WASHINGTON, D.C. — La guerra contra Irán, que duró 38 días y terminó con un alto el fuego hace dos semanas, ha dejado las reservas de municiones del Ejército estadounidense en niveles preocupantemente bajos, según estimaciones internas del Pentágono y funcionarios del Congreso. Desde finales de febrero, Estados Unidos disparó alrededor de 1,100 misiles de crucero furtivos JASSM-ER —diseñados originalmente para un posible conflicto con China— y más de 1,000 misiles Tomahawk, una cantidad casi diez veces superior a la producción anual actual.
Además, se utilizaron más de 1,200 misiles interceptores Patriot, cada uno con un costo superior a los 4 millones de dólares, y más de 1,000 misiles de precisión terrestre como los ATACMS y Precision Strike. Estos gastos han obligado al Pentágono a redistribuir con urgencia armas y municiones desde sus comandos en Asia y Europa hacia Oriente Medio.
Funcionarios del gobierno de Donald Trump y del Congreso advierten que esta situación ha debilitado la preparación de las fuerzas estadounidenses frente a posibles amenazas de Rusia y China. “Con los ritmos de producción actuales, reconstituir lo que hemos gastado podría llevar años”, señaló el senador demócrata Jack Reed, principal miembro del Comité de Servicios Armados del Senado.
Una guerra muy costosa
El costo del conflicto se estima entre 28,000 y 35,000 millones de dólares, según cálculos independientes del American Enterprise Institute y del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales (CSIS). Solo en los dos primeros días de operaciones se gastaron 5,600 millones de dólares en municiones.
El Departamento de Defensa alcanzó más de 13,000 objetivos, aunque funcionarios indican que esta cifra no refleja el elevado consumo de bombas y misiles, ya que muchos objetivos grandes fueron atacados múltiples veces.
La guerra también ha evidenciado la dependencia del Pentágono de sistemas de armamento extremadamente caros, en particular los interceptores de defensa aérea, y ha generado dudas sobre la capacidad de la industria de defensa para producir rápidamente armas más económicas, como drones de ataque.
La Casa Blanca rechazó las preocupaciones. Karoline Leavitt, secretaria de prensa, afirmó en un comunicado que “la premisa de esta historia es falsa” y que Estados Unidos cuenta con “el ejército más poderoso del mundo, totalmente cargado con armas y municiones más que suficientes”.
Por su parte, el portavoz del Pentágono, Sean Parnell, declinó comentar detalles específicos por razones de seguridad operativa.
Expertos como Mark F. Cancian, coronel retirado de Marines y analista del CSIS, advirtieron que, aunque existen inventarios adecuados para algunas municiones, las reservas críticas de ataque terrestre y defensa antimisil ya eran bajas antes del conflicto y ahora se encuentran aún más reducidas. Un estudio del CSIS estima que quedan alrededor de 3,000 misiles Tomahawk.
Para reponer los arsenales, el Pentágono depende de la aprobación de financiación adicional por parte del Congreso. Aunque en enero se firmaron acuerdos de siete años con contratistas como Lockheed Martin para aumentar la producción de misiles de precisión y sistemas THAAD, la falta de fondos ha impedido iniciar la expansión real de la capacidad industrial.
El conflicto también provocó pérdidas materiales adicionales. Durante una operación de rescate de los SEAL, se destruyeron dos aviones MC-130 y al menos tres helicópteros MH-6 para evitar que cayeran en manos iraníes, con un costo estimado de 275 millones de dólares.
En Europa, la reducción de municiones y drones ha afectado los ejercicios y la disuasión frente a Rusia. En Asia, el desvío del portaaviones USS Abraham Lincoln, de dos unidades de Marines y de sistemas Patriot y THAAD desde Corea del Sur ha mermado la preparación en el Pacífico, región clave ante la amenaza de China y Corea del Norte.
El alto ritmo operativo al que están sometidas las fuerzas estadounidenses en la zona también genera problemas de mantenimiento y fatiga de los equipos.
Aunque el secretario de Defensa, Pete Hegseth, ha priorizado el aumento de la producción de municiones, los mandos militares reconocen que el arsenal tiene “límites finitos”, como señaló el almirante Samuel J. Paparo Jr., jefe del Comando Indo-Pacífico.
La guerra en Irán ha puesto de manifiesto los desafíos logísticos y presupuestarios que enfrenta Estados Unidos para mantener su superioridad militar en múltiples frentes simultáneos.