Cruz ya se mueve como candidato
No es candidato todavía, pero Cruz Pérez Cuéllar ya se mueve como si lo fuera. Y quizá esa sea, en este momento, la señal más importante de la sucesión de Chihuahua. Morena todavía tiene que formalizar el procedimiento, levantar sus encuestas y anunciar al elegido, pero alrededor del alcalde con licencia se han acumulado tantos movimientos, decisiones, silencios, acomodos y señales que empieza a resultar difícil sostener que simplemente estamos frente a otro aspirante en competencia. La impresión que comienza a extenderse entre observadores políticos es distinta: la candidatura podría estar prácticamente resuelta y lo que estamos viendo no sería la construcción de un aspirante, sino la preparación de un candidato.
La última señal es Rubí Enríquez. Su quinto y último informe al frente del DIF Municipal tiene una lectura política mucho más profunda que la de un simple cierre administrativo. Rubí no solamente termina su gestión: se retira definitivamente del DIF de Ciudad Juárez y entrega la responsabilidad a Angélica Mendoza, esposa del alcalde en funciones Héctor Rafael Ortiz Orpinel. La pareja Cruz-Rubí está cerrando el capítulo municipal. Y si se observa el movimiento con ojos políticos, la pregunta inevitable es por qué hacerlo precisamente ahora. La respuesta que empieza a cobrar fuerza es que Rubí ya no está mirando hacia el DIF Municipal, sino hacia el estatal. Es decir, Cruz y Rubí parecen estar actuando como una pareja que ya está pensando en el siguiente gobierno, no como una pareja que todavía necesita defender hasta el último minuto su posición dentro del gobierno municipal.
Ese detalle importa porque en política nadie abandona voluntariamente una plataforma de poder si no tiene una razón para hacerlo. El DIF Municipal, durante cinco años, fue una estructura de presencia social y política para Rubí Enríquez. Si Cruz estuviera todavía en una competencia incierta, tendría sentido mantener ese espacio hasta el último momento. En cambio, Rubí lo entrega definitivamente. Y lo entrega justo cuando Cruz dejó la alcaldía para buscar la candidatura al Gobierno del Estado. No es una prueba documental de que ya recibió la candidatura, pero sí es una señal política extraordinariamente fuerte. Parece la conducta de alguien que ya está haciendo espacio para lo que viene.
El hombre que ya parece saber
La segunda señal está en el propio Cruz. Hay una diferencia entre hacer precampaña y comportarse como candidato. Un aspirante recorre, busca adhesiones, mide sus palabras y trata de convencer de que puede ganar. Un candidato comienza a hablar como quien ya tiene que responder por un estado entero. Pérez Cuéllar parece haber cruzado esa frontera. Ha recorrido Chihuahua, ha multiplicado entrevistas, aparece en radio, televisión y medios digitales y ha comenzado a recibir espacios en medios nacionales cercanos a la Cuarta Transformación. La Jornada y SinEmbargo, entre otros, le han abierto espacios que le permiten hablar ya no solamente como alcalde juarense, sino como figura con pretensiones estatales.
Lo interesante no es solamente la cantidad de entrevistas. Es la comodidad con que las está dando. Cruz no parece estar comportándose como quien necesita demostrar desesperadamente que es competitivo. Hay aplomo. Hay seguridad. Incluso cuando responde a preguntas sobre la candidatura, la expresión corporal es la de alguien que parece conocer mejor el desenlace que quienes lo observan desde fuera. Puede ser una impresión subjetiva, naturalmente, pero la política también se juega en esos detalles. Hay políticos que cuando todavía no saben si serán candidatos hablan como aspirantes; otros, cuando han recibido señales suficientes, comienzan a comportarse como si la decisión ya estuviera tomada. Pérez Cuéllar está en este segundo momento.
Y aquí aparece otra señal: mientras Cruz incrementa su presencia, Andrea Chávez parece haber reducido la intensidad de su precampaña pública. Eso no significa que esté fuera de la contienda. Tiene estructura, presencia nacional y un grupo político importante. Pero la diferencia de comportamiento es evidente. Cruz está recorriendo el estado y hablando como candidato; Andrea parece haber bajado el volumen. En una sucesión política, los silencios también hablan.
El problema de Andrea puede llamarse Adán
La versión que cobra fuerza entre observadores políticos es que Andrea Chávez pudo haber sido descartada desde Palacio Nacional, no necesariamente porque haya perdido fuerza, sino porque su candidatura tendría una consecuencia política que Claudia Sheinbaum no necesariamente estaría dispuesta a aceptar: entregar Chihuahua al grupo de Adán Augusto López Hernández.
Ahí está uno de los giros más interesantes de esta sucesión. Andrea construyó una enorme presencia en el centro del país. El acto del 21 de marzo en el Monumento a Juárez fue una demostración de músculo: diputados, senadores y figuras nacionales acudieron a respaldarla. Pero hay una pequeña trampa en ese despliegue: la mayoría de ellos no votan en Chihuahua. Pueden hacer ruido, pueden presionar, pueden mostrar músculo nacional, pero no tienen credencial electoral en el estado. En cambio, los diputados y cuadros locales que se han abierto con Cruz sí tienen territorio y sí votan en Chihuahua.
Esa diferencia puede resultar decisiva. La política nacional puede fabricar una candidatura; la elección estatal la tiene que ganar el candidato en Chihuahua. Y si Palacio Nacional llegó a la conclusión de que fortalecer a Andrea significaba, al mismo tiempo, fortalecer a Adán Augusto y a su corriente, entonces el problema de Andrea no estaría en su popularidad, sino en la negociación interna de Morena. El propio Adán Augusto contribuyó a esa percepción cuando se adelantó a decir que Andrea sería la próxima gobernadora de Chihuahua. Lo que parecía una muestra de respaldo terminó haciendo demasiado visible quién estaba detrás de la apuesta.
Y Claudia Sheinbaum no necesariamente tiene por qué querer que Adán Augusto gane sus batallas. Mucho menos una gubernatura. El problema para Andrea, bajo esta lectura, no sería ser débil, sino estar demasiado identificada con una corriente nacional que la presidenta no tiene necesidad de fortalecer.
Ariadna juega a lo seguro
Aquí es donde la operación de Ariadna Montiel adquiere sentido. La hipótesis que comienza a tomar forma es que Montiel está jugando a lo seguro: asegurar Ciudad Juárez, asegurar diputaciones federales y conservar el mayor número posible de posiciones para su grupo. Si la gubernatura también se gana, perfecto. Pero lo seguro es Juárez.
Y ahí aparece Mayra Chávez.
La operación sería políticamente muy lógica: Cruz para la gubernatura y Mayra para la presidencia municipal de Juárez. El grupo de Ariadna conserva su bastión, obtiene posiciones legislativas y no necesita librar una guerra interna a muerte por la gubernatura. En política, eso se llama negociar desde una posición de fuerza. No se necesita ganar todo para ganar mucho.
Además, hay un dato que modifica completamente la lectura de la estructura interna de Morena. Los 70 consejeros estatales que se mencionan como fuerza dominante no son de Andrea: son del bloque Cruz-Ariadna. Andrea tendría alrededor de 20. Es decir, si se llega a una medición interna de fuerzas, el punto de partida de Cruz no es el de un candidato aislado que tiene que conquistar al partido desde cero. Tiene detrás una estructura mayoritaria.
Y los otros veinte saben perfectamente cómo funciona la política mexicana. Saben lo que significa la cargada. Si la señal de que Cruz será el candidato se vuelve suficientemente fuerte, no sería extraño que algunos comiencen a cambiar de posición. La cargada no necesita que nadie la convoque. Basta con que los políticos perciban quién viene adelante. Primero llegan los prudentes, después los oportunistas y finalmente los convencidos de toda la vida.
La rata hace ruido, pero no necesariamente rompe Morena
Por eso la oposición interna que se observa dentro de Morena puede ser mucho más escandalosa que peligrosa. La rata parada sobre sus patas traseras puede ser un símbolo ingenioso, ruidoso y eficaz para las redes sociales, pero no necesariamente representa una fractura electoral. Puede haber imaginación, insultos, memes, videos y protestas; puede existir una guerra interna intensa; pero eso no significa que Morena vaya a llegar con fractura irreversible a 2027.
La pregunta verdaderamente importante no es cuántos seguidores tiene una corriente en redes sociales. Es cuántos votos puede aportar en Chihuahua. Y ahí el grupo de Cruz-Ariadna parece tener una ventaja territorial que no necesariamente tiene el grupo nacional de Andrea.
Por eso la eventual salida de Andrea tendría que medirse no por el ruido que genere, sino por el número de cuadros que pueda llevarse consigo. Si la mayoría de los consejeros, las estructuras locales y los grupos territoriales permanecen dentro de la operación de Cruz, la fractura puede terminar siendo solamente una pelea interna que Morena resuelve antes de llegar a las urnas.
Bonilla no necesita a los panistas de Juárez
Pero aquí está el giro que puede cambiarlo todo: a Cruz no lo puede derrotar Andrea Chávez. Lo puede derrotar Marco Antonio Bonilla Mendoza.
Y tampoco necesariamente serán los panistas de Ciudad Juárez los que ayuden a Bonilla a ganar. Esos panistas son pocos y están mal armados para una elección estatal. El verdadero ejército electoral de Bonilla puede estar, paradójicamente, en las calles descuidadas de Ciudad Juárez.
Ese es el problema que Morena parece no querer mirar de frente.
Bonilla puede llegar a 2027 con una colección de obras que el ciudadano de Chihuahua capital puede ver y utilizar. El puente del aeropuerto ya está en operación y los otros distribuidores viales avanzan hacia su conclusión; el de Nogales e Industrias, por ejemplo, registraba más de 90 por ciento de avance a finales de julio y se prevé su inauguración en agosto. Son obras que se ven, que modifican la circulación y que pueden convertirse en propaganda electoral por sí mismas.
Cruz tendrá que responder con la ciudad que deja.
Y ahí la comparación puede ser brutal.
Una ciudad de carreras pedestres
Porque el problema de Juárez no es que no haya actividad municipal. Hay mucha. El problema es qué clase de actividad se está realizando y qué tanto transforma la ciudad.
Durante años, el gobierno municipal ha parecido encontrar una fórmula cómoda: carreras pedestres, eventos, entregas, ceremonias, mochilas, inauguraciones y anuncios. Cuarenta carreras al año, aproximadamente, producen una fotografía cada semana. Pero una carrera no arregla una calle. Una mochila no resuelve la movilidad. Una inauguración no sustituye una política permanente de infraestructura.
Mientras tanto, las calles de Ciudad Juárez están llenas de baches y son difíciles de transitar. El Centro Histórico se deteriora y una parte importante de la ciudad sigue esperando obras básicas. Ahí está la paradoja: un gobierno puede presumir cientos o miles de millones de pesos en inversión y, al mismo tiempo, permitir que el ciudadano tenga la sensación de que su calle sigue abandonada.
Ese puede ser el verdadero discurso de Bonilla. No necesitará decir que los panistas de Juárez son mejores. Bastará con preguntar: ¿estás mejor hoy que hace cinco años?
Los 3 mil 500 millones y la entrevista de Maru
Y aquí aparece otro detalle que no debe perderse: los 3 mil 500 millones de pesos de obra enterrada, drenaje, agua, en aproximadamente 300 colonias de Ciudad Juárez no los presumió Cruz. Los presumió Maru Campos en la entrevista que le realizó Lourdes Mendoza en el programa La Otra Verdad. Y eso cambia la lectura política.
Porque la gobernadora está ayudando a construir el argumento de que el Gobierno del Estado sí está haciendo obra en Juárez. Y lo está haciendo precisamente cuando Morena intenta demostrar que su gobierno municipal es el que transforma la ciudad. La cifra de 3 mil 500 millones puede ser un argumento de defensa para el PAN, pero también puede convertirse en una pregunta incómoda para Cruz: si el Estado ha invertido esa cantidad en las colonias, ¿qué hizo el municipio durante cinco años?
Y todavía queda la pequeña picardía de la entrevista. Lourdes Mendoza entrevistando a Maru Campos en Palacio estatal y la gobernadora mirando constantemente a la cámara, más que a su entrevistadora, como si el destinatario real del mensaje estuviera del otro lado del lente. La pregunta interesante es quién pidió la entrevista. Si fue Lourdes, es una entrevista periodística. Si fue Maru, es una operación de comunicación política. Parece lo mismo, pero no lo es en absoluto.
Y si se considera que Maru está construyendo desde ahora una posibilidad presidencial para 2030, el asunto adquiere todavía mayor importancia.
Maru no puede perder Chihuahua
Maru Campos necesita que el PAN gane en 2027. No solamente por Chihuahua. Por ella.
Si su proyecto presidencial de 2030 es real, una derrota del PAN en el estado que gobierna tendría un costo político enorme. La lectura sería inmediata: el electorado rechazó la continuidad panista. Y si Marco Bonilla pierde la gubernatura frente a Morena, la derrota inevitablemente tocaría a la gobernadora.
Por eso Bonilla no es un candidato que pueda ser evaluado únicamente por sus panistas. Tiene detrás el aparato de gobierno estatal, una obra pública visible y una gobernadora que necesita que su partido conserve Chihuahua. El puente del aeropuerto y los otros dos distribuidores que están por terminarse pueden ser mucho más importantes electoralmente que cien discursos partidistas. El elector entiende una obra que utiliza todos los días.
Cruz tendrá que competir contra eso.
Y tendrá que hacerlo cargando con la paradoja de cinco años de gobierno: mucho evento, mucha fotografía, muchas carreras, muchas inauguraciones, pero calles que siguen esperando.
La candidatura parece estar ya
Por eso la tesis no es que Cruz Pérez Cuéllar ya tenga formalmente la candidatura. La tesis es más política: se está comportando como si ya la tuviera.
Rubí Enríquez cierra definitivamente el ciclo municipal y parece preparar el siguiente; Cruz deja la alcaldía y recorre Chihuahua; los medios afines a la 4T comienzan a abrirle espacios; su exposición crece mientras la de Andrea parece disminuir; los 70 consejeros están del lado del bloque Cruz-Ariadna frente a los aproximadamente 20 de Andrea; Ariadna tiene incentivos para asegurar Juárez con Mayra Chávez; los apoyos nacionales de Andrea tienen la debilidad de que muchos de quienes la respaldan no votan en Chihuahua; y, mientras tanto, Cruz se comporta con una seguridad que parece corresponder a alguien que ya recibió suficientes señales para saber hacia dónde va la decisión.
Pero hay una última ironía.
Si Cruz efectivamente trae la candidatura en la bolsa, todavía puede perder la gubernatura.
Y no necesariamente porque Andrea se rebele, ni porque veinte consejeros se conviertan en veinte mil votos, ni porque los panistas de Juárez hagan una gran campaña.
Puede perderla por algo mucho más sencillo y mucho más peligroso: por las calles de Ciudad Juárez.
Porque Bonilla no necesita conquistar al morenista convencido. Necesita convencer al ciudadano que ya está cansado de esquivar baches, al que no ve obra suficiente frente a su casa, al que encuentra un Centro Histórico deteriorado y al que comienza a comparar una administración municipal que organiza carreras con otra que inaugura puentes.
Ahí está la verdadera elección de 2027.
Cruz puede tener la candidatura.
Ariadna puede tener la operación.
Mayra puede tener Juárez.
Los 70 consejeros pueden estar alineados.
Andrea puede quedarse con el ruido.
Pero si Bonilla logra convertir los baches de Juárez en votos, entonces la candidatura que hoy parece estar en la bolsa podría convertirse en la candidatura que nunca llegó a Palacio de Gobierno.
Y esa es precisamente la diferencia entre tener la candidatura y tener la gubernatura.



