Pekín, China. – Mientras Estados Unidos intensifica su confrontación militar con Irán, China está convirtiendo la crisis en una oportunidad estratégica. Lejos de debilitarse, Pekín ha logrado mitigar los impactos negativos y fortalecer su influencia económica y política a nivel global.
Aunque el bloqueo del estrecho de Ormuz interrumpió el flujo de alrededor de 5.5 millones de barriles diarios de petróleo que recibía China, el país asiático estaba mejor preparado de lo esperado. Gracias a sus reservas estratégicas superiores a los 500 millones de barriles y a una diversificación acelerada de proveedores, especialmente desde Rusia, el golpe no resultó crítico. Según el director del Instituto de Países Asiáticos y Africanos de la Universidad Estatal de Moscú, Alexéi Máslov, Pekín evitó recurrir a sus reservas estratégicas y, en cambio, intensificó el uso temporal de fuentes de energía alternativas como la hidráulica y la solar.
La crisis también abrió una ventana de oportunidad en el mercado de fertilizantes. Con el estrecho de Ormuz representando cerca del 30 % de las exportaciones mundiales de estos productos, China —segundo mayor exportador global— se posicionó rápidamente como proveedor alternativo para países del Sudeste Asiático y otras regiones afectadas por la interrupción de suministros de urea y amoníaco procedentes del Golfo.
En el plano diplomático, China ha proyectado una imagen de potencia pacifista. Junto a Pakistán, presentó un plan de cinco puntos para promover la paz en Oriente Medio, que incluye el cese de hostilidades, el inicio de negociaciones y la garantía de seguridad para instalaciones no militares y rutas marítimas. Aunque las propuestas tienen pocas probabilidades de ser aceptadas, Pekín refuerza así su narrativa de defensa de soluciones pacíficas.
En medio de la inestabilidad generada por los conflictos en Oriente Medio y Europa, China se presenta cada vez más como un “oasis de estabilidad”. Durante el reciente Foro de Desarrollo de China, el primer ministro Li Qiang reunió a más de 70 directores ejecutivos internacionales para destacar la fiabilidad de sus cadenas de suministro. Expertos señalan que esta percepción de estabilidad está atrayendo negocios, turismo e inversiones que antes podrían haber optado por otros destinos.
Además, la prolongación del conflicto ha alterado las dinámicas previas a las negociaciones entre Washington y Pekín. El presidente Donald Trump canceló su viaje previsto a China a finales de marzo. Analistas consideran que ahora Pekín cuenta con mayor margen de maniobra, especialmente porque Estados Unidos depende de las tierras raras chinas para fabricar misiles, aviones de combate y otras armas esenciales en su esfuerzo bélico, con reservas limitadas a solo dos meses.
“Trump esperaba llegar a la mesa de negociaciones como vencedor, habiendo cortado a China de suministros clave de petróleo. Esa situación no se ha materializado”, señaló Máslov.
De esta forma, lo que inicialmente se planteó como un golpe contra las posiciones chinas en la región está teniendo el efecto contrario: Pekín sale discretamente fortalecida de una guerra que, hasta ahora, no ha logrado debilitar su resiliencia ni su creciente influencia global.