OAXACA, OAX. – Lo que Salomón Jara planeó como una fiesta de legitimación política terminó en una jornada de contrastes y fracturas. El primer gobernador de Oaxaca en someterse a una consulta de revocación de mandato fue ratificado este lunes con el 58% de los votos a favor, pero el resultado dista mucho del respaldo masivo que buscaba emular de Andrés Manuel López Obrador.
Con más del 90% de las actas computadas, la participación ciudadana alcanzó el 30%, cifra insuficiente para que el ejercicio fuera vinculante (la ley exige el 40%), pero suficiente para enviar un mensaje político contundente. El 39% de los participantes votó por la pérdida de confianza, un rechazo que se hizo sentir incluso en la propia casilla del gobernador, donde Jara perdió con 375 votos en contra frente a solo 182 a su favor.
Fuego amigo: La rebelión del PT
La jornada estuvo marcada por la ruptura total con el Partido del Trabajo (PT). Benjamín Robles, dirigente estatal petista, encabezó la ofensiva votando públicamente por la revocación. «Ha resultado ser el peor gobernador de la historia de Oaxaca», declaró Robles a EL PAÍS, tras denunciar un «fraude monumental» que incluyó acarreo y compra de votos por parte de las estructuras de Morena.
La movilización del PT no fue aislada; diputados y presidentes municipales del partido secundaron la moción de salida, evidenciando que la alianza oficialista está rota en el estado.
Geografía del descontento
El rechazo a la gestión de Jara se concentró en áreas urbanas clave. En casillas de la capital y municipios periféricos como Xoxocotlán, la tendencia fue abrumadora hacia el «Que se vaya», con registros de hasta 410 votos en contra por solo 91 a favor. Estos números contrastan con el 91% de apoyo que obtuvo López Obrador en la entidad durante su propia consulta en 2022.
Sin consecuencias legales, pero con costo político
A pesar de que Jara celebró los resultados desde el Palacio de Gobierno a medianoche, calificando la jornada como un éxito de democracia participativa, el costo político es evidente. Aunque el gobernador se envalentonó sugiriendo que el resultado debería ser vinculante sin importar la participación, los números reflejan un desgaste acelerado de su administración, marcada por críticas sobre inseguridad y nepotismo.
La consulta deja a un gobernador ratificado por la ley, pero cuestionado por las urnas y bajo el fuego cruzado de sus antiguos aliados, quienes hoy le sugieren «empacar sus cosas».