DUBÁI, Emiratos Árabes Unidos. — La muerte del ayatolá Ali Jamenei, líder supremo de Irán durante casi cuatro décadas, en un ataque aéreo conjunto de Estados Unidos e Israel el 28 de febrero ha abierto un proceso de sucesión acelerado y cargado de tensiones en medio de una guerra en curso. Su hijo Mojtaba Jamenei, de 56 años, figura como el principal candidato para reemplazarlo, según múltiples reportes de medios internacionales y fuentes cercanas a las deliberaciones de la Asamblea de Expertos.
Mojtaba Jamenei no ha aparecido en público desde el sábado del ataque que mató a su padre en su residencia-oficina en Teherán, y también cobró la vida de su esposa, Zahra Haddad Adel, perteneciente a una familia influyente en la teocracia. A pesar de los bombardeos continuos, se presume que está vivo y posiblemente resguardado, mientras su nombre gana fuerza entre los clérigos conservadores.
Durante años, Mojtaba ha operado en las sombras como confidente y guardián de su padre, con un rol similar al que tuvo Ahmad Jomeini junto al fundador de la República Islámica, Ruhollah Jomeini. Cables diplomáticos estadounidenses filtrados por WikiLeaks en 2008 lo describían como “el poder detrás de las túnicas”, con influencia en inteligencia, la Guardia Revolucionaria Islámica (IRGC) y la represión de protestas. Sancionado por Washington en 2019, se le acusó de respaldar desde las sombras elecciones controvertidas, como las de Mahmoud Ahmadinejad en 2005 y 2009.
Nacido en 1969 en Mashhad, Mojtaba creció en el contexto de la disidencia contra el sha Mohammad Reza Pahlavi. Tras la Revolución Islámica de 1979, participó en la guerra contra Irak en la década de 1980 como miembro de la Guardia Revolucionaria. Con el ascenso de su padre al poder en 1989, accedió a vastos recursos económicos a través de las bonyads, fundaciones que controlan miles de millones en activos expropiados.
La Asamblea de Expertos, órgano de 88 clérigos encargado de elegir al líder supremo, enfrenta ahora presiones para decidir en un contexto de guerra. Reportes indican que Mojtaba ha sido elegido o emerge como favorito, posiblemente bajo influencia de la IRGC, aunque sin confirmación oficial de medios estatales iraníes. Críticos advierten que su designación podría interpretarse como el establecimiento de una dinastía hereditaria, algo rechazado por sectores que ven en ello un regreso a la monarquía derrocada en 1979.
El nuevo líder heredaría el control de las fuerzas armadas, la Guardia Revolucionaria —designada terrorista por EE.UU.— y un arsenal de misiles balísticos, además de reservas de uranio enriquecido en un momento en que los ataques buscan neutralizar la amenaza nuclear iraní. La sucesión ocurre tras un conflicto que ya ha causado cientos de muertes y represalias iraníes contra Israel y bases estadounidenses.
Mientras Teherán declara luto y prepara el entierro de Ali Jamenei en Mashhad, el destino de Mojtaba podría definir si la teocracia se endurece o enfrenta mayor inestabilidad interna. Por ahora, su perfil bajo contrasta con la relevancia que ha ganado tras la muerte de su padre y esposa, vistos como mártires por los sectores más radicales.
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