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El Celacanto, un fósil viviente primo evolutivo nuestro

José Luis Muñoz Pérez Texto: José Luis Muñoz Pérez
22 diciembre, 2025
en > Efemérides
Tiempo de Lectura: 26 minutos
Portada Efemérides
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Investigación y edición de José Luis Muñoz Pérez

 

Con agradecimiento a mi admirada, joven y eficiente asistente Dola, que aportó gran ayuda en la localización de datos para esta efeméride.

 

Regularmente publico efemérides relativas a personas o acontecimientos relevantes en la historia, de la humanidad o nuestro entorno, pero la de hoy es diferente. Va más allá. Se refiere al encuentro con un  pariente no lejano, con el que tuvimos un abuelo común en una época inimaginablemente remota, hace tanto como 450 millones de años, decenas de miles de siglos antes de que aparecieran los dinosaurios, cientos de millones de años antes de las plantas con flores, aproximadamente unos dos años galácticos, que es el periodo que nuestro sistema solar tarda en dar una vuelta completa al centro de la galaxia -225 millones de años terrestres a la increíble velocidad de 828 mil kilómetros por hora-  y que durante todo este tiempo ha cambiado muy poco; ha sobrevivido a 5 extinciones masivas y casi podríamos decir que no se hace nada, que sigue siendo el mismo, que mientras se acomodaban los continentes, se reunían los océanos y emergían las cadenas montañosas, él seguía nadando placenteramente… y aún vive tan campante.

 

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Animación que incluye al Celacanto por sus cuatro costados.

  Para decirlo en términos taxonómicos precisos pertenecemos al mismo grupo monofilético, es decir con un antepasado común, y el abuelo mutuo fue un Rhipidistia perteneciente al  subgrupo de los Sarcopterygii que incluye a los peces pulmonados y a los tetrapodomorfos.

Un día como hoy 22 de diciembre, pero de 1938, un pescador sudafricano, el  capitán Hendrick Goosen del barco Nerine izó sus redes colmadas  en la desembocadura del río Chalumna, un curso fluvial de apenas setenta y ocho kilómetros. Al volcarlas, él y su tripulación, veteranos de los mares, se sorprendieron con un robusto  ejemplar que nunca habían visto, ni siquiera uno parecido. Avispado como era, llegando a puerto en East London Goosen llamó a Marjorie Courtenay-Latimer, curadora de 24 años del museo local de Historia Natural, siempre desbordante de curiosidad, simpática e inteligente, sabedor de que le iba a interesar. Ella relata que  al acudir “retiré la capa de lodo que lo cubría y se reveló el pez más hermoso que había visto”: azul-violáceo-pálido, con manchas blanquecinas, brillante, cubierto de escamas duras como armadura, con cuatro aletas lobuladas y carnosas de estructuras óseas internas, parecidas a extremidades, y una extraña cola. Se lo llevó al museo en un taxi. 

Era un Celacanto, de aproximadamente metros y medio de largo. Un fósil viviente que los paleontólogos creían extinto desde el Cretácico, cuando los dinosaurios y otras miles de especies desaparecieron hace 66 millones de años.  

Pero eso lo supo días después.

Por su ancestral apariencia y sus aletas lobuladas, diferentes a las de la mayoría

Marjorie
El primer boceto elaborado por Marjorie con notas de su puño y letra que envió a James Leonard.

de los peces que son radiadas, Marjorie sospechó que podría ser un relicto, es decir un  superviviente de alguna asociación biológica, y aplicó al momento sus buenos reflejos. Intentó conservar el ejemplar en una cámara fría de la morgue local para aislarlo del intenso calor veraniego, pero no se lo permitieron. Su jefe el director del museo le negó cualquier apoyo, desestimando el hallazgo. “Es un simple «bacalao de roca común”, le dijo. (Ya sabemos que siempre hay alguien así). Se avocó Marjorie entonces a levantar una serie de bocetos, aunque no era buena dibujante, y rápidamente  envió un telegrama avisando al experto que identificaba como el más, un profesor de la Universidad Rhodes en Grahamstown, el ictiólogo James Leonard Brierley Smith, quien no recibió el mensaje de inmediato, pues pasaba vacaciones de navidad. En cuanto terminó la primera tanda, Marjorie despachó también un grupo de bocetos por correo. Al regresar de su descanso el 3 de enero, James Leonard, fascinado y entusiasmado, telegrafió urgente a Marjorie: «Extremadamente importante. Preservar esqueleto y branquias. Pez descrito«.

 Por supuesto, Marjorie lo estaba haciendo.

Lamentablemente, la única opción de conservación a su alcance fue taxidermizarlo, lo que desechó sus vísceras, sumamente valiosas e importantes. 

James Leonard Brierley Smith con el pez.

En las siguientes jornadas el profesor no se aplicó en otra cosa más que consultar todos los libros, artículos y dibujos a su alcance, hasta que convencido de la  autenticidad y magnitud del hallazgo viajó a East London el 16 de febrero de 1939 para examinar personalmente el ejemplar. Tras su inspección directa, no quedó duda: era un Sarcopterigio -del griego σαρξ, sarx, «carne», y πτερυξ, pteryx, «aleta”- es decir pez de aletas carnosas, gnatóstomo, -de gran mandíbula articulada- conocido como  Celacanto,  nombre latinizado que surgió de los términos  griegos akantha, -espina- y  koilos – hueco- ,  el primero conocido por un ser humano, del que sólo se tenía noticia por los antiquísimos fósiles encontrados en rocas, algunos datados entre  450 y 420 millones de años. Lo bautizó como Latimeria chalumnae en honor a Marjorie, por su apellido Latimer y en referencia al rio  Chalumna, donde se encontró y le dijo a Marjorie: “este descubrimiento estará en la boca de cada científico del mundo»

Más adelante veremos cómo las vidas de Marjorie y de James Leonard quedaron marcadas para siempre por el celacanto.

Morfología del órgano rostral electro sensorial del Celacanto

La revelación del hallazgo  causó gran expectación en el mundo de la ciencia, tanto en círculos de la biología marina como de la biología evolutiva, la anatomía, la genética, la taxonomía y la paleontología. Hoy se sabe que existen dos especies vivas, que habitan en aguas profundas y oscuras, regularmente en cuevas a 700 metros de hondura donde los cambios ambientales son menos drásticos. Tienen un sistema circulatorio eficiente que les permite tolerar temperaturas muy bajas, poseen un órgano rostral electrosensorial que habilita su nariz para detectar las señales eléctricas que emiten otras criaturas, tanto presas como depredadores en la oscuridad profunda,  así cómo  moléculas químicas  o feromonas liberadas por individuos de su especie a cientos de metros, prestos para reproducirse; su armadura de escamas les brinda una férrea protección que frustraría un ataque de pirañas, la fortaleza de  su cráneo dotado de una versátil articulación les permite abrir la boca muy ancha para tragar presas grandes en un solo bocado, lo que es útil en entornos donde la comida no siempre es abundante; tienen tasas de reproducción lentas con períodos de gestación de hasta cinco años, por lo que producen crías bien desarrolladas con más posibilidades de sobrevivir y su genética es tan estable que  su plano corporal se ha mantenido casi idéntico al de sus antepasados de hace más de 420 millones de años simplemente porque sus características les han funcionado de maravilla. 

 Fue considerado el «hallazgo biológico del siglo».  

Su descubrimiento ha proporcionado valiosos conocimientos sobre la historia de la vida en el planeta y el impacto mediático de su reaparición se comparó con el supuesto de ver caminando un gentil dinosaurio por las calles de Nueva York o Londres. También de esa semilla nacería en 1955 la denominada criptozoología dedicada a la búsqueda de animales cuya existencia no está probada y a los que se da el nombre de críptidos.

Más allá de figuras hiperbólicas caricaturescas, lo cierto es que significó una de las mayores revoluciones de la zoología del siglo XX y una trascendencia enorme para la paleontología y la evolución. 

Veamos:

El diagrama muestra un árbol evolutivo que compara secuencias de ADN de varias especies, incluyendo peces como el celacanto, aves como el pollo, insectos como el mosquito de la fiebre amarilla, el grillo, y humanos.

Hasta su hallazgo  se creía que los Celacantos eran un «eslabón perdido» entre peces y anfibios, pero no se tenía tanta información como la que ya se ha acumulado confirmando la creencia. Su aparición desmintió la teoría creída de que habían evolucionado para salir del agua, pues  vino a revelar que se mantuvieron como criaturas del abismo marino, y que sus aletas no están conectadas a la columna vertebral, por lo que no pueden usarse como patas. Se estima que pueden vivir hasta 100 años, alcanzando la madurez alrededor de los 55, y su reproducción comienza alrededor de los 30.  

Lo que sí, queda claro que fue familiar del puente evolutivo entre los peces y los primeros tetrápodos que poblaron la tierra, ancestros comunes de todos los vertebrados terrestres, por supuesto incluyéndonos. 

Hasta entonces, los científicos también creían que la ausencia de fósiles en capas geológicas jóvenes significaba que una especie había desaparecido. El Celacanto demostró que algunas especies pueden sobrevivir durante millones de años sin dejar rastro en el registro fósil, lo que llevó a revisar listas de especies «extinguidas» y a buscar nuevas explicaciones para las lagunas en el registro geológico. Ahora los científicos saben que la ausencia de fósiles no siempre significa extinción. Sus características anatómicas únicas ayudaron a los científicos a entender mejor cómo los peces evolucionaron hacia los animales terrestres, pues permitió estudiar directamente la fisiología, genética y comportamiento de una especie clave para entender el paso de los peces a los tetrápodos. Sus aletas lobuladas tienen huesos similares a los de las extremidades terrestres, lo que confirmó la hipótesis sobre el origen de las patas. También se pensaba que no había evolucionado en millones de años. Pero la investigación genética en un cuerpo con carne y hueso demostró que sí evoluciona, aunque muy lentamente,  llevando a cuestionar el término «fósil viviente» y a entender que todas las especies siguen cambiando, así sea mínimamente como es el caso del Celacanto, incluso si su apariencia no lo parece. 

En 2022 un equipo internacional encabezado por Chris Amemiya de la Universidad de Washington, secuenció el genoma completo de varios ejemplares y descubrió que su evolución genética es una de las más lentas conocidas en el reino

Quedó demostrado que el Celacanto ha evolucionado muy poco en los últimos 65 millones de años, pero si lo ha hecho.

animal  si no es que la más entre los seres supervivientes. 

 

Esto explica por qué ha conservado características ancestrales durante millones de años y ayuda a entender cómo algunas especies sobreviven a eventos de extinción masiva. Esa investigación encontró que el genoma del celacanto tiene una cantidad inusual de «genes duplicados» , es decir, copias de genes antiguos que se han mantenido a lo largo del tiempo. Algunos de estos genes están relacionados con la reparación del ADN y la resistencia a enfermedades, lo que podría ser otra de las razones por la que sobrevivió a extinciones que mataron a miles de organismos.

También identificaron genes específicos relacionados con el desarrollo de pulmones y huesos de extremidades que aún se conservan en el celacanto y en los animales terrestres,  genes que controlan la formación de la columna vertebral y los músculos de las extremidades que son casi idénticos en ambos, lo que confirma la idea de que el celacanto es un eslabón clave entre el mar y la tierra…o entre la vida primitiva y nosotros.

Pez Pulmón de Queensland, en una acuario en París.

Al medir la similitud genómica entre celacantos y tetrápodos, resultó que son  más cercanos a los mamíferos que a la mayoría de los otros peces óseos como salmones tiburones o peces de acuario.

Los investigadores buscaron genes que pudieran haber ayudado al ancestro de los primeros tetrápodos a invadir el ambiente terrestre, hace cerca de 400 millones de años. Para su sorpresa, encontraron un gen relacionado con el desarrollo de la placenta. Si bien los celacantos no tienen una, producen huevos muy grandes, con una enorme red de irrigación sanguínea, que eclosionan o se rompen liberando a las crías dentro del cuerpo de la madre.

 Otro hallazgo importante fue el de un fragmento de ADN cuya función es acelerar la actividad de los genes que desarrollan las extremidades de un embrión y están presentes tanto en el celacanto como en los vertebrados terrestres, pero no en los peces. Se les ocurrió entonces insertar estos genes en el material genético de un ratón y en poco tiempo este animal desarrolló una extremidad casi completa.

«En términos evolutivos, somos peces sarcopterigios» aseguró Axel Meyer, de la Universidad Konstanz de Alemania y también miembro del grupo de investigadores.

El primer encuentro puso a la criatura en el mapa  de los estudiosos. El profesor Smith perfeccionó el dibujo de Marjorie y  lo distribuyó profusamente. Eso permitió que científicos, pescadores y marinos de prácticamente todo el mundo lo tuvieran en mente.

Como vive en profundidades de más de 100 metros, en zonas marinas que por su profundidad eran poco exploradas en la década de 1930, su hallazgo inspiró a

En el Devónico superior la especiación de los vertebrados descendientes de peces de aletas lobuladas pelágicos (como Eusthenopteron) muestra la siguiente secuencia de adaptaciones: Panderichthys, coloniza bajíos fangosos. Tiktaalik, con aletas semejantes a patas que podían arrastrarlo hasta tierra. Primeros tetrápodos, en ciénagas colmatadas por vegetación: Acanthostega, con patas de ocho dedos. Ichthyostega con patas. Entre los descendientes se cuentan también formas pelágicas como los celacantos.

 

científicos y exploradores a investigar esos ecosistemas, lo que llevó al descubrimiento de otras especies “raras”,  “olvidadas”  o relictas que efectivamente se encontraron, como el Pez Pulmón de Queensland  localizado en 1976 en el río Burnett, en Australia,   otra especie considerada un «fósil viviente» que tiene pulmones además de branquias y lo hace un descendiente del “abuelo” más cercano a nosotros; o el llamado “Camarón de los Fósiles” encontrado en 1975 en aguas profundas de Indonesia que tiene una apariencia casi idéntica a sus ancestros fósiles de hace 200 millones de años; los científicos lo buscaban específicamente después del celacanto. También  el “Tiburón Franja” descubierto en 1987 en las costas de Tasmania.  Es un tiburón primitivo con una estructura corporal única (ojos grandes, aletas pectorales anchas) que no se había visto antes. Su hallazgo se debió a la mejora de técnicas de muestreo en profundidades, desarrolladas después del celacanto. Destacadamente,  en las últimas décadas se han encontrado en profundidades marinas cefalópodos, como el calamar Dumbo o algunos nautilos menos conocidos, con características ancestrales que no aparecían en el registro fósil reciente, como parte de investigaciones iniciadas  precisamente con la búsqueda de más celacantos.

Los ROVs (Vehículos Operados Remotamente) son uno de los instrumentos más utilizados en la exploración submarina. Equipados con cámaras de alta definición, sensores y herramientas operativas, estos vehículos pueden sumergirse a profundidades que serían  inaccesibles para los buzos humanos.

 También inspiró su hallazgo  la creación de nuevas técnicas de exploración, como los vehículos subacuáticos remotamente operados y los minisubmarinos tripulados, pequeños vehículos con capacidad para 1 o 3 personas, que permiten a los científicos observar directamente el hábitat y tomar muestras en tiempo real. El famoso Alvin, de la NASA y de la Universidad de Woods Hole, ha llegado a profundidades de 4 mil 500 metros y fue clave en el descubrimiento de las fuentes hidrotermales y sus especies únicas.  En 2024, una expedición del Instituto Oceanográfico de Harbor Branch (Estados Unidos) exploró las profundidades de Puerto Rico en busca de especies con potencial biotecnológico. Usaron un ROV llamado Mohawk para hacer inmersiones de hasta 505 metros y recolectaron esponjas y corales, incluyendo algunas que tienen compuestos activos contra el cáncer de mama triple, una forma que expresa los tres receptores más relevantes: HER2, estrógeno y progesterona.

Cría de celacanto recién nacida con saco de yema de huevo todavía adherido.

 

Algo sobresaliente igualmente  consecuencia del hallazgo del celacanto es la tecnología del ADN ambiental.  Es esta una sorprendente técnica revolucionaria  consistente en  tomar muestras de agua y en ellas analizar el ADN que las especies dejan al nadar, desovar o morir. Así, los científicos pueden detectar la presencia de especies sin verlas ni capturarlas, lo que es ideal para animales raros o difíciles de encontrar, y  ayuda a diseñar estrategias de conservación más efectivas. También se desarrollaron cámaras remotas con temporizador en el fondo marino para registrar la vida durante semanas o meses, y sondas que usan ondas de sonido para mapear el hábitat y detectar animales en profundidades oscuras y se les da seguimiento con etiquetas ultrasónicas colocando algunas pequeñas en los peces para registrar su profundidad y movimiento. Posteriormente, se usaron con gran éxito ROVs  (vehículos de operación a distancia) y cámaras también remotas para localizar cuevas y agrupaciones. Igualmente, hoy los investigadores usan hidrófonos direccionales desde barcos para «escuchar» las señales y seguir su rastro, incluso de noche, lo que no se hacía antes del “despertar” provocado por el celacanto de Marjorie.

Al Latimeria menadoensis los pescadores los conocían como Gombessa, lo capturaban con cierta frecuencia pero desconocían su importancia.

Como ese primer celacanto encontrado  fue taxidermizado y sus vísceras se habían desechado, Smith anhelaba un ejemplar intacto para estudiar su anatomía y fisiología. Lo tomó como misión de vida. Él y su esposa Margaret ofrecieron recompensas, hablaron con pescadores de toda la región y publicaron artículos en revistas internacionales. Pasaron 13 años de búsqueda incesante, hasta que la suerte llegó el 20 de diciembre de 1952, en las Islas Comoras, entre Madagascar y Mozambique, dos días antes del aniversario del primer encuentro en Sudáfrica. Un pescador llamado Ahmadi Abdulla capturó un ejemplar de casi metro y medio en su red de arrastre, a unos 200 metros de profundidad. Se supo entonces que los habitantes de la zona ya conocían el pez, le llamaban  «gombessa» y lo capturaban de vez en cuando,  hasta una o dos veces  al año, pero no sabían su importancia científica. Sobre el término Gombessa no hay datos de su procedencia ni vinculación etimológica alguna. Los pescadores sólo sabían que una gombessa no es comestible y  regularmente los desechaban regresándolos al mar, donde frecuentemente morían casi de inmediato por efecto de la presión para ellos adversa en las aguas superficiales. 

Cuando Smith se enteró, avisó al primer ministro sudafricano quien ordenó que un avión de la fuerza aérea llevara al pez hasta el científico de inmediato. Este segundo ejemplar estaba intacto, por lo que permitió estudiar su anatomía interna, fisiología y reproducción por primera vez y llevó a la identificación de las comunidades vivientes que conocemos hoy. 

Hoy en día se conocen dos especies de celacantos, Latimeria chalumnae, que se encuentra en el Océano Índico, y Latimeria menadoensis, descubierta en 1997 en Indonesia y varias poblaciones dispersas, descubiertas gracias a la combinación de observaciones de pescadores, expediciones con nueva tecnología y estudios de ADN.

 De la especie africana las principales se encuentran en  las Islas Comoras, las costas de Kenia, Tanzania, Mozambique, Madagascar y el humedal de Isimangaliso, Sudáfrica, por cierto decretada área protegida. La de Madagascar fue localizada en 2000 gracias a capturas accidentales y estudios de ADN, que mostraron que son parte de la misma especie que la de las Comoras pero con algunas diferencias genéticas.

No se sabe qué cantidad de celacantos vivos existen, pero se han hecho algunas estimaciones:

Del Celacanto del océano Índico occidental, el Latimeria chalumnae,  se estima que habrá menos de 500 individuos, y el grupo más grande de ellos, alrededor de 300 ejemplares, vive en las aguas del archipiélago de las Comoras. También se han registrado ejemplares en Sudáfrica, Madagascar, Mozambique, Kenia y Tanzania.

Del Celacanto indonesio, el Latimeria menadoensis, su población es considerada significativamente mayor que la del africano, pues casi llega a los 10 mil individuos. Habita las aguas cerca del norte de Sulawesi, en Indonesia, especialmente en las islas de Manado Tua y Bunaken. En 1997, el biólogo Mark Erdmann y su esposa Arnaz  vieron un ejemplar en un mercado de pescado de Sulawesi durante su luna de

Mark Erdmann

miel, lo reconocieron, le tomaron una foto y la publicaron en su sitio web. Un  especialista en celacantos, el Dr. E.K. Balon, les advirtió que podría ser una nueva población, así que Erdmann consiguió financiamiento para buscar un nuevo ejemplar. En julio de 1998, un pescador llevó un celacanto vivo a Erdmann, aunque no sobrevivió. El análisis genético confirmó que se trataba de esta nueva especie para la ciencia, Latimeria menadoensis, por  la zona de Menado donde fue encontrado.

Ambas especies viven en aguas mesopelágicas, por debajo de la plataforma continental entre 200 y 1000 metros de profundidad, región que se caracteriza porque penetra algo de luz solar, aunque insuficiente para la fotosíntesis, y suelen refugiarse en cuevas submarinas durante el día. La especie menadoensis está catalogada como vulnerable en la Lista Roja de la UICN y la chalumnae  se considera en peligro crítico de extinción.

Los dientes de Celacanto.

Las crías de celacanto nacen completamente desarrolladas de dimensiones de aproximadamente  30 centímetros de largo y con un aparato digestivo listo para cazar. Su dieta es similar a la de los adultos, pero con presas más pequeñas, peces, crustáceos y moluscos que viven en las mismas zonas profundas que ellos. Al nacer se separan inmediatamente de la madre. Empiezan a cazar aprendiendo  desde el primer día,  pero no «aprenden» en el sentido de que alguien los enseñe, sino  usando sus instintos innatos, sin cuidado parental alguno, pues su capacidad de cazar está programada en su ADN. Saben cómo buscar refugio en cuevas, cómo detectar el movimiento de las presas con sus sentidos y cómo atacarlas con su boca ancha y dientes afilados. No necesitan observar a otros celacantos para hacerlo, lo hacen de forma natural desde el momento en que nacen.

No se conoce mucho sobre los depredadores de las crías, ya que son difíciles de observar. Sin embargo, es lógico pensar que pueden ser víctimas de peces depredadores más grandes que habitan en las mismas aguas profundas, como algunas especies de tiburones pequeños o peces cartilaginosos. Los adultos, por su parte, tienen muy pocos depredadores naturales debido a su tamaño y su hábitat inaccesible. Igual que sus padres, las crías recién nacidas hacen su vida en solitario. Todos interactúan solo en momentos específicos como el apareamiento, y no forman ningún tipo de vínculo social a largo plazo.

Versión digital del que los científicos consideran el abuelo común entre el Celacanto y nosotros.

La captura accidental  es en realidad su mayor amenaza. Los pescadores los atrapan sin querer en redes agalleras y palangres que buscan otros peces (como el pez aceite), ya que comparten hábitats profundos. Incluso si luego de ser capturados se sueltan, como ya vimos, el estrés de la presión baja en aguas más superficiales los puede matar. Otro enemigo es la degradación del hábitat. La exploración minera en profundidad, la construcción de puertos y la contaminación por plásticos y vertidos químicos pueden afectar sus cuevas submarinas y perjudicar su comida. El aumento de la temperatura del océano por el cambio climático  puede hacer que sus hábitats específicos pierdan idoneidad y reducir la disponibilidad de presas.

 Ambas especies están incluidas en el Apéndice I de la CITES (Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas), lo que prohíbe internacionalmente su comercio. También están protegidas por leyes locales en países como las Comoras, Sudáfrica e Indonesia. 

Gracias a la gestión y presión de la comunidad científica internacional se han creado santuarios específicos para los celacantos, como los de las Comoras y alrededor de Sulawesi, para cuidar sus hábitats.

Como ya adelantamos, al estudiar a los ejemplares vivos se ha observado que tienen partes de su cuerpo con el mismo plan estructural que nuestras manos o pies, sin duda  una confirmación de que todos los vertebrados venimos de un antepasado común en el mar.

Por supuesto  esto nos lleva al tema de ese antepasado común.

El abuelo común entre los celacantos y los tetrápodos como nosotros los humanos vivió durante el Devónico, hace unos 380 a 400 millones de años. No se conoce su nombre científico con certeza, ya que es un antepasado extinto inferido por estudios evolutivos, pero se cree que se parecía a especies fósiles como los Eusthenopteron (aleta fuerte) o el Panderichthys,  (pez pander, por su estudioso

Comparaciones entre los tretapodomorfos durante la transición de aletas pectorales a miembros anteriores. Panderichthys es el segundo desde la izquierda.

Henrich Pander) clave para entender la evolución, que tienen características intermedias entre peces lobeados y tetrápodos. Estos peces lobeados tenían aletas carnosas con esqueletos articulados, como el celacanto actual, pulmones rudimentarios procedentes de la vejiga natatoria que usaban para flotar pero que empezaron a usar también  para respirar aire cuando el agua tenía poco oxígeno y una estructura corporal que les permitió primero adaptarse a aguas poco profundas como esteros o ríos, hace unos 375-400 millones de años.  Sus aletas pectorales y pélvicas tenían huesos similares a hombros, codos y muñecas  lo que les permitió apoyarse en el fondo.

Algunos linajes de estos peces evolucionaron para salir a la tierra, dando origen a los primeros tetrápodos, mientras que otros se quedaron en el mar, como el Celacanto. Ya en tierra las aletas se convirtieron en extremidades de tipo quiridio, es decir con húmero/fémur, radio/húmero y huesos de manos y pies para caminar, desarrollaron capas de mucosidad para evitar la desecación, y algunos empezaron a usar la piel para respirar, como los anfibios modernos. Su sistema nervioso se ajustó para percibir estímulos terrestres, como vibraciones o luces diferentes.

Muchos de estos cambios no requirieron nuevos genes, sino modificar los que ya tenían en el agua, activando o desactivando vías genéticas que estaban «latentes». Así, pasaron de ser peces que se movían en aguas poco profundas a los primeros tetrápodos, antepasados de anfibios, reptiles, aves y mamíferos. Los primeros animales que caminaron sobre la tierra, estos tetrápodos primitivos, aparecieron durante el Devónico tardío, hace unos 375 a 365 millones de años.

Entre ellos se encuentra el Tiktaalik roseae,  un animal intermedio conocido como «pez-pierna» que vivió hace 375 millones de años y ya  podía apoyarse en el fondo marino, aunque probablemente no caminaba plenamente fuera del agua. Notoriamente el Acanthostega gunnari (techo espinozo) descubierto en Groenlandia

Recreación del Tiktaaliks saliendo a tierra.

por Gunnar Säve-Söderbergh en 1933, tenía “manos” con ochos dedos, su húmero exhibe rasgos que se asemejan a los de los tetrápodos de tallo, terrestres posteriores,  y huesos de las aletas pélvicas de peces anteriores, lo que  podría indicar que los vertebrados evolucionaron rasgos terrestres antes de lo que se suponía y en numerosas ocasiones de forma independiente unos de otros;  y  el Ichthyostega stensioi ,“techo de pez”, en referencia a su transición evolutiva, y por el paleontólogo Erik Stensio, quien lo descubrió y describió por primera vez en Groenlandia en la década de 1930. Son los primeros tetrápodos con extremidades definidas, o sea  4 patas con dedos, que vivieron hace unos 365 millones de años. Aunque aún tenían características de peces, como branquias, estos ya podían salir a la tierra y caminar arrastrando su cuerpo. La investigación basada en el análisis de la morfología de la sutura en el cráneo de Acanthostega indica que la especie podía morder a sus presas en la orilla del agua o cerca de ella. Markey y Marshall compararon el cráneo con los de los peces que practican la alimentación por succión como método principal de captura de presas, y con criaturas que utilizaron la mordida directa de las presas típica de los animales terrestres. Sus resultados indican que

Reconstrucción modelo del Acanthostega en el Museo Estatal de Historia Natural de Stuttgart, Alemania.

el  Acanthostega se adaptó a la alimentación de estilo terrestre, lo que muestra un habitante de aguas poco profundas que solía cazar en la línea entre la tierra y el agua.

Estos fueron los antepasados directos de todos los animales terrestres con extremidades. Antes que ellos, solo había en tierra invertebrados, como arañas,  cienpiés, gusanos y hormigas, -un crustáceo extinto- que vivían en la tierra desde hace unos 450 millones de años, pero no «caminaban» en el sentido de tener extremidades articuladas para moverse sobre el suelo como los tetrápodos. Arribaron a tierra firme más o menos en la época en que en el mar surgían los primeros ancestros de los Celacantos. Además, otros invertebrados como insectos colonizaron la tierra hace 400 millones de años,  desde linajes de crustáceos marinos, evolucionando alas y sistemas de reproducción altamente especializados, llegando a ser el grupo más diverso de animales del planeta, con más de 10 millones de especies diferentes.

Algo sorprendente  es que la antigüedad del linaje de los Celacantos significa  que llevan viviendo más tiempo que el transcurrido entre la aparición de los primeros animales multicelulares de la historia, las llamadas Medusas Peine y sus primeros antepasados. Es decir, para mayor claridad, entre la aparición de las Medusas Peine hace unos 700 millones de años, antes que las esponjas o poríferos, -600 millones de años- o los medusozoos -500 millones-  y los primeros Celacantos transcurrieron  entre  250 y 50 millones de años, pues estos aparecieron hace de 450-430 millones de años. Dicho de otra manera, Hn habitado la tierra la mayor parte de la era de los seres multicelulares.

De esponjas aún existen diversas especies en aguas marinas de todo el planeta. Son animales sencillos, sin sistemas nerviosos ni musculares, que viven fijados al sustrato y se alimentan filtrando agua.

Un estudio del MIT identifica fósiles químicos en rocas de más de 540 años que apuntan a las demosponjas como los ancestros más antiguos del reino animal, eran blandas y filtraban agua, como las esponjas que hoy siguen vivas.

Los medusozoos, diferentes de las medusas peine, pertenecen a un grupo distinto y se caracterizan por su cuerpo gelatinoso y sus tentáculos con células nematocistas, orgánulos utilizados para la inyección de toxinas  para capturar presas o defenderse. Viven en aguas marinas y de algunos ríos, y son una parte importante de los ecosistemas acuáticos. 

 

Sin embargo, no son los Celacantos los vertebrados más antiguos del planeta.

Demosponjas modernas.

Los  Hagfish, pez bruja, o  pez aguja en español,  existen desde hace unos 500 millones de años, siendo una de las formas de vida vertebrada más antiguas. No tiene mandíbulas ni columna vertebral verdadera y  producen una mucosidad espumosa que  enreda a sus depredadores permitiéndoles escapar. También pueden sobrevivir en aguas con poco oxígeno y se alimentan de carroña, lo que les da muchas opciones de alimento.

Hagfish captado en su hábitat.

Casi contemporáneos a este pez,  si es que se admite la diferencia de “sólo” 40 millones de años, son La Estrella  y los Erizos de mar, con unos 540 millones de años de antigüedad. Son equinodermos,  ekhino, «púa» y derma, «piel»  cuyo nombre alude a su exclusivo esqueleto interno formado por osículos calcáreos. Poseen simetría pentarradial, es decir que las partes del animal se ramifican en cinco compartimentos distintos o brazos, caso único en el reino animal, y un sistema vascular acuífero característico. 

Por la antigüedad de su linaje de unos 500 millones de años, es decir que aparecieron durante el Silúrico, y su vecindad en nuestros mares, es  importante mencionar al mal llamado Cangrejo Herradura del Atlántico (Limulus polyphemus) que habita en el Golfo de México desde las costas de Yucatán, donde se le llama “cacerolita” y extiende su hábitat hasta  las costas de Maine. Llega a medir 60 centímetros de largo y 30 de ancho.  Pasa gran parte de su vida enterrado en la arena,

Cangrejo Herradura conocido en México como Cacerolita. No es cangrejo.

donde captura a sus presas. A pesar de que las hembras ponen unos 100 mil huevos a lo largo de su vida se encuentra amenazado de extinción y reduciendo sus poblaciones de una forma lenta pero constante. En realidad no es un cangrejo pues está más próximo a las arañas y los escorpiones. Lo amenazan las emisiones de gases de invernadero, la sobrepesca y captura para aprovechamiento por la industria farmacéutica de la hemolinfa, su sangre,  muy útil en ensayos de toxicidad de medicamentos para humanos. Sus células sanguíneas llamadas amebocitos, semejantes a los leucocitos de los vertebrados, reaccionan ante las endotoxinas bacterianas produciendo la coagulación de la hemolinfa como reacción de protección. El extracto de amebocitos de este animal se usa para verificar la presencia de toxinas en inyectables parenterales, particularmente los lipopolisacáridos. Otro novedoso uso de la sangre de este animal es un test rápido de detección de posibles infecciones en astronautas para su tratamiento inmediato. El dispositivo, llamado LOCAD-PTS (Lab-On-A-Chip Application Development Portable Test System), ha sido probado en la Estación Espacial Internacional. Por su parte, los pescadores mexicanos lo usan de carnada para atrapar pulpos. Es urgente que las leyes mexicanas y estadounidenses lo amparen.

  Como los Celacantos, todas estas especies  han sobrevivido a 5 extinciones masivas y son considerados «fósiles vivientes» porque su morfología y genética han cambiado muy poco en tantos millones de años.

Arqueas, microorganismo unicelulares sin núcleo similares a bacterias, pero que están más emparentados con eucariotas.
El famoso libro de Smith.

Antes de ellos y durante miles de millones de años, sólo existieron formas de vida primitivas, como las bacterias y las arqueas, desde hace  3 mil 500 millones de años. Las arqueas son microorganismos unicelulares procariotas , es decir sin núcleo definido, que forman un dominio de vida distinto, genéticamente diferente de bacterias y eucariotas, caracterizados por su capacidad de vivir en ambientes extremos (termófilas, halófilas, metanógenas) y por su bioquímica única, siendo una de las formas de vida más antiguas y abundantes de la Tierra, vitales en ciclos biogeoquímicos y en ecosistemas diversos, ¡incluso en el cuerpo humano!  

Tanto Marjorie como James Leonard estuvieron ligados al Celacanto desde el descubrimiento del primer ejemplar hasta su muerte. 

James Leonard Brierley Smith nació en un pequeño pueblo de la región del Karoo y estudió química en Cambridge, pero desde niño le fascinaban los peces. Su interés empezó en unas vacaciones en Knysna, donde vio especies marinas raras. Aunque trabajó como profesor de química en la Universidad de Rhodes durante años, siempre dedicó tiempo a la ictiología, aun antes de realizar estudios  formales  en la materia. Oficialmente estaba adscrito al departamento de Química de la universidad, pero desde 1947 dedicó todo su tiempo al estudio de los peces, pues en  esa fecha creó oficialmente el departamento de Ictiología en la Rhodes University. El año del descubrimiento del primer celacanto, James Leonard estaba recién casado en segundas nupcias con Margaret Mary Macdonald, graduada en química y en física en la misma universidad. Juntos trabajaron inseparablemente en el tema del celacanto y en la preparación del popular texto Sea Fishes of South Africa, publicado por primera vez en 1949  y en Old Four Legs, un relato popular sobre el celacanto que se considera uno de los mejores libros de peces del mundo, así como en el resto de libros y artículos que escribieron hasta 1968, en total más de 500 documentos, que incluyen el libro Fishes of Seychelles y la identificación de  otras 370 especies de peces nuevas para la ciencia.  Smith se suicidó en enero de 1968, envenenándose con cianuro, al darse cuenta de que sus facultades mentales estaban en decadencia a causa de una larga enfermedad. Ese mismo año, con el objetivo de proseguir la tarea de investigación ictiológica de su marido, Margaret impulsó la creación del JLB Smith Institute of Ichthyology, del que sería la primera directora hasta que se retiró en 1982. Desde 2001 este instituto se conoce oficialmente con el nombre de South African Institute for Aquatic Biodiversity.  La abreviatura Smith

Margaret y su marido trabajando siempre juntos.

se emplea para indicar a James Leonard Brierley Smith como autoridad en la descripción y taxonomía en zoología.

Marjorie el año de su fallecimiento.

Marjorie Eileen Doris Courtenay-Latimer , nacida sietemesina el 24 de febrero de 1907  en East London, Sudáfrica,  es descrita en sus biografías como naturalista, conservadora de museo, bióloga, recolectora de plantas y recolector zoológico. Como ya vimos, su nombre quedó inmortalizado en la  denominación   científica del celacanto, Latimeria. Hija de un jefe de estación de los Ferrocarriles sudafricanos. Fue una niña débil, casi murió aun pequeña por una infección de difteria. A pesar de su fragilidad, muy joven ya era ávida naturalista  amateur y disfrutaba de actividades al aire libre. Cuándo visitaba a su abuela en la costa, se fascinaba en el faro Isla de Pájaro donde pasaba días enteros  recogiendo rocas, plumas y  conchas y  atraída por los especímenes inusuales de pescadores. A los once años ya era experta autodidacta en pájaros. Después de secundaria se entrenó para enfermera en King William’s Town pero, justo antes de graduarse, fue alertada de un trabajo en el recientemente abierto Museo

En homenaje a Marjorie y al Capitán Goosen el muelle donde se encontraron para ver al Celacanto fue bautizado con el apellido de ella.

de East London. A pesar de carecer de formación relacionada impresionó a sus entrevistadores con su amplio conocimiento como naturalista y fue contratada a los veinticuatro años, en agosto de 1931. Ocupó el resto de su carrera en el Museo, del que fue directora. En  una granja en Tsitsikamma escribió un libro sobre flores y luego volvió a East London. Nunca se casó debido a que el ″amor de su vida″ murió cuando tenía veinte años. Por supuesto se convirtió en una figura internacionalmente reconocida. Vivió hasta los 97 años y murió en 2004 en East London. El lugar donde encontró el pez fue rebautizado como «Muelle de Latimer» y hay una moneda sudafricana con su rostro y el celacanto en su honor.

El capitán Goosen es considerado uno de los primeros «científicos ciudadanos» de la región. Sólo se sabe que siguió pescando durante años.

 

Sitios para ver imágenes y videos de Celacantos

DINOFISH.com – COELACANTH: THE FISH OUT OF TIME

BritannicaTiene un video de una expedición en Indonesia donde se encuentran dos celacantos en una cueva. Enlace: https://www.britannica.com/video/179823/Scientists-waters-sea-life-Indonesia-coelacanths-discoveries

NHK World-Japan: En 2024, su equipo filmó por primera vez en 8K un grupo de celacantos en Indonesia con comportamientos relacionados con la reproducción. En plataformas de streaming como YouTube busca «NHK coelacanth colony 2024».

YouTube: Si buscas términos como «colonia de celacantos» o «coelacanth colony», encontrarás clips de expediciones científicas (por ejemplo, de la African Coelacanth Ecosystem Programme) que muestran grupos pequeños en las Comoras o Sudáfrica.

Puedes buscar en Google Imágenes con estas palabras clave:

  • «Reconstrucción Eusthenopteron»
  • «Panderichthys imagen fósil reconstruido»
  • «Rhipidistio reconstrucción científica»

También hay algunas páginas de museos (como el Museo Británico o el Museo de Historia Natural de Londres) que tienen imágenes detalladas y explicativas en su sitio web.

Recuerda que los celacantos no forman colonias propiamente dichas, así que los videos suelen mostrar grupos de 2 a 5 individuos reunidos en el mismo hábitat.

Autor

  • José Luis Muñoz Pérez
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