíficas mexicanas, no caribeñas.
Recientemente, el almirante Alvin Holsey, excomandante de SOUTHCOM, se retiró abruptamente tras expresar preocupaciones internas sobre la campaña. Fuentes anónimas señalan que su salida estuvo ligada a desacuerdos con la agresividad de las operaciones.
La administración Trump mantiene que no detendrá los ataques, defendiendo su marco como un «conflicto armado no internacional» contra carteles designados terroristas.
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