Doble vara de Sheinbaum ante la CIA en México
La presidenta Claudia Sheinbaum exhibe una clara contradicción en su discurso sobre la actividad de la CIA en territorio mexicano, según convenga a sus intereses políticos y partidistas. Cuando se trata de Chihuahua, gobernado por la oposición panista de Maru Campos, Sheinbaum no duda en señalar la supuesta violación a la soberanía. Día tras día en sus mañaneras, carga contra la gobernadora, exige explicaciones y respalda investigaciones que incluso han derivado en peticiones de desafuero y juicios políticos. Sus partidarios organizan marchas en Chihuahua bajo consignas como “La patria no se vende” y “Traición a la patria”, acusando directamente a Maru Campos de vende-patrias por permitir supuestamente la operación de agentes estadounidenses.
Sin embargo, cuando se trata del caso de Francisco Beltrán, alias “El Payín”, presunto operador del Cártel de Sinaloa, asesinado en marzo pasado en Tecámac, Estado de México —entidad gobernada por Morena—, la narrativa cambia radicalmente. Medios de prestigio internacional como CNN y The New York Times publicaron reportajes que señalan una posible participación o facilitación de la CIA en un asesinato selectivo mediante explosivo en su vehículo. Sheinbaum, en sus mañaneras, se ríe del tema, lo califica como “absolutamente falso”, “construcción mentirosa” y “ficción del tamaño del universo”, negando cualquier operación encubierta. Afirma que la cooperación con EE.UU. se limita sólo a intercambio de inteligencia.
Esta selectividad es evidente: en Chihuahua (PAN) la CIA representa una grave amenaza a la soberanía que debe denunciarse y castigarse. En el Edomex (Morena), los reportes de CNN y NYT son mentiras sensacionalistas. La narrativa presidencial se adapta al color del gobernador: se endurece contra la oposición y se relaja cuando el hecho ocurre en territorio afín. Esta inconsistencia erosiona la credibilidad del discurso soberanista del gobierno federal y revela un uso partidista de temas de seguridad nacional. México merece una política exterior y de seguridad coherente, no subordinada a cálculos electorales.
La bateadora incansable de las mañaneras
En la cancha de las conferencias matutinas, Claudia Sheinbaum no deja pasar una sola bola. Todas las batea, incluso las que vienen bajas y sucias. Esa determinación por responder todo, por no esquivar ningún tema incómodo, la ha convertido en una presidenta que carga culpas ajenas con una naturalidad que roza lo heroico. O lo imprudente. Porque en el afán de blindar a su equipo, Sheinbaum termina enredada en cambios de narrativa, rectificaciones y contradicciones que socavan su credibilidad.
El reciente derrame de petróleo en el Golfo de México es un caso paradigmático. Inicialmente, la respuesta oficial apuntó hacia causas externas o minimizó la responsabilidad de Pemex. Semanas después, en mañanera, la propia presidenta reconoció que trabajadores de la paraestatal no siguieron protocolos, admitiendo fallas internas que se tardaron en aceptar. De la negación al mea culpa colectivo, el viraje fue evidente. Sheinbaum asumió el costo político para proteger la imagen institucional, pero dejó al descubierto una primera versión que no resistió el escrutinio.
Otro episodio ilustrativo fueron las “piernas asoleadas” en Palacio Nacional. La imagen de una mujer tomando el sol en una ventana del recinto histórico generó burla y crítica. Primero, desde sectores cercanos al gobierno se sugirió que podía tratarse de un montaje o IA. Días después, Sheinbaum confirmó el hecho, explicó que la persona fue sancionada y defendió que no estaba prohibido, aunque exigió respeto al lugar. El giro de “no pasó” a “pasó, pero está bien” expuso una improvisación comunicativa poco afortunada.
El recorte al calendario escolar 2025-2026 sigue el mismo patrón. La SEP anunció modificaciones que generaron rechazo, especialmente por adelantar vacaciones. Sheinbaum salió a defender la medida como una decisión unánime de los 32 secretarios de Educación. Sin embargo, gobernadores de entidades como Jalisco y Nuevo León manifestaron su desacuerdo, revelando que la unanimidad no era tal. Una vez más, la presidenta salió al quite para cubrir al secretario Mario Delgado y al gabinete educativo.
Estos casos no son aislados. En temas de seguridad, economía o gestión de crisis, Sheinbaum repite la fórmula: batea la bola, asume responsabilidad por errores de colaboradores y ajusta la narrativa sobre la marcha. Es una lealtad institucional encomiable, pero que genera una percepción de opacidad y manejo reactivo. En política, no basta con no dejar pasar las bolas; hay que batearlas con precisión y consistencia. De lo contrario, el público termina contando los strikes.
La caída Zuany, un eslabón clave
En medio de una de las crisis de seguridad más delicadas en los últimos años en Chihuahua, Guillermo Arturo Zuany Portillo presentó su renuncia irrevocable como fiscal especializado de Operaciones Estratégicas de Fiscalía General del Estado. La salida, ocurrida la noche del 12 de mayo, se produce en el epicentro de las investigaciones por la presunta participación de agentes de la CIA en un operativo contra un narcolaboratorio en la Sierra Tarahumara, donde perdieron la vida dos ciudadanos estadounidenses y el director de la Agencia Estatal de Investigación, Pedro Ramón Oseguera.
Esta renuncia, que se suma a la del ex fiscal general César Jáuregui, no parece un movimiento aislado. Analistas políticos locales interpretan el gesto como un intento de la administración de la gobernadora Maru Campos por contener el daño político ante un caso que pone en entredicho la soberanía nacional y la coordinación de seguridad con Estados Unidos. Fuentes al interior de la FGE confirmaron que Zuany Portillo entregó oficinas y recursos bajo su cargo, mientras la Unidad Especializada que encabeza la fiscal Wendy Paola Chávez Villanueva avanza en las pesquisas sobre la presencia de personal extranjero en instalaciones oficiales y en el convoy operativo.
Zuany Portillo, quien previamente dirigió la Agencia Estatal de Investigación desde el inicio del gobierno de Campos, acumula señalamientos previos. Su nombre ha sido ligado a posibles nexos con agentes estadounidenses, una visa cancelada por autoridades norteamericanas en diciembre de 2025 y cuestionamientos sobre su rol como posible enlace en operaciones binacionales sensibles. La filtración de que agentes extranjeros fueron vistos en su oficina ha intensificado el escrutinio, convirtiendo su salida en un símbolo de la fragilidad institucional ante presiones externas e internas.
Desde una perspectiva político, este caso revela tensiones estructurales: la dependencia operativa de autoridades estatales respecto a inteligencia extranjera en la lucha contra el crimen organizado, los riesgos de soberanía que ello implica y la erosión de confianza en las instituciones locales. La gobernadora Campos ha prometido actuar con firmeza bajo la frase “caiga quien caiga”, pero las renuncias sucesivas sugieren que el costo político podría extenderse más allá de unos cuantos funcionarios. Mientras la Fiscalía General de la República (FGR) profundiza las indagatorias por posibles violaciones a la soberanía, Chihuahua enfrenta no sólo un escándalo de seguridad, sino un cuestionamiento mayor sobre quién realmente controla la estrategia contra el narco en la entidad.
El vacío dejado por Zuany abre interrogantes sobre la continuidad de las operaciones estratégicas en un estado marcado por la violencia. La crisis, lejos de cerrarse, parece apenas comenzar a desvelar las complejas redes de poder que operan en la sombra de la Tarahumara.

