Ciudad Juárez, Chihuahua.– La calidad del aire en Ciudad Juárez ha alcanzado niveles alarmantes en los últimos meses, con concentraciones de partículas contaminantes que superan ampliamente los límites establecidos por la Organización Mundial de la Salud (OMS) y las normas mexicanas. Durante diciembre de 2025, el monitoreo registró excedencias diarias de partículas de polvo, lo que ha generado un aumento en enfermedades respiratorias, irritación ocular y alergias entre la población.
El doctor Adrián Vázquez, coordinador del Centro de Ciencias Atmosféricas y Tecnologías Verdes (CECATEV) de la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez (UACJ), explica que la ciudad cuenta con cinco estaciones de monitoreo que registran contaminantes como ozono, monóxido de carbono, dióxido de azufre, óxidos de nitrógeno y, principalmente, partículas PM10 y PM2.5. Estas últimas son las más preocupantes: las PM10, de polvo grueso originado en tráfico vehicular, calles sin pavimentar y tolvaneras, han alcanzado hasta 400 microgramos por metro cúbico, cuando el límite seguro es de 70 µg/m³ según la Norma Oficial Mexicana 025. En promedio, se superan los 235 µg/m³, clasificado como “extremadamente malo”, según declaro a YoCiudadano.
Las PM2.5, más finas y peligrosas, provienen de emisiones vehiculares, hollín y procesos industriales; superan los 15 µg/m³ recomendados por la OMS, penetrando hasta los alvéolos pulmonares y el torrente sanguíneo, lo que eleva el riesgo de afecciones respiratorias y cardiovasculares.
Un fenómeno agravante es la “nata” de contaminación matutina, típica del invierno: la inversión térmica atrapa partículas y gases en las capas bajas de la atmósfera, impidiendo su dispersión sin sol o viento. “Es muy peligrosa para personas con debilidad pulmonar”, advierte Vázquez.Colectivos ambientalistas, como Sierra de Juárez, señalan a industrias como fábricas de asfalto (incluida Grupo Koraachi), ladrilleras y Grupo Cementos de Chihuahua (GCC) como principales fuentes. La estación en Barranco Azul, cerca de la planta de GCC, registra los niveles más altos de PM10 y PM2.5 casi todo el año, especialmente en días tranquilos. Aunque Vázquez reconoce una posible contribución de la cementera, atribuye la mayor parte al tráfico vehicular y falta de pavimentación, pero urge más investigación.
Habitantes como Diana Chaparro, de la colonia Barrio Nuevo, reportan alergias y problemas respiratorios intensificados por operaciones nocturnas de plantas cercanas y la destrucción de la Sierra de Juárez.
Ante la crisis, el experto descarta por ahora una contingencia ambiental por falta de protocolo, pronósticos e infraestructura. Propone priorizar pavimentación, transporte público eficiente, verificación vehicular estricta y coordinación entre gobiernos. El Colectivo Sierra de Juárez exige monitoreo integral de todas las fuentes industriales y no solo culpar a vehículos particulares.
La salud de más de un millón y medio de juarenses está en juego mientras persiste esta contaminación que, sin medidas urgentes, seguirá agravándose en la frontera.
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