Ciudad de México.- La presidenta de México, Claudia Sheinbaum Pardo, rechazó de manera contundente las recientes declaraciones del mandatario estadounidense, Donald Trump, y de su vicepresidente, JD Vance, quienes sugirieron la posibilidad de un despliegue militar terrestre en territorio mexicano bajo el argumento de combatir a los cárteles del narcotráfico. Durante su conferencia de prensa matutina, la jefa del Ejecutivo Federal instó a no engancharse en la retórica mediática de Washington y aseguró que la soberanía nacional no está sujeta a negociación ni a autorizaciones de tropas extranjeras.
La postura de la mandataria mexicana surge como respuesta directa a los señalamientos emitidos por el presidente Donald Trump en el marco de la cumbre del G7 en Evian, Francia, donde afirmó que el gobierno de México ha perdido el control territorial frente al crimen organizado y calificó la posición de la administración mexicana como temerosa. Sheinbaum Pardo reviró argumentando que el mandatario norteamericano carece de información precisa sobre la realidad del país y recordó que, en comunicaciones directas, le ha manifestado personalmente la valentía del pueblo mexicano y la existencia de instituciones civiles y militares sólidas que conducen la seguridad interior.
Avances operativos y exigencia de reciprocidad en el tráfico de armas
Para fundamentar la eficacia de la estrategia nacional, la presidenta expuso los indicadores de seguridad que previamente fueron compartidos con el secretario de Seguridad de Estados Unidos, Markwayne Mullin, durante su visita oficial a México en mayo pasado. Detalló que las operaciones coordinadas por los secretarios de Seguridad, Omar García Harfuch; de la Defensa Nacional, Ricardo Trevilla Trejo; y de Marina, Raymundo Pedro Morales Ángeles, han permitido una reducción del 46 por ciento en la incidencia de homicidios dolosos, así como una disminución superior al 70 por ciento en el flujo terrestre de fentanilo hacia la frontera norte.
Respecto a la intención de la Casa Blanca de intensificar los operativos en las zonas colindantes, la mandataria sugirió que la administración estadounidense debería concentrar esos esfuerzos de vigilancia dentro de sus propios límites geográficos, priorizando la desarticulación de las redes de distribución interna y el freno al tráfico ilegal de armas de fuego de alto poder que ingresan a México desde el mercado norteamericano. Asimismo, enfatizó que la relación bilateral se rige bajo un memorándum de entendimiento vigente centrado en la cooperación mutua y no en la subordinación operativa.
Amagos de la Casa Blanca y el marco del derecho internacional
La tensión diplomática se incrementó tras las advertencias formuladas por el vicepresidente de Estados Unidos, JD Vance, quien en una entrevista paralela reiteró que el gobierno norteamericano se reserva el derecho unilateral de emprender acciones militares en la frontera sur para proteger a sus ciudadanos, independientemente de la negativa del gobierno mexicano para recibir dicha colaboración. Esta narrativa ha comenzado a moldear el debate en los círculos de seguridad de Washington, donde diversos analistas alertan sobre un viraje hacia la aplicación de leyes antiterroristas para justificar incursiones de precisión.
A pesar de los amagos provenientes del gabinete republicano, la Presidencia de la República descartó que estas diferencias vayan a derivar en una ruptura de las mesas de trabajo técnicas o en un debate de confrontación personal con los líderes de la Casa Blanca. Los canales de interlocución diplomática entre la Cancillería mexicana y el Departamento de Estado se mantendrán activos para revisar el cumplimiento de los acuerdos comerciales y de contención migratoria, bajo la premisa de que cualquier estrategia de seguridad común debe respetar de forma estricta los tratados internacionales y la autodeterminación de las instituciones de ambos lados de la frontera.



